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jueves, 5 de agosto de 2010

Sam Phillips, el hombre que soñó el rock and roll


Cuando una tarde de julio de 1954 Sam Phillips reunió en su estudio a Bill Black, Elvis Presley y Scotty Moore hacía tiempo que venía soñando con el rock and roll. Un par de años antes había fundado, en el 706 de la Union Avenue de Memphis, Sun Records con la intención de grabar a todo tipo de artistas sin que le importase ni la raza ni el estilo. Cabe recordar que en aquellos momentos existía una clara diferenciación entre la música que hacían los negros y la que hacían los blancos, quedando cada una de ellas restringida casi en exclusividad a su grupo racial correspondiente.

Empezó grabando a artistas negros con la esperanza de encontrar un nuevo sonido que, al margen de quién lo interpretara, pudiese gustar a todo el mundo. Sabía como sonaba en su cabeza y que se encontraba en algún lugar pero, por mucho que buscaba, no acababa de dar con ello. Al margen del mero negocio musical, en sus estudios cualquiera podía grabar un par de canciones para luego regalárselas a los amigos o familiares, lo que hizo que se convirtiera en un punto de reunión de músicos locales a los que Sam aprovechaba para contarles sus predicciones de por donde iría la música en los años siguientes.

Su teoría consistía en que había que despojar a las canciones de todos los arreglos superfluos que usaban las orquestas en ese momento, dejándolas lo más desnudas posibles con un simple esqueleto melódico y el músculo del ritmo. Pero además, para alcanzar el objetivo final, era clave que la frontera musical y racial se superase y encontrase un punto de encuentro entre el country de los blancos y el blues de los negros. Y si en un primer momento creyó que eso lo podría encontrar en artistas de color, con el tiempo se acabó convenciendo de que, para que ese sonido llegase a triunfar y hacerse mayoritario, tenía que buscar un blanco capaz de cantar como un negro.

Uno de los habituales del estudio era Scotty Moore, músico de acompañamiento en las grabaciones de Sun y con el que solía hablar sobre su idea de fusionar estilos para crear algo nuevo. Un día decidieron organizar una sesión para ver que salía y el productor le propuso llamar a un joven que unos meses antes había grabado un single para su madre. El chaval tenía una voz tremenda y podría ajustarse a lo que buscaba. Se trataba de Elvis Aarón Presley que, junto a Scotty y el bajista Bill Black, se reunió la jornada anterior a la grabación para consensuar el material que tocarían y cómo lo harían.

El día 5, 6 ó 7 de julio (dependiendo de la fuente consultada) se reunieron en el estudio los tres músicos y desde casi el primer momento las dudas que Scotty había manifestado a Sam sobre ese chaval parecieron confirmarse. Elvis cantaba bien pero ni de lejos aportaba ese cambio revolucionario que buscaba el productor. Con cada toma del tema que habían elegido para improvisar (“I love you because”) los resultados eran más frustrantes. Se cuenta que tras varias horas decidieron hacer un pequeño descanso y que, mientras el resto se tomaban un refresco, Elvis se quedó en el estudio jugueteando con la guitarra.

Libre de la presión de grabar con gente más o menos profesional, empezó a cantar un tema de Arthur Big Boy Crudup llamado That´s alright. Y lo hizo con alegría y energía, como si intentase espantar toda la frustración acumulada previamente, siguiendo el ritmo con su guitarra pero cantando con un sentimiento y una seguridad que le daban al tema un toque completamente distinto al exhibido hasta ese momento. Primero Bill y luego Scotty se unen a la interpretación. Sam, que se encuentra en la puerta, súbitamente se da cuenta de que por fin estaba escuchando lo que había estado soñando. Tras pedir al guitarrista que se ahorrara las florituras, les invitó a que volvieran a empezar y, cuando finalmente todos juntos escucharon la toma definitiva, se quedaron de piedra. Aquello no era ni blues, ni country, ni bluegrass. Aquello era algo nuevo. Aquello era rock and roll.

Esa misma noche Sam llamó al dj Dewie Phillips a su emisora para que cuando acabase su programa se pasase por el estudio para escuchar la canción. Sam pensó que, como Dewie era otro entusiasta y estudioso de la música, sabría identificar si That´s allright sería un éxito o no. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando tras escucharla tres veces se marchó a su casa sin decir nada. A primera hora de la mañana es Dewie el que llama a Sam Phillips: no había podido dormir en toda la noche y quería poner el tema en su programa.

“Ey, chicos, escuchad atentamente porque os voy a poner un disco nuevo. Bueno, en realidad ni siquiera es un disco, es sólo una maqueta que ha grabado Sam y que saldrá la próxima semana. Es de un chico de aquí, de Memphis, que se llama Elvis Presley. El tema es That´s allright y va a ser un éxito, dee-waw”.

El tema sonó 7 veces en las 3 horas de programa y el impacto fue total. El 19 de julio el single That´s allright / Blue moon of Kentucky llegaba a las tiendas como la referencia 209 de Sun Records y desde el principio es un gran éxito. Casi inmediatamente, Elvis, Scotty y Bill empezaron a actuar en directo para promocionarlo y Sam recorrió miles de kilómetros vendiendo el disco de tienda en tienda, por cadenas de jukebox y convenciendo a los dj´s para que lo pincharan en todas las emisoras posibles. Al final el esfuerzo mereció la pena.

Elvis grabó un total de 5 sencillos y 19 canciones para Sun Records, antes de que vendiera los derechos a la multinacional RCA. Desde ese momento la carrera del rey del rock fue meteórica. Mientras, el productor continuó con el trabajo en su estudio, al que empezó a acercarse gente como Carl Perkins, Johnny Cash o Jerry Lee Lewis buscando la piedra filosofal que Elvis Presley había encontrado entre esas cuatro paredes. Las cuatro paredes que fueron testigo de como a veces los sueños pueden hacerse realidad.

Texto publicado en la revista Culturamas

sábado, 12 de septiembre de 2009

La resurrección del hombre de negro

Hoy se cumplen 6 años de la muerte de Johnny Cash en el Hospital Bautista de Nashville al complicársele la diabetes que padecía, y creo que es la ocasión ideal para recordar a una de las más grandes e influyentes figuras de la música americana y contar alguna cosilla de él. Para empezar diré que yo nunca le he considerado como uno de mis artistas de cabecera (y eso que tengo un montón), aunque con el paso del tiempo fui aprendiendo primero a respetarle, luego a admírale y por fin, en los últimos 15 años, a disfrutar con su música.

Cuenta la leyenda que cuando se presentó en los estudios de “Sun Records” y tras una audición en la que interpretó varios temas de gospel, Sam Phillips lo mandó a su casa y le dijo “vuelve con una canción que pueda vender”. Lo hizo al poco tiempo con “Hey porter” y “Cry, cry, cry” y esta vez si que consiguió su contrato para grabarlas publicarlas en la misma disquera que lo había hecho Elvis el año anterior. Era 1955 y, como el single consiguió cierto éxito en las listas de country, Phillips continuo confiando en el e invirtió más dinero en su promoción lo que ayudó a que sus siguientes singles obtuvieran más éxito y llegasen a lo más alto en las listas de venta (“Folsom prison blues” alcanzó el 5 en las de counttry, y “I walk the line” el número uno tanto en las de country como en las de rock)

En 1957 Cash fue el primer artista en grabar un LP para “Sun Records”, pero la excesiva atención que Sam Phillips dedicaba a la promoción de Jerry Lee Lewis y la suculenta oferta que le hizo “Columbia Records” acabaron empujándole el año siguiente fuera de la discográfica que le dio su primera oportunidad y en la que se convirtió en uno de los artistas más prolíficos y con mayor número de ventas de su época (de hecho “Sun” siguió editando singles de Cash hasta 1960 gracias a la gran cantidad de material que había dejado grabado para ellos)

Durante 28 años grabó y editó con Columbia Records y allí alcanzó sus mayores éxitos, aunque a partir de los 80 su estrella empezó a decaer llegando a su punto de menor popularidad en 1991 tras grabar en “Mercury Records” (a la que había llegado en 1987) “The mystery of life”. Parecía que lo que no habían logrado las anfetaminas y el abuso del alcohol y otras drogas lo iba a lograr el tiempo, pero fue entonces cuando Rick Rubin se cruzó en su camino y su carrera, cual ave fénix, volvió resurgir de sus cenizas.

Grabado en el cuarto de estar de la casa de Rick y acompañado exclusivamente de una guitarra y su majestuosa y penetrante voz fue desgranado una serie de temas propios (algunos antiguos) y un puñado de versiones ajenas que, en 1994, finalmente vieron la luz en bajo el nombre “American recordings” (el nombre del sello de Rubin). El éxito fue inmediato y total tanto a nivel de crítica como público logrando convencer a sus fans de siempre como a las nuevas generaciones que le aclamaron en el Festival de Glastonbury en la que el propio Johnny definió como una de los mejores recibimientos de toda su carrera.

Con este álbum inicio una segunda época dorada a nivel creativo y comercial que le llevó a ganar el Grammy al “mejor álbum de folk contemporáneo”, poner la voz a un coyote que guiaba a Homer en un viaje espiritual o a aparecer en alguna serie de televisión, pero sobre todo para grabar junto a Rubin otros tres discos para la serie “American” (“Unchained” en 1996 y grabado junto a Tom Petty and The Heartbreakers, “American III: Solitary man” en 2000 y “American IV: The man comes around” en 2002) y el suficiente número de temas para publicar con ellos otros dos tras su muerte (“American V: A hundred highways” en 2006 y “American VI”) y una caja recopilatoria (1993 a 2003) de cinco CD’s con muchísimos inéditos publicada en 2003 y que llamó “Unearthed”.

Por suerte Johnny murió cuando se encontraba en la cresta de la ola y pudo disfrutar en vida de los homenajes y reconocimiento que todo el mundo (tanto dentro de la profesión como fuera) le brindó. Cuando en mayo de 2003 June Carter Cash (su segunda esposa y compañera durante 35 años) murió por las complicaciones posteriores a una operación de corazón, fueron muchos los que comentaron que estaban tan unidos que no la sobreviviría mucho tiempo. Menos de cuatro meses después Johnny Cash, “el hombre de negro”, daba su último salto mortal. Ya no tendría que resucitar más, desde ese momento era inmortal.