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viernes, 18 de diciembre de 2009

El gran banquete de los Stones

La aséptica portada que la discográfica decidió colocarle al “Beggars banquet” de los Stones poco tiene ver con la idea original que la banda tenia prevista para el disco. Sucede que en esta ocasión no fueron los motivos sexuales los que empujaron a los censores a meter la tijera si no un presunto ataque al buen gusto que papa estado no puede consentir que sus ciudadanos sufran.

Diseñada por Tom Wilkes, en ella se veía un retrete bastante cutre lleno de pitadas, y eso era más de lo que en 1968 se podía consentir. Lo curioso es que en esta ocasión España no se quedó sola en su veto a la portada ya que el Reino Unido también se vio afectado por el exceso de interés de sus políticos por la salud emocional de sus conciudadanos. Allí el disco se publicó con la cubierta tal y como estaba prevista (parece ser que esa decisión provocó un fuerte enfrentamiento entre el grupo y su disquera), pero al cabo de unas pocas semanas todos los ejemplares se retiraron de las tiendas y fueron sustituidos por otros en los que, sobre un fondo banco, parece representar una tarjeta de visita en la que se veían el nombre y título del disco.

Pero, si lo anterior es extraño (no deja de sorprender que un criterio estético sea determinante para prohibir una portada), más lo es que hasta que no se reeditó la discografía de los Stones en CD no se recuperase el formato original del disco. No es necesario decir lo cotizados que están (en vinilo claro) aquellos discos de la primera edición ya que, como además al poco tiempo el formato LP fue ejecutado, hasta no hace demasiado no han vuelto a verse con regularidad en las estanterías de las tiendas.

viernes, 4 de diciembre de 2009

El veneno de la risa

Por primera vez desde que empecé con esta sección sobre discos que sufrieron algún tipo de censura en España voy a hablar de uno hecho aquí. Se trata además del álbum que casi unánimemente está considerado por la crítica como el mejor y más influyente de los grabados en territorio patrio y no es otro que “Veneno” de Veneno.

A principios de los 70 Kiko Veneno se encontraba viajando por Estados Unidos donde, además de empaparse de la música americana y asistir a conciertos de gente como Franz Zappa o Bob Dylan, descubrió en Los Angeles gracias a un yankie el flamenco. A su vuelta en 1975 a Sevilla (había nacido en Figueras pero se crió entra Cádiz y la capital andaluza) conoció a los hermanos Rafael y Raimundo Amador formando con ellos el grupo Veneno con el que empezaron a trabajar en los en sonidos de los discos de blues y rock que Kiko había traído de su viaje pasándolos por los que los Amador habían mamado desde su niñez.

Pero aún le faltaba una pata a este banco, y esta apareció bajo el nombre de Ricardo Pachón que entendió perfectamente lo que el grupo quería y se decidió que se encargase de la producción (a la que no se había dedicado nunca). Esto que aparentemente es algo menor, normalmente suele ser una de las claves que llevan a un disco a la gloria o al fracaso. Por suerte para los Veneno Pachón no sólo conectó con lo que estaban haciendo si no que además supo llevarlo a cabo cosa que no suele ser habitual (la realidad es que los productores suelen intentar que los artistas se ajusten a su sonido en lugar de amoldarse ellos a las necesidades de su producido).

La grabación se hizo en Madrid tocando todos en directo, y lo más destacable es el trabajo en los arreglos de guitarra de Raimundo y Rafael con los que consiguen, partiendo del flamenco, llegar al blues, el funk e incluso el rock progresivo. El disco es impecable técnicamente (aunque el bajo apenas se escucha) y después de más de 30 años mantiene la misma frescura de “algo nuevo” sonando como si hubiese sido grabado ayer mismo. La intensidad de las sesiones y lo desastrosos conciertos con los que lo presentaron (desde el primero en Sevilla nada funcionó ya que llegaban tarde, Kiko se quedó sin voz en alguno de ellos, las guitarras solían estar desafinadas y para colmo en los últimos tocaron sin batería) acabaron llevando a la disolución de la banda aunque no a la colaboración entre ellos ya que esta se ha prolongado con mayor o menor intensidad a lo largo de todos estos años (los hermanos Amador fundaron Pata Negra y Kiko inicio una carrera en solitario).

El problema vino, como casi siempre suele ocurrir, en que la portada se alejaba bastante de lo políticamente correcto, y con la primera edición en la calle en el “Depósito Legal” les recomendaron que la cambiasen ya que se podía interpretar que estaban haciendo apología del consumo de hachís (aparecía una piedra con el nombre del grupo impreso sobre un papel de plata). La solución fue acercar la imagen para que simplemente se viese el nombre sobre un fondo marrón que, aunque todo el mundo sabía lo que era, no se veía.

El disco de entrada no funcionó, aunque a raíz de su aparición en la “serie media” sus ventas empezaron a crecer (nunca de forma salvaje pero si con un goteo constante) para llegar ahora a unas cifras que superan con creces las 300000 copias despachadas. Recientemente “Veneno” ha sido reeditado en vinilo respetando su portada original por “Muster Records” a través del sello “Vinilíssimo” y lo único que puedo decir es que si alguien no lo tiene está perdiendo el tiempo si no se acerca a una tienda y lo compra inmediatamente.

viernes, 20 de noviembre de 2009

El demonio tricolor

Resulta que una fecha como la de hoy coincide que toca recordar una historia de la censura made in Spain así que he seleccionado una que, al margen de vivir entre la leyenda urbana y la realidad, nos muestra como una inapropiada selección de colores (según algunos) podría llevar a que se tambaleasen los sentimientos estéticos e ideológicos de un país.

A veces una imagen habla por si sola y no resulta difícil imaginar la cara que se les puso a los censores cuando a finales de 1974 se encontraron de frente con la portada de “Dylan” el recién publicado disco de Bob Dylan. Los colores de la bandera republicana sobre la cara del cantante debieron atragantársele a más de uno aunque, como en esta ocasión no había nada que quisiesen ocultar (salvo la tricolor), se limitaron a pedir que quitaran el color y así podría mantenerse el resto del diseño de la carpeta tal cual estaba.

El problema surge cuando mis distintas fuentes no se ponen de acuerdo en si esto sucedió realmente o es una leyenda que en realidad no tuvo lugar. Personalmente nunca he visto físicamente ese disco y, aunque conozco agente que dice haberlo tenido entre sus manos, otros niegan la mayor y dicen que finalmente esa edición no llegó a lanzarse al mercado (incluso he leído que en realidad la primera tirada salio así pero no fue de forma intencionada si no por un error en la impresión).

Sea como fuere, y a pesar de que los argumentos que he leído en ambas direcciones resultan convincentes, a mi me resulta difícil creer que durante el régimen franquista (que como en toda dictadura la propaganda tiene una importancia fundamental) pasaran por alto aspectos como este y más cuando venia de un artista que era el máximo exponente de la canción protesta.

Por desgracia el disco es uno de los peores de su discografía por lo que, a pesar de la curiosidad (durante años España fue un paraíso para los coleccionistas británicos que organizaban viaje ex profeso para comprar discos aquí), sus ventas fueron mínimas y localizar un ejemplar de estos resulta casi imposible…

viernes, 6 de noviembre de 2009

Creando un dios en Aqualung

A veces, al leer cosas sobre la censura y los criterios que seguían, no puedo evitar sentir cierta ternura (aunque con toda la razón del mundo los que la sufrieron me dirán que puede definírsela de cualquier manera menos como tierna…) Pero ¿que puedo hacer si cuando miro mi ejemplar en vinilo de Aqualung y observo que en el cuarto tema de la cara B (subtitulada como “My God”) en lugar de aparecer “Locomotive breath” (el tema más famoso de la banda) lo hace “Glory row” y me invade esa sensación mientras imagino a los censores analizando las portadas y traduciendo a base de diccionario letras que en muchos casos no pretendían decir nada?

Por desgracia mi copia en vinilo es la segunda edición española y no la primera ya que, en ese caso, como pieza de coleccionista seria el doble de interesante y probablemente su valor se multiplicaría por dos o por tres…. En cualquier caso la historia nos cuenta que hubo que esperar varios años (concretamente hasta 1976) para ver publicado en España este trabajo que los Jethro Tull habían lanzado en 1971 y que excepto en las radios de su país apenas tuvieron ningún tipo contratiempo. En ese caso lo único que hicieron fue forzar a la banda a grabar una versión especial para emitir por las ondas en la que cambiaban la parte de la letra de “Locomotive breath” en la parte que se decía “Got him by the balls” (le cogí por las pelotas) por una más absurda “Got him by the fun” que allí les dejó satisfechos.

Pero aquí éramos distintos así que directamente le dieron el tijeretazo y metieron en su lugar un tema inédito, aunque en este caso se da la paradoja que un par de años antes esa misma canción había aparecido en la recopilación “Living in the past” sin que la censura la considerase ofensiva e indecente (el disco se publicó en el Reino Unido y Estados Unidos al año siguiente de “Aqualung” aunque en España vio la luz antes que este). Al menos esta vez lo que hicieron fue dar el cambiazo entre dos canciones ya que, como contaremos en el futuro, hubo casos en los que eliminaron la pista que les sobraba si más y el resto de las canciones las dejaron tal cual con lo que la duración final del álbum en ocasiones se reducía considerablemente.
Por desgracia (o por suerte) los chicos de la censura no tuvieron suficiente con eso y decidieron borrar de la contraportada el decálogo (en realidad eran nueve mandamientos) que aparecía a modo de explicación o introducción al disco y de paso los créditos con la información de los miembros de la banda, los técnicos y el lugar de grabación. La trasera que finalmente se editó es la que encabeza el texto de hoy mientras que la original es la que lo cierra, quedando en el medio una reproducción del famoso decálogo eliminado y que se podría traducir más o menos así:

1 - En el principio el Hombre creó a Dios, y a la imagen del Hombre Él lo creó.
2 - Y el Hombre dio a Dios una multitud de nombres, y que sería el Señor de toda la tierra cuando le conviniera al Hombre.
3 - Y en el día siete millones el Hombre descansó y se recostó fuertemente sobre su Dios y vio que era bueno.
4 - Y el hombre formó Aqualung del polvo de la tierra, y una hueste de otros lo trataron como su igual.
5 - Y el Hombre envió al vacío a estos hombres inferiores. Y algunos fueron quemados y otros fueron apartados de sus pares.
6 - Y el Hombre se convirtió en el Dios que él creó y con sus milagros gobernó toda la tierra.
7 - Pero mientras sucedían todas estas cosas, el Espíritu que hizo que el Hombre creara a su Dios vivía en todos los Hombres: incluso dentro de Aqualung.
8 - Y el Hombre no lo vio.
9 - Pero por el amor de Cristo, debería empezar a verlo.

Llegados a este punto solo me queda decir que esto enseguida se subsanó quedando durante un tiempo más lo de la sustitución de la canción. Cuando finalmente se publico la versión integra la democracia ya era una realidad…

viernes, 23 de octubre de 2009

Cuando la fe ciega viaja en avión

En esta segunda entrega sobre la censura musical en este nuestro país (casi todos los casos de los que iré hablando pertenecen al franquismo aunque también veremos que en plena democracia esta práctica ha seguido usándose sin pudor) el seleccionado es el único disco que grabó la superbanda que, bajo el nombre de Blind Faith, reunió en 1969 a Eric Clapton (The Yardbirds, Cream), Ginger Baker (Graham Bond Organization, Cream), Steve Winwood (Spencer Davis Group, Traffic) y Ric Grech (Family)

Como suele ocurrir en estos casos la unión de todos ellos fue meramente casual, y el origen habría que buscarlo en las crisis internas que a mediados de 1968 sufrían tanto Cream como Traffic y que acabaron llevándolas a la ruptura. Llegados a este punto dos viejo amigos como Clapton y Winwood se pusieron a ensayar juntos en una serie de jam sesions que acabaron convenciéndoles de que merecía la pena intentar hacer algo juntos. A principios de 1969 empezaron a trabajar en un álbum conjunto, pero ante la necesidad de músicos (sobre todo un batería) Clapton acabó tragándose su promesa de no trabajar con Bruce o Baker por separado (en su papel de mediador en las peleas entre ambos durante la disolución de Cream se comprometio a eso) aceptó las presiones de Winwood para invitar a este último para que formase parte de Blind Faith.

La cuarta pata de la mesa se incorporó en mayo cuando Grech abandonó Family (dejándolos literalmente tirados en mitad de una gira) tras aceptar la oferta que le habían hecho para unirse a ellos. Enseguida entraron a grabar en los “Olympic Studios” (en febrero ya habían grabado algunas cosillas en los “Morgan Studios” de Londres) y, bajo la producción de Jimmy Miller, registraron un magnífico álbum que, al margen de la polémica que luego generó, llegó a lo más alto de las listas a ambos lados del Atlántico en su primera semana de venta gracias a esa fusión de blues, jazz y rock que consiguieron y al indudable tirón y popularidad que ya empezaban a tener todos sus miembros.

Hay que reconocer que en esta ocasión se lo pusieron fácil a los censores ya que con una portada en la que aparecía una adolescente desnuda con la maqueta de un avión en las manos (que a los ojos de cualquier malpensado es claramente un símbolo fálico), el claro contenido sexual era causa más que suficiente para que actuaran sin piedad. Al menos debería quedarnos el consuelo (si es que una cosa así puede serlo) que muchas tiendas en Reino Unido y Estados Unidos se negaron a vender el disco tal y como había sido diseñado originalmente por lo que la compañía tuvo que buscar una solución para salir al paso que, por desgracia para ella y el grupo, pasaba sólo por realizar una carpeta alternativa.

Para esta no se comieron excesivamente la cabeza y finalmente optaron por una en la que simplemente se veía posando a los miembros del grupo y que seria la que se vendería en los comercios que vetasen la oficial. Lógicamente en España directamente se usó esta portada políticamente correcta privándonos esta vez de un diseño propio que, visto lo que sucedió con el “Sticky fingers” de los Stones (y comentado hace dos semanas en esta misma sección), podía haber sido simplemente espectacular.

viernes, 9 de octubre de 2009

Mejor gores que guarros


Hace unos meses conté como en Estados Unidos los Beatles tuvieron ciertos problemas con la censura debido a la portada del disco “Yesterday and today” pero, aunque no es el único caso, probablemente el país que en los sesenta y primeros 70 más alegrías dio a los coleccionistas con estos asuntos fue España. Durante los próximos meses recordaré alguno de los casos más curiosos y famosos que perpetraron los censores franquistas y que lograron (seguro que esa era la verdadera razón) que un turismo especializado (sobre todo británico) empezara a visitarnos en busca de lo que ahora, casi cuarenta años después, son autenticas joyas de la historia del rock.

Y para comenzar la más extraña y seguramente más reconocida internacionalmente es la chapuza que se realizó con la portada del “Sticky fingers” de los Stones. Publicado en 1971 y diseñada por Andy Warhol mostraba unos pantalones vaqueros con una cremallera autentica que al bajarla dejaba ver unos calzoncillos, y a los censores debió parecerles escandaloso ya que decidieron que así no podía editarse en nuestro país e idearon una especie de bodegón oscuro y siniestro en el que se veía a unos dedos femeninos saliendo de un bote de grasa.

Yo recuerdo con cierto terror ver el disco en casa de mi tío y tengo claro que el impacto que me causaron esos dedos que yo veía más sangrientos que grasientos seguro que no lo habría logrado la portada original. La cosa es que para evitar la obscena imagen de un paquete en primer plano decidieron aterrorizar a todos los críos del país cosa que, por otro lado, no debería sorprendernos si tenemos en cuenta que es lo hicieron a lo largo de cuatro décadas.

Pero la tijera de la censura no se quedó ahí ya que el tema “Sister morphine” (escrito por Marianne Faithfull y musicado por los Stones y a la que estos bastante ruinmente eliminaron de los créditos) fue sustituido por una versión del “Let it rock” ya que consideraban que hacia apología del consumo de drogas (cuenta la historia de un hombre que agoniza en un hospital y sus deseos de conseguir morfina para sobrellevarlo), aunque paradójicamente luego dejaron pasar “Brown sugar” que, siendo más obvia, seguramente al traducirla como azúcar moreno pensaron en otra cosa y la dejaron pasar… Al menos y por una vez la inutilidad patria para las lenguas sirvió para no privarnos de uno de los temas más grandes del rock… Algo es algo…