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viernes, 4 de noviembre de 2011

091, un destino sin cartas en la manga


Existen en la historia de la música de nuestro país pocas (¿ninguna?) formaciones que, con tanto material de calidad entre las manos, haya tenido peor suerte que 091. Como premio de consolación les queda haberse convertido en una banda de culto, idolatrada aún por los que la conocen aunque, por desgracia, absolutamente olvidados por casi todos los demás. Su origen hay que buscarlo en Granada a principios de los años 80 en las escisiones de dos bandas locales, TNT (de la que llegaron José Antonio García y Tacho González) y Al-Dher (José Ignacio Lapido) a los que se une Antonio Arias para completar un cuarteto que empieza a mezclar casi de inmediato el blues con el rock clásico de los 60 aderezado con unos toques punk.

Su debut discográfico se produjo en 1983 con un fantástico single (Fuego en la oficina / Llamadas anónimas) en el que desprendían toda su energía punk pero cuidando los arreglos y el acabado de las canciones. Todo esto no se vio refrendado un año después con un segundo single no tan contundente y su primer LP (Cementerio de automóviles) que, vistos los resultados, tal vez les llegó demasiado pronto. A pesar de tener algunos temas interesantes fracasa por una producción que acaba aniquilando la intensidad del álbum y no refleja (como le pasó a muchísimos grupos de la época) su sonido en directo. Un nuevo single les abre las puertas de una compañía mayor (pasan de DRO, que estaba empezando, a Zafiro) lo que unido a la relación de amistad que entablan con Joe Strummer de The Clash (que se ofrece a producir su siguiente trabajo) hace que piensen que por fin la suerte se va a aliar con ellos.

Más de cien lobos (1986) es para muchos su mejor disco y, aunque yo no acabo de tenerlo tan claro, es cierto que la colección de canciones que contiene es casi insuperable y no tiene desperdicio alguno. A Strummer lo habían conocido en Granada y consiguió definir el estilo del grupo introduciendo arreglos sencillos en una producción que se ajustaba mucho más al rotundo sonido del grupo en directo, lejos de ese toque gotiquillo que arruinó su debut. Era el disco y el momento para dar el gran salto, ya además que sus conciertos empezaban a ser rompedores y los que los conocían caían rendidos a sus pies. Pero la compañía, con su inexplicable política de dejar que otros hagan su trabajo, no mueve un dedo por ellos y sin promoción no consiguen traspasar la frontera del reducido círculo de seguidores que ya tenían. Evidentemente no pasa nada y, aunque es su trabajo más vendido con 15000 copias, Zafiro los da por perdidos.

A pesar de todo no se rinden y responden dos años después con Debajo de las piedras (1988), de nuevo con grandes canciones pero esta vez con una producción más blandita. De ahí extraen el single La torre de la vela que, de haber sonado en las radios comerciales, se habría convertido en un éxito seguro, pero la fortuna les sigue siendo esquiva y el milagro del boca a boca no se produce. Sus letras cada vez son más maduras y profundas lo que empieza a situarlos como un grupo de rock adulto siendo cada vez más apreciados por la crítica y un público musicalmente exigente que no busca hits pegadizos de consumo rápido.

Las relaciones con su discográfica se complican tras negarles la carta de libertad y no comprometerse a trabajar un poco en la promoción, así que vuelven a estar solos ante un destino que ven cada vez más negro. Toda esta situación se refleja en sus nuevos temas (Doce canciones sin piedad de 1989) en los que abandonan la luminosidad y vitalismo de anteriores entregas para volverse más oscuros y pesimistas. No afecta a su calidad, ya que vuelve a situarse muy por encima de lo que se estaba publicando en España en ese momento, pero su hartazgo empieza a ser una realidad que se percibe claramente en las pocas entrevistas que realizan. Suenan más duros, pero la poesía de Lapido empieza a adquirir unos tintes dylanianos que, con el tiempo, llevaría a que se los valorase más por sus letras que por su música.

Existe una grabación de Radio-3 perteneciente a esa gira en la que se puede comprobar lo contundentes que eran sus directos y que, como mínimo, sonaban igual de bien que Loquillo y Trogloditas, para muchos la mejor banda de rock and roll de los 80. La voz de José Antonio García ya suena con ese toque tan reconocible y personal, mientras que Tacho González (batería) y Antonio Arias (bajo) forman una base rítmica perfectamente conjuntada. Demuestran que tienen todo para abandonar el malditismo pero parecen condenados a el. Al final de esa gira Arias los abandona para formar Lagartija Nick por lo que su siguiente disco, El baile de la desesperación (1991), acabará siendo registrado como trío. El título del álbum y de algunos de sus temas son reflejo de la frustración en la que se encuentran sumidos y, aunque en lo musical no les pasa factura, en lo personal cada vez les afecta más.

Tras concluir su contrato con Zafiro, que en esta ocasión pasa de ellos con razón (sabían que iban a irse con otra discográfica), llegan a Polydor que busca un grupo con el que repetir el pelotazo de La Frontera. En 1993 publican Tormentas imaginarias pero los problemas de falta de promoción vuelven a repetirse y las buenas críticas que siguen recibiendo no son suficientes para cubrir sus expectativas (ni las de la discográfica) por lo que deciden intentarlo por última vez con una independiente granadina llamada Big Bang. Con Todo lo que vendrá después (1995) sucede como en el anterior, hay buenas canciones pero se nota que ya van con el piloto automático puesto repitiendo una y otra vez viejas fórmulas.

Se habían cansado de llamar a todas las puertas imaginables y sus cabezas estaban demasiado agotadas para tratar de dar un nuevo salto mortal. La única salida posible era separarse y tratar de buscar cada uno por su cuenta un nuevo camino. La noticia se hizo oficial cuando el 9 de enero de 1996 el diario Ideal de Granada en su sección de cultura titulaba a grandes caracteres: “091 se disolverán tras la gira de invierno”. Atravesaron España por ultima vez durante los meses de febrero, marzo y mayo de ese año visitando Jaén, Córdoba, Jerez, Úbeda (Jaén), Murcia, Albacete, Castellón, Valencia, Barcelona, Lérida, Madrid, Zaragoza, Valladolid (donde un servidor pudo entrevistarlos), León, Santiago y Macarena (Granada), donde bajaron definitivamente el telón tras dos apoteósicos conciertos el 17 y 18 de mayo.

Esas actuaciones fueron registradas y publicadas unos meses después bajo el título de Último concierto y son, además del broche perfecto para su carrera, un testimonio muy preciso de lo que fueron sus directos a lo largo de los más de 15 años que estuvieron juntos. Hoy por hoy esta es la única de sus grabaciones que puede encontrarse sin ningún problema (en la web de José Ignacio Lapido gracias a que fue reeditada con un DVD con motivo del décimo aniversario, pero el resto de su obra lleva años descatalogada. Con mucha suerte se puede encontrar alguno de sus viejos vinilos en alguna tienda de segunda mano (sólo se editaron en CD los tres últimos, un par de recopilatorios un poco cutres y el primero con un par de singles de bonus), pero el afortunado que lo haga deberá prepararse para rascarse los bolsillos porque, a causa de las poquísimas copias que circulan por ahí, su cotización es bastante alta. Por desgracia esta invisibilidad no ha ayudado demasiado a que salgan del baúl de los recuerdos, aunque al menos ha conseguido que lenta pero firmemente su leyenda haya seguido creciendo hasta nuestros días…

Texto publicado en la revista Culturamas

domingo, 20 de septiembre de 2009

Rarezas (The 101ers)

El de hoy es un bootleg que tal vez no lo sea, pero hacia tiempo que venia queriendo hablar de ese movimiento que se ha venido en llamar “pub-rock” así que haremos un poco la vista gorda y nos centraremos en la historia de los 101’ers y en como un chaval nacido en Ankara (Turquía) bajo el nombre de John Graham Mellor se acaba convirtiendo en el líder de la banda más grande del punk y en el padre de uno de los diez mejores discos de la historia del rock... Evidentemente hablamos de Joe Strummer, de The Clash y del maravilloso “London calling”… Pero ese es un cuento mucho más conocido que hoy no recordaré…

El disco que hoy comento y recomiendo fue publicado originalmente en 1981 por una discográfica llamaba “Andalucia Records” creada por Strummer y Richard Dudanski ex profeso para ello (una segunda versión ampliada por la viuda de Strummer y en la que el artista había estado trabajando antes de su muerte aparecería en 2005 y es la que se corresponde a los datos que al final de la entrada reproduzco) con las maquetas y algunas rarezas y directos de la banda, por lo que a pesar de aparecer de forma oficial (aunque ahora sea inencontrable), el contenido es el propio de un pirata que lo que le convierte en un documento único para entender ese momento en el que el punk empieza a gestarse mientras los grupos de rock se refugian para sobrevivir en los circuitos de bares con gran peso en el Reino Unido de mediados de los 70.

El hecho de ser hijo de un diplomático y de haber pasado su infancia viajando por distintos países, unido a que con 10 años fue recluido junto a su hermano en el “City of London Freemen's School” favoreció que su temprano interés por la música se viese enriquecido por el conocimiento de artistas muy variados tanto en lo estilístico como en lo conceptual, asunto este que a posteriori repercutió directamente en su obra (solo hace falta escuchar a The Clash y a los Sex Pistols para darse cuenta de que unos tenían una formación, criterio y buen gusto musical y los otros eran unos simples aporreadores de instrumentos). Tras formar varias bandas en su fugaz paso por la “Newport College of Art”, en 1974 decidió volver a Londres con la sana intención de buscarse la vida.

A su llegada a la capital se instaló como okupa en el 101 de Walterton Road y junto a unos compañeros de piso enseguida formo los 101 All Stars que acabaría derivando con el paso de los meses y los miembros (aquello fue un entrar y salir permanente de gente) en The 101ers. Desde el primer momento empezaron a ensayar como locos y enseguida lograron a preparar un repertorio propio en el que mezclaban temas propios como versiones de clásicos de rhythm’n’blues , y en poco tiempo (el 7 de septiembre) estaban sobre el escenario del “Telegraph”, un pub del barrio de Brixton en Londres.

A lo largo de lo que quedaba de ese año y a lo largo del siguiente se fueron curtiendo en el circuito de pubs actuando sin cesar, a veces como residentes de alguno de ellos (por ejemplo el “Charllie Pig Dog Club” donde hasta abril tocaban todos los jueves) y otras encadenando shows tanto en la capital como en otras capitales del Reino Unido, en las que además de tablas empezaron a adquirir una buena reputación como grupo de directo lo que empezó a abrirles las puertas de locales cada vez más grandes y prestigiosos. Antes de que acabase el año (el 28 de noviembre) entraron en los “Jackson's Studios” de Rickmansworth (cerca de Londres) donde con producción de Vic Maile registraron una maqueta con 6 temas aunque en esos momentos la mayor aspiración de Strummer pasaba exclusivamente por tocar lo más posible y disfrutar sobre un escenario.

A finales de febrero de 1976 y principios de marzo dan el salto para tocar 4 fechas en la vieja Europa (tres en Holanda y una en Bélgica), y nada más volver entran de nuevo en unos estudios de grabación (los “Pathway Studios” en Stoke Newington bajo la producción de Roger Armstrong) y allí registran los tres temas uno de los cuales “Keys to your heart” fue su tarjeta de presentación discográfica y que Strummer dedicó a su novia Palmolive (nacida en Málaga como Paloma Romero se instalo en Londres con 18 años y posteriormente fue batería de la banda de punk femenina The Slits).

Siguieron actuando, y el 3 de abril coincidieron el “Nashville” con una banda llamada Sex Pistols, y ahí fue cuando empezó a interesarse por el nuevo movimiento musical que empezaba a recorrer Londres. Empezó a tener la sensación de que la razón por la que estaban llegando a ningún sitio era por que no estaban haciendo nada interesante, y que tal vez en esos sonidos era donde había que bucear. A los pocos días consiguieron un contrato con una pequeña discográfica y volvieron a los “Pathway Studios” para grabar un single con “Keys to your heart” y “Five star rock and roll petrol” en lo que a la postre seria su único disco oficial.

El momento clave para el devenir de la historia de la música se produciría el 12 de mayo de 1976 cuando (según cuenta la leyenda) en un concierto que daban en el “Red Cow” se le acercaron el manager Bernie Rhodes y el guitarrista Mick Jones para decirle "Tu eres bueno, pero tu grupo es una mierda" y ofrecerle incorporarse como cantante a la banda que Mick tenia con Paul Simonon y Terry Chimes (sustituido luego por Topper Headon). La respuesta no se hizo esperar mucho, ya que Strummer pensaba que “los 101’ers tenían que caerse en pedazos ya que la mayoría de la banda estaba en contra de los punks y yo no...”. Ni la salida al mercado del single el 31 de ese mes pudo evitar lo inevitable, y el 5 de junio en el “Clare Hall” de Sussex, The 101ers se despedian para siempre.

Su marcha del grupo la anuncio un día después afirmando que rompía con el R’n’B para dedicarse al punk político, y menos de un mes después (4 de julio) su nuevo grupo renombrado a The Clash (hasta ese momento se los conocía como London SS) se presentaba como telonero de los Sex Pistols en el “The Black Swan” de Sheffield donde interpretaron los temas “Janie Jones”, “London's burning” y “1977”. La crítica de la revista NME fue muy dura y con el tiempo se hizo famosa por la poca visión del periodista ya que vino a decir algo así como: “The Clash es la típica banda de “garaje” que debería rápidamente regresar a su cochera, preferiblemente con la puerta cerrada y el motor encendido”

Evidentemente se equivocó ya que ese día la historia en mayúsculas, esa que se estudia en los libros, cambio para siempre...

Título del bootleg: Elgin avenue breakdown
Lugar, fecha y listado de canciones:
Jackson's Studios, Rickmansworth, 28 – Noviembre – 1975
01 - Letsagetabitarockin
02 - Silent telephone
Pathway Studios, Stoke Newington, 4 y 10 – Marzo – 1976
03 - Keys to your heart (ver.1)
Pathway Studios, Stoke Newington, 10 – Marzo – 1976
04 - Rabies (from the dogs of love)
Pathway Studios, Stoke Newington, 4 y 10 – Marzo – 1976
05 - Sweet revenge
Jackson's Studios, Rickmansworth, 28 – Noviembre – 1975
06 - Motor boys motor
07. Steamgauge '99
BBC Studios Maida Vale. Marzo y Abril - 1976
08 - 5 Star r'n'r petrol
09 - Surf city
10 - Keys to your heart (vers.2)
Jackson's Studios, Rickmansworth, 28 – Noviembre – 1975
11 - Sweety of the St Moritz
12 - Hideaway
Live At Camberwell Art School, 21 – Mayo - 1976
13 - Shake your hips
14 - Lonely mother's son
Live At The Roundhouse 18 – Abril – 1976
15 - Don't let it go
Live At Camberwell Art School, 21 – Mayo - 1976
16 - Keep taking the tablets
17 - Junco partner
Live at Wandsworth Prison, 21 – Marzo – 1976
18 - Out of time
Live At Camberwell Art School, 21 – Mayo – 1976
19 - Maybelline
Live At Bracknell Cellar Club, 22 – Mayo – 1976
20 - Gloria

domingo, 7 de junio de 2009

Montilla, Córdoba, 8 - Diciembre - 1989 (091)

Continuo recuperando conciertos emitidos a lo largo de los años por Radio3 y, si la semana pasada hablábamos del mejor grupo granadino de los tres últimos lustros, hoy toca hablar de la banda más grande que ha dado nunca Granada y de una de las más importantes de nuestra historia. Como suele ocurrir en otros bootlegs extraídos de la radio, el sonido es perfecto aunque hay que pagar el precio de aguantar los comentarios del locutor de turno que pisa el principio de algunas canciones (en este caso pocas y sin afectar a la canción) y las exigencias de la programación que hacen que “La torre de la vela” no aparezca completa.

Sin ser el típico grupo al que se le pueda considerar como un “pupas”, existen pocas (¿ninguna?) formaciones que hayan tenido peor suerte que ellos aunque, como premio de consolación, se han convertido en una banda de culto idolatrada aún por los que la conocen, pero absolutamente olvidada por casi todos los demás. Su origen hay que buscarlo en las escisiones de TNT (del que llegaron José Antonio García y Tacho González) y Al-Dher (José Ignacio Lapido) a los que se une Antonio Arias para completar el cuarteto que en lo musical empiezan a mezclar el blues con el rock clásico de los 60 y un poquito de punk.

Debutaron en 1983 con un fantástico single (“Fuego en la oficina” / “Llamadas anónimas”) en el que desprenden toda su energía punk pero cuidando los arreglos y el acabado de las canciones. No se vio refrendado un año después con un segundo single no tan contundente y con “Cementerio de automóviles” su primer LP que les llega demasiado pronto y que, a pesar de tener algunos temas interesantes, fracasa en la producción que acaba aniquilando la intensidad del álbum y no refleja (como le pasó a muchísimos grupos en esa época) lo que eran sus directos. Un nuevo single les abre las puertas de una compañía mayor (pasan de DRO que estaba empezando a Zafiro) y su amistad con Joe Strummer, que se ofrece a producirles, hace que piensen que la suerte por fin se va a aliar con ellos.

Su siguiente trabajo, “Más de cien lobos” (1986), es para muchos su mejor disco y, aunque yo no lo acabo de tener claro (a veces lo emocional pesa mucho), es cierto que la colección de canciones que contiene no tiene desperdicio y quizás. A Strummer lo conocieron en Granada y consiguió definir el estilo del grupo con una producción mucho más ajustada, rotunda y con arreglos sencillos, abandonando ese sonido gotiquillo que arruinó su debut. Era el disco y el momento para dar el gran salto, ya que su directos empezaban a ser rompedores y los que los conocían caían rendidos a sus pies, pero la compañía no mueve un dedo por ellos, y sin promoción no consiguen traspasar la frontera del reducido circulo de seguidores que tenían.

No pasa nada y Zafiro los da por perdidos, pero ellos responden después de dos años con “Debajo de las piedras”, de nuevo con grandes canciones pero esta vez con una producción más blandita. Ahí está “La torre de la vela” que, de haber sido promocionado, se habría convertido en un éxito seguro, pero la suerte seguía siéndoles esquiva. Sus letras les empiezan a situar como un grupo de rock adulto, y cada vez son más valorados por los críticos y un público musicalmente maduro que busca algo más que hits pegadizos y de consumo rápido.

Las relaciones con su discográfica son cada vez más complicadas y esto se refleja en sus nuevos temas (“Doce canciones sin piedad” de 1989) en los que abandonan la luminosidad y vitalismo de anteriores entregas para volverse más oscuros y pesimistas, aunque no afecta a su calidad que vuelve a situarse muy por encima de lo que se estaba publicando en España en ese momento. Suenan más duros, pero la poesía de Lapido empieza a adquirir tintes dylanianos lo que, con el tiempo, les llevaría con el tiempo a ser más valorados por sus letras que por su música.

Este concierto (que se celebró dentro de una bodega) es una muestra su contundencia en directo y de que sonaban, como mínimo, igual de bien que Loquillo y Trogloditas, considerados la mejor banda de rock and roll de los 80. La voz de José Antonio García ya ha adquirido esos tintes tan personales y Tacho González (bateria) y Antonio Arias (bajo) forman una base rítmica perfectamente conjuntada. Demuestran que tienen todo para abandonar el malditismo pero parecen condenados a el. A pesar de que poco tiempo después Arias los abandonaría para formar Lagartija Nick, el resto seguirían buscando lo imposible durante unos años más... Aunque eso lo contaré otro día...

Título del bootleg: Concierto en Montilla 1989
Lugar y fecha: “Bodega”, Montilla, Córdoba, 8 – Diciembre – 1989
Listado de canciones:
01 – Walk, don't run
02 – Debajo de las piedras
03 – Confusión
04 – Demasiados escalones
05 – Esta noche
06 – Nada es real
07 – El trago más amargo
08 – En el laberinto
09 – Un día de lluvia
10 – Nadie encuentra lo que busca
11 – Escenas de guerra
12 – Cartas en la manga
13 – Carne cruda
14 – En la calle
15 – El deseo y el fuego
16 – La torre de la vela