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jueves, 8 de septiembre de 2011

Achtung Baby, la metamorfosis del hombre mosca


Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que a finales de octubre se reedita Achtung Baby con toda la parafernalia habitual (una de las ediciones tiene entre otras cosas 6 CD, 4 DVD, el vinilo y 7 singles) es un buen momento para recordar la primera y más interesante de las metamorfosis que han sufrido U2 a lo largo de las dos últimas décadas. Tras el exitoso The Joshua Tree y el fallido Rattle and Hum, los irlandeses se habían convertido en una de las bandas más famosas del mundo y las expectativas que despertaba cualquier cosa que hiciesen en millones de fans eran enormes. Después de más de una década de actividad, tanto dentro del grupo y su entorno como entre la prensa especializada, existía el convencimiento de que habían empezado a repetirse y necesitaban reinventarse para no quedarse estancados.

La orientación y el giro musical que querían dar en ese nuevo trabajo generó al principio mucha tensión entre los miembros de la banda ya que, mientras unos se decantaban por el continuismo otros optaban por la investigación y el riesgo. La primera decisión que tomaron fue desaparecer y buscar un lugar en el que poder estar tranquilos para concentrarse exclusivamente en el disco. Brian Eno (que junto a Daniel Lanois se encargó de la producción) propuso los estudios de Berlín en los que había grabado junto a David Bowie parte de su famosa trilogía (Low, Heroes y Lodger) y, dado que la capital alemana se encontraba en plena ebullición cultural tras la reunificación y con la intención de empaparse de todo eso, aceptaron encantados sin dudarlo un momento.

En el invierno de 1990 entraron en los estudios Hansa Ton para crear los nuevos temas improvisando en torno a una idea básica que proponía uno de ellos. No tenían nada preparado y a través de jam sessions, tocando juntos, fueron naciendo poco a poco las canciones. Todas las sesiones se grababan y las que resultaban más interesantes se editaban y guardaban en unas “cintas de trabajo” en formato DAT (Digital Audio Tape). Estas cintas permitían a Lanois, Eno y la banda tener un resumen de los posibles temas del nuevo álbum y mostrarlas a gente de su confianza para escuchar sus críticas y sugerencias. Estas sesiones se prolongaron hasta marzo de 1991 que se trasladaron a Dublín para, en los estudios Dog Town, STS y fundamentalmente Windmill Lane, acabar de dar forma al material que traían de Berlín y concluir la grabación del disco.

En de abril de 1991 se anunció que algunas de estas casetes habían sido robadas de la habitación de hotel en la que Bono se alojaba. Inmediatamente Island Records se movió con la intención de recuperar las grabaciones y amenazó con que cualquier intento de publicación sería perseguido judicialmente, aunque todos sus intentos fueron inútiles. En mayo ya estaba en la calle el primer bootleg con esas sesiones y, dada la demanda y el interés por el material que contenía, varios más vieron la luz antes de que, en octubre, Achtung Baby apareciese por fin en las tiendas. De todos los aparecidos el mejor y más completo es un triple CD llamado Salomé que, como curiosidad, contiene las sesiones de grabación de las guitarras de ese tema (apareció como cara B del single Even Better Than the Real Thing). En ellas se pueden oír como, sobre una toma base, se van añadiendo guitarras acústicas, distorsiones, toda clase de ecos… de modo que la canción poco a poco se va enriqueciendo hasta llegar al resultado final que todos conocemos.

Paul McGuinnes (manager del grupo) dijo que los “piratas” estaban engañando a los fans al presentarles un material de inferior calidad al producto final, y si bien para los más puristas puede ser que tuviera razón, yo creo que un valor añadido del disco oficial está, precisamente, en la existencia de estas grabaciones. Es cierto que la música no está tan pulida como en la versión definitiva del álbum, pero el material es fascinante y, además de la gran calidad de sonido, tiene decenas de canciones inéditas, grabaciones alternativas y jam-sessions. Escucharlo es como meterse de lleno en su local de ensayo y ser testigo mudo de la gestación desde la nada una obra de arte.

Personalmente (aunque reconozco que tienen algunas buenas canciones) nunca me ha interesado demasiado lo que han hecho, pero durante esa época devoré de forma compulsiva todo el material de esas sesiones que caía en mis manos. Bono y sus chicos volvieron a intentar repetir la jugada varias veces desde entonces, pero los resultados no volvieron a ser los mismos. Nos quedan al menos esos discos piratas y el puñado de nuevas (o viejas) grabaciones que verán la luz en octubre para seguir buceando en los intestinos de uno de los grandes trabajos de la historia del rock...

Texto publicado en la revista Culturamas

sábado, 24 de enero de 2009

El Duque Blanco vuelve a Berlín

Han sido necesarios más de 30 años para que David Bowie regresase a Berlín para grabar un disco. La informacion aparece en su web a través de un escueto comunicado del artista en el que dice “¡Saludos desde un Berlín nevado! Estoy trabajando con nuevo material”, por lo que poco más es lo que se puede contar, ya que ni se ha filtrado el nombre del productor, ni los músicos que le acompañan, ni la clase de material que está grabando.

La noticia es doble. Por un lado, si se confirma que hay nuevo disco, será el primero desde que en 2003 publicase “Reality” y tuviese que cancelar la gira de presentación a causa de problemas cardiacos (yo fui una de las victimas ya que tenia entradas para verle en Santiago de Compostela, donde era cabeza de cartel en un concierto del Xacobeo, y le tuvieron que sustituir), por otro volverá a grabar en Berlín donde creó las que probablemente sean sus tres últimas obras maestras.

A pesar de haber grabado el fantástico “Station to station” y de su consolidación en Estados Unidos gracias al éxito del single “Golden years”, 1976 no fue un buen año para Bowie. A la ruptura de su matrimonio con Angie había que añadir su fuerte adicción a la cocaína que estaban llevándole a una perdida de conexión con la realidad. Cuenta la leyenda al llegar a la Estación Victoria de Londres recibió desde el tren a los fans que le esperaban con el saluda nazi mientras gritaba que su país necesitaba un “nuevo dictador fascista”. La polémica que se generó fue tan grande que decidió abandonar las drogas y refugiarse en Berlín junto a su amigo Iggy Pop para trabajar juntos.

Los resultado de ese 1977 son simplemente espectaculares. En lo creativo parió “Low” y “Heroes” con la colaboración de Brian Eno cuya aportación, aunque no aparece como productor, se me antoja imprescindible para el nuevo giro en la carrera del Camaleón. Con frecuencia se le ha acusado de ser un hábil ejecutor de ideas ajenas, una especie de parásito que sabe ver hacia donde se dirigen las tendencias para así incorporar y hacer propios (aportándoles su genialidad) los postulados de las mismas. En Alemania descubre a Kraftwerk con lo decide experimentar con la música electrónica y el pop de vanguardia, logrando un resultado que dejó estupefactos a sus fans (sobre todo por los instrumentales de Eno) y fascinada a la prensa especializada.

Además, entre ambos discos, ayudo a relanzar la carrera de Iggy produciendo y co-escribiendo casi todos los temas de “The idiot” y “Lust for life” y acompañándole de gira como teclista. Hay que decir que la situación personal del de Detroit no era mucho mejor así que mientras comparten piso se desintoxican aunque a su vez se sumergen en la sórdida vida nocturna berlinesa de la que sacan inspiración sin recaer en sus adicciones. Ambos lograron sus objetivos, se recuperaron de sus problemas y produjeron dos álbumes cada uno que acabarían pasando a la historia como una de las colaboraciones más fructíferas que hayan existido entra dos artistas con proyectos separados.

La “trilogía de Berlín” se cerró en 1979 con “Lodger”, un disco en el que desaparece la aportación instrumental de Eno para adentrarse en las nuevas corrientes más pop que se vislumbraban para los 80. La trilogía, con ese sonido opaco y experimental, seria determinante en algunos de los nuevos movimientos musicales que se estaban generando en esos momentos como el rock gótico, la new wave, el post punk o el new romantic.

Bowie seguiría reinventándose a lo largo de años demostrando que el paso del tiempo no afecta a su talento ni a su capacidad para innovar, aunque en mi opinión no volvería a firmar una obra realmente redonda de esas que aparecen en las antologías de mejores de la historia del rock. Ahora ha vuelto a Berlín y espero y deseo que sea para, por fin tres décadas después, volver a entregarnos una obra maestra.