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miércoles, 18 de noviembre de 2009

La niña rockera - XIV

Hoy mi niña rockera ha cumplido cuatro añitos y para celebrarlo quería fotografiarla con la portada del primer disco de Neil Young. El problema ha surgido cuando al verla ha dicho que no la gustaba (cría cuervos…) y que prefería hacérsela con la del primer álbum de Harla Horror (un grupo vallisoletano más que recomendable) que, al parecer, se ajusta más a sus preferencias. Me autoengaño pensando que la resaca de Halloween está demasiado cerca y que la sensación de miedo, a pesar de todo, a los pequeñajos les suele poner, pero la realidad es bien distinta.

Desde muy niña las chapas que se llevaba cuando íbamos a “Charly blues” eran las de The Cramps, Misfits o Dinosaurs Jr (y la provocadora lengua de los Stones), sus heroínas no son las princesas de las películas de Disney si no Cruella De Vil, la madrastra de “La cenicienta” y las brujas de “La sirenita”, “Blancanieves” y “La bella durmiente”, y si de elegir una portada se trata cuanto mas siniestra y oscura sea a ella la gusta más... Alguno estará pensando que vistos los precedentes en unos años me puedo encontrar en una situación parecida a la de ZP con sus hijas, y aunque no se puede descartar nada, la ropa que la gusta ponerse (la tía ya la quiere elegir y encima lo hace con criterio) y la música que me pide escuchar, de momento, me hacen respirar tranquilo y pensar que sólo se trata de algo pasajero.

Pero no es de eso de lo que quiero hablar hoy si no de la primera experiencia de la niña rockera en un estudio de grabación. La verdad es que en el momento de estar allí se mostró más bien fría, como si lo que estuviese haciendo y viendo fuese el pan suyo de cada día, pero con el paso del tiempo cada vez que lo recuerda lo hace diciendo que quiere volver para grabar ella sus canciones. La cosa es que en las galerías comerciales donde se encuentra el “Charly blues” (recuerdo que es la tienda de discos de segunda mano a la que voy cada semana con mis niñas), hay también un pequeño estudio de grabación, y hace tres semanas cuando volvíamos de comprar la puerta se encontraba entreabierta y al oír que salía música de dentro se coló.

Yo me quedé indeciso sin saber muy bien que hacer (estaba con la pequeña dormida en su sillita), y cuando al cabo de un minuto mas o menos decidí asomar la cabeza por la rendija de la puerta me la encontré con un micrófono agarrado en una mano y con la otra golpeando uno de los tambores de la batería mientras una chica y tres chicos la rodeaban mientras la hacían preguntas…

- ¿Te gusta cantar?
- Si
- ¿Y quién te gusta más los lunnis o el cantajuegos? (aquí el chaval dio muestras de conocer el terreno del entretenimiento infantil)
- Los dos y también Bob Dylan y Pink Floyd (evidentemente la aburren, pero la tengo bien educada y sabe lo que tiene que decir)
- ¡Joder con la niña!...

Entonces levanto la cabeza y a través de la cristalera me vio y me dijo que la mirase que iba a cantar una canción, mientras a grito pelado empezaba a entonar con el micrófono en la boca eso de “Tu que eres tan guapa y tan lista, tu que te mereces un príncipe o un dentista…” ante la sonrisa de todos los allí presentes. Salimos con los bolsillos llenos de caramelos y la invitación del técnico a que nos pasásemos a verle también a él en nuestra siguiente visita para comprar discos, aunque luego (para decepción de la niña rockera) las tres veces que hemos vuelto a pasar por delante del estudio este se encontraba cerrado. La he contado que en sitios como esos se graban los discos que tenemos en casa y eso no ha hecho más que aumentar su deseo de volver, aunque de momento me temo que la tocará esperar…

Podría contar alguna anécdota más como su descubrimiento del video (me pide que la grabe cantando con el móvil) o que ya es capaz de reconocer a Dylan por su voz (la pongo varias canciones de distintos artistas y es capaz de decirme cual era la del contutor de Duluth), pero es tarde y me toca madrugar así lo dejo hasta el próximo mes, que ya será navidad y, para mi desgracia, en lo musical los villancicos volverán a reinar...

lunes, 19 de octubre de 2009

La niña rockera - XIII

Una cosa que no deja de sorprenderme de los niños en general y de mi niña rockera en particular es la facilidad que tienen para asimilar cosas que aparentemente no han visto o no les ha llamado la atención y lo rápido que se olvidan de otras que, desde la lógica de un adulto, debería parecerles la bomba. Lo cierto es que ellos en ningún momento nos engañan, y ya con el primer regalo que les haces te dejan claro que les divierte más la caja o el papel de envolver que el súper regalo que va dentro, pero a pesar de todo nosotros no aprendemos y seguimos empeñándonos en complicarnos (y complicársela a ellos) la vida…

Pero hoy no quiero hablar de esa estúpida costumbre de los adultos y si de la facilidad de quedarse con las cosas que tienen… Y es que hace varias semanas la niña rockera y yo íbamos paseando tranquilamente (bueno, la verdad es que íbamos con prisa y yo un poco estresado por que ella y su hermana me estaban dando la mañana) cuando al pasar delante del escaparate de una tienda de enmarcar cuadros y láminas se paró en seco y se quedó mirando fijamente al interior. Tiré de ella y la dije que me estaba empezando a cansar, y fue entonces cuando señalando una reproducción a gran escala de “El grito” de Munch me dijo “Mira papi, ese disco lo tenemos nosotros…”

Miré el cuadro mientras repasaba mentalmente las portadas de los discos, y cuando al cabo de unos segundos localicé al que creía que ella se refería la dije “no es un disco si no un CD de un concierto pirata de un grupo que se llamaba Héroes Del Silencio…” Pero ella me cortó e insistió con un “no papa, es un disco de color marrón, ¿no te acuerdas?...” Y claro, no me acordaba, aunque como la veía tan convencida preferí no llevarla más la contraria y esperar a llegar a casa para que me enseñara la portada en cuestión…

Ni que decir tiene que lo primero que hicimos nada más atravesar la puerta fue dirigirnos a la estantería de los vinilos y empezar a repasar uno por uno todos los discos hasta que al cabo de unos minutos nos dimos de frente con el “In the court of de Crimson King” de los King Crimson, e inmediatamente comprendí lo estúpido que había sido al no darme cuenta de que ese era el disco al que se refería… “Ves papi, es igual”, me dijo sonriendo mientras le señalaba.

Pero entonces cometí el error de patético adulto cuadriculado herido en su orgullo y encendí el ordenador para buscar una imagen del cuadro y mostrarla como claramente no se parecían en nada más que las dos estaban gritando… Y por desgracia me cargué la magia ya que en silencio las observó y al cabo de unos segundos y sin decir nada se dio la vuelta y se marchó a su habitación… Fue entonces cuando me di cuenta de que la había cagado y que para ella lo divertido y estimulante era creer que eran iguales y haberse dado cuenta mientras paseábamos por la calle.

Cuando volvió su madre a casa intenté remediar mi error contándola que la niña se había dado cuenta de que el disco y el cuadro de Munch eran iguales, pero para mi salvación ya era demasiado tarde y la peque no estaba muy dispuesta a ponérmelo fácil… Sin siquiera mirarme respondió que no eran iguales y que la dejase en paz mientras se abrazaba a su madre y a mi me dejaba compuesto y sin anécdota…

Han pasado tres semanas desde aquello y ahora si se los enseño no reconoce (o más bien no quiere reconocer) ni el cuadro ni el disco. Se que lo hace por despecho y para castigarme pero, dado que en esta ocasión tiene razón para hacerlo, lo mejor es dejarlo estar ya que todo ha vuelto a la normalidad hasta el punto de que me ha pedido que la ponga el disco de King Crimpson (cuando hasta ese momento nunca se había detenido en él aunque está claro que si se había fijado)

Tendrá que esperar un poco a que acaben de arreglarnos el amplificador (llevo un par de meses sin el aunque parece que por fin ya se ve la luz al final del túnel) y, aunque se que no la va a gustar, al menos ha recuperado el interés por escuchar algo nuevo y mío… Y eso que a día de hoy lo que más la gusta es escuchar las canciones de la serie “Lazy town”…

Sin duda dios me está castigando por algo malo que hice en otra vida…

sábado, 19 de septiembre de 2009

La niña rockera – XII

El verano musical de la niña roquera tiene un nombre propio y este no es otro que el de Kiko Veneno. Han pasado casi dos meses desde la noche que estuvimos en su concierto, pero a pesar de eso hoy mismo me ha preguntado cuando íbamos a ir otra vez a verlo, y me ha insistido en que la encantó y se lo pasó muy bien... De hecho ha sido ella la que ha querido fotografiarse con la portada de “Echate un cantecito” en lugar de la que yo tenia prevista y, aunque me alegra que esa primera experiencia la haya causado tan grata impresión, no deja de sorprenderme debido a que no ha sido la única de estas últimas semanas.

Para empezar a lo largo de los cuatro jueves de agosto el ayuntamiento ha organizado otras tantas actuaciones de grupos y artistas locales en plazas de la ciudad en una iniciativa llamada “Emplazados”. Las semanas que se portaba bien íbamos después de cenar en la bici al lugar en cuestión y, tras los bailoteos iniciales, nos sentábamos en las primeras filas (más bien lo hacia yo y ella se acurrucaba en mi regazo) y no perdía ojo a lo que sucedía sobre el escenario hasta que sus ojos empezaban a traicionarla y empezaban a cerrarse. Incluso en esas circunstancias, cuando la decía que nos teníamos que ir, la tía se resistía y pedía ver una canción más que solía escuchar ya sentada en su sillita y con el casco puesto.

Parecida situación la vivíamos en las verbenas de las fiestas del pueblo que, como empezaban tarde, enseguida teníamos que abandonar por el frío (las noches en la sierra suelen ser bastante traicionaras) y sobre todo por que, llegados a un punto; ninguno de los dos las disfrutábamos (ella por cansancio y yo por que el chunda-chunda me horroriza y tras un rato acaba haciéndoseme insufrible) lo suficiente para que nos compensara el esfuerzo, y de seguir allí por el simple hecho de estar habría acabado resultado para ambos totalmente contraproducente.

Ya en septiembre, hace un par de semanas, la “party dance” (una especie de”paradance” local) que se celebra desde hace años en el primer fin de semana de las fiestas de la ciudad, la decepcionó totalmente ya que la habíamos hablado de varias carrozas en las que iban dj’s poniendo música y chicos y chicas bailando, y al final (al parecer a causa de la crisis) tuvimos que conformarnos con un solo camión (bastante bonito, eso si) y una fiesta que apenas pudo disfrutar por que fue un visto y no visto. Su cabreo fue tal que, después de escuchar a alguien por donde estábamos viendo pasar la “procesión” (en palabras de la niña) que el responsable del desastre era el alcalde, los días siguientes se dedicó a contar a quien quisiese escucharla que “no la gustó nada y que la culpa la tenia el jefe del ayuntamiento”

Distinta respuesta tuvieron los asuntos étnicos ya que, tanto los bailes y músicas autóctonas (con la jota, la dulzaina y el tamborín como auténticos protagonista), como el espectáculo de “Mayumana” al que la llevamos creo que la gustaron bastante o al menos lograron captar su atención lo suficiente para no aburrirse y protestar por estar allí y no en otro sitio… Bueno, para ser sinceros el espectáculo de la compañía israelí llegó un punto en el que la cansó, pero creo que fue más por el entorno (el “Teatro Calderón” es muy bonito pero para una niña a punto de cumplir los cuatro años resulta excesivamente formal) y por el hecho de no poder moverse y bailar (desde el principio quería acercarse al borde del escenario para verlo de cerca).

En cualquier caso la mayor de todas las satisfacciones en este campo me ha llegado por otro camino. El año pasado la apuntamos a una academia de música para que, ya que la encanta cantar, a través de juegos pudiese ir dando rienda suelta a sus impulsos e instintos e ir poniendo una base que quizás mas adelante la sirva para algo (y si no la ayude a amar un poco más si cabe la música). La cosa es que cuando la pregunté que si quería volver otra vez este curso aunque no fuese su primo (hasta ahora han ido juntos), su respuesta fue tan inmediata y clara que me dejó perplejo: “claro papito, si a mi me gusta mucho ir, por que allí solo me mandan que toque instrumentos y no me riñen si los toco fuerte…”

Este curso que comienza ahora volverá no sólo a clase a aprender mientras se lo pasa bien, si no también a otros conciertos y espectáculos (teatro, marionetas, magia, malabarismos…) que la ayuden a disfrutar y valorar la creatividad ajena para así abrir su mente e impulsar la suya propia. La imaginación nos hace libres y felices, e ilustrando sus sueños infantiles al menos la daremos una oportunidad más para que lo logre...

sábado, 1 de agosto de 2009

Agosto en el coche: Las canciones de “La niña rockera”

  • 01 – Salta (Tequila / Confidencial - 1981)
  • 02 – Me gustas tu (Manu Chao / Próxima estación... Esperanza - 2001)
  • 03 – Tenía tanto que darte (Nena Daconte / Retales de carnaval - 2008)
  • 04 – Adiós papá (Los Ronaldos/ Saca la lengua - 1988)
  • 05 – Música ligera (Pereza / Pereza - 2001)
  • 06 – La del pirata cojo (Joaquín Sabina / Física y química - 1992)
  • 07 – Miss camiseta mojada (Quique González / Pájaros mojados - 2002)
  • 08 – Debajo del puente (Pedro Guerra / Tan cerca de ti - 1997)
  • 09 – 1, 2, 3, 4 (Javier Alvarez / Javier Alvarez - 1994)
  • 10 – Bailando (Alaska y Los Pegamoides / Grandes éxitos - 1982)
  • 11 – Salir (Extremoduro / Canciones prohibidas - 1998)
  • 12 – La casa azul (Duncan Dhu / Supernova - 1991)
  • 13 – Volando voy (Camarón / La leyenda del tiempo - 1979)
  • 14 – La tarara (Antonio Vega / Escapadas – 2004)
  • 15 – Manolito (Los Toreros Muertos / Por Biafra - 1997)
  • 16 – El ataque de las chicas cocodrilo (Hombres G / La cagaste... Burt Lancaster - 1986)
  • 17 – La lista de la compra (La Cabra Mecánica / Vestida de domingo - 2001)
  • 18 – Dime que me quieres (Tequila / Viva! Tequila! - 1980)
  • 19 – Adiós corazón (Deluxe / Reconstrucción - 2008)
  • 20 – Como una ola (Nutopia / Anuncio ONCE – 2009)
    Bonus tracks
  • 21 – Ay Carmela (Popular)
  • 22 – Las mozitas madrileñas (José de Aguilar - 1952)

    DURACION TOTAL: 77' 45''

miércoles, 22 de julio de 2009

La niña rockera - XI


No estaba, ni mucho menos, en mis planes hablar más de una vez al mes de mi niña rockera, pero las circunstancias han hecho que, apenas tres días después de haberlo hecho, vuelva a colarse en estas líneas. Ayer cuando nos levantamos nada de lo que luego sucedió estaba previsto aunque al final, tras varias carambolas a lo largo del día (unas entradas cuyo dueño no iba a aprovechar, la imposibilidad de encontrar a nadie que se quedase con las niñas que hacia inviable ir con mi chica, un día de ERE que hacia que no tuviese que currar...), a las 21:15 de la noche me encontraba saliendo de casa en la bici con la niña rockera sentada en su sillita a mi espalda.

Hora y pico antes la había preguntado si se quería venir conmigo a un concierto y, aunque no respondió, el hecho de que saliese corriendo para contárselo a su madre con los ojos totalmente iluminados, me hizo saber que la hacia ilusión, por lo que tras cenar algo y coger unas chaquetas (hacía un poco de viento) nos pusimos en marcha. De camino por una larga arboleda que bordea el río, la fui contando que, aunque había estado en otros, por primera vez iba a ver a un artista con discos grabados y que además era uno de los más grandes. He de confesar que también la dije que me encantaba que su debut en la primera división fuese precisamente con él, pero o no lo entendió o pasó completamente de mi ya que su contestación fue “papi, a que huele muy bien por la noche”.

Y es que no lo he dicho, pero anoche la cita la teníamos con el maravilloso Kiko Veneno y, aunque ella no supiese quien era, en cuanto la dije que era el que había escrito “Volando voy” se puso a cantar su estribillo y así entró en el Museo de la Ciencia (en cuyo patio central se celebraba el espectáculo) con las entradas en la mano e ignorando una gracia del guardia de seguridad que allí estaba. Está mal que yo lo diga, pero cuando quiere, mi niña puede ser realmente encantadora e incluso divertida, y ayer, rodeada de gente mayor, estaba exultante. Es verdad que, desde que entramos y vio el escenario hasta que empezó la música, estuvo un poco tímida pero, cuando sonaron los primeros acordes de “Superhéroes de barrio” toda la tontería se la pasó y se puso a mover el culo como una loca con una sonrisa de oreja a oreja…

En esa canción sólo paró unos segundos para hacerme un gesto de sorpresa en el párrafo en el que nombra a Dylan pero, cuando varios temas después en la presentación de su versión del “Memphis blues again” volvió a referirse al maestro de Duluth, la duda se adueñó de ella y se me acercó al oído a preguntarme por qué si era Kiko Veneno no dejaba de hablar de Bob Dylan… A partir de ese momento dejó de bailar y se sentó a mi lado. Poco a poco se fue poniendo mimosona así que, cuando al cabo de una hora de concierto me dijo que veíamos una más y nos íbamos a casa, la cogí en brazos y sin dejar acabar la canción y con alguna tímida protesta, iniciamos el retorno (me gustó que a pesar de estar cansada se resistiera a irse y quisiese escuchar una más).

Mientras deshacíamos lo pedaleado hacia casa la niña rockera revivió un poco y empezó a contarme lo que más la había gustado, aunque no ha sido hasta hoy cuando he comprobado que lo decía en serio y no para satisfacerme. Mientras hablaba con su hablaba con su abuela por teléfono me le ha quitado de las manos por que quería contarla que había estado “en un concierto de verdad” y que había sido muy largo por que “como el cantante tiene muchos discos pues canta muchas canciones…”

Hace un rato, cuando la he dejado en la cama, me ha dicho que en lugar de dormir quería que la llevase a un concierto… ¿Y queréis que os diga?, pues que me ha emocionado y que seguro que más pronto que tarde repetiremos la experiencia… Al fin y al cabo un padre tiene que hacer todo lo posible por que sus hijos sean felices… ¿O no?

sábado, 18 de julio de 2009

La niña rockera - X

Poco que contar de las últimas semanas de la niña rockera. Hay nuevas canciones que quiere cantar, aunque a mi empiezan a creárseme ciertos dilemas que no se muy bien como resolver. Ha escuchado varias veces el “Salir” de Extremoduro (Salir, beber, el rollo de siempre, meterme mil rayas, hablar con la gente, llegar a la cama y... ¡joder que guarrada! sin ti...) y parece que el ritmillo la ha gustado ya que me pide que se la cante porque se la quiere aprender. Yo la doy largas ya que me da no se qué, que en un momento dado, se ponga a cantarla por ahí y sobre todo que quiera saber que significa lo que canta...

Cuando la digo que no lo entiendo muy bien se me queda mirando con un gesto con el que me está diciendo ¡ya!, pero de momento, y se lo agradezco, no insiste y parece que mi argumento la convence. En cualquier caso no descarto acabar escuchándola un día cantándola a gritos en medio de la calle ya que no sería la primera vez que se ha aprendido alguna canción solo escuchándola y sin que yo se la repita. Lo sé, la culpa es mía por no tener más cuidado en la selección de los temas que pongo en casa o en el coche, pero es que hasta ahora no me había planteado que en esto de la educación musical tan importante es el continente como el contenido. Ya veré que hago al respecto, pero al menos de momento trataré de tener un poco más de cuidado.

En otro orden de cosas diré que sigue sin tener muy claro (aunque se lo expliqué el “día de la música”) que cada canción que escucha o cada disco que ve, pertenecen a artistas distintos. La suerte hizo que, cuando camino del sur de las Landas francesas hace tres semanas hicimos noche en una casa rural cerca de Legutiano (Alava), en dicho pueblo hubiese un pequeño festival con bandas de la comarca. Cuando pasamos por la plaza a primera hora de la tarde estaban probando sonido y no fue consciente de lo que estaban haciendo pero, cuando a la hora de cenar volvimos a pasar, estaba tocando un grupillo de rhythm & blues, y allí nos quedamos hasta que terminaron. Fue en ese momento, mientras íbamos a buscar a su madre y su hermana que se habían alejado un poco por los decibelios, cuando me dijo que la había gustado mucho Neil Young y teníamos que ir a verle otra vez.

En cualquier caso lo más relevante que me ha sucedido estos días ha sido descubrir como mi niña rockera ha encontrado no sólo alguno de mis puntos débiles si no también la forma para tratar de sacarles partido. No recuerdo muy bien las circunstancias, pero el caso es que una tarde me enfadé bastante por algo que dijo o hizo y me fui a otra habitación para no estar con ella. De entrada ella siguió a lo suyo, pero al rato apareció por donde yo me encontraba y se puso a pasear delante de mí como quien no quiere la cosa. Al cabo de un par de minutos, cuando se dio cuenta de que no pensaba decirla nada y que el cabreo iba en serio, se sentó a mi lado y, tras cogerme el brazo y apoyar la cabeza sobre el, me dijo: “papi no te enfades, que a mi también me gusta Bob Dylan”...

Y ahí se quedó hasta que me ablandé y las cosas volvieron a ser como siempre.

lunes, 22 de junio de 2009

lunes, 18 de mayo de 2009

La niña rockera – VIII

Lo que en un principio pensaba contar este mes de mi niña rockera pasó a un segundo plano a raíz de los acontecimientos ocurridos hace una semana. Lo cierto es que son un par de pequeñas anécdotas y nada más pero, dadas las circunstancias, a mi me consolaron bastante y consiguieron arrancarme una pequeña sonrisa.

El martes pasado, mientras cenaba la niña, yo estaba escuchando el especial que estaba emitiendo Radio3 y, aunque aparentemente ella estaba a sus cosas y no hacía más que subirse y bajarse de la silla, en realidad la tía estaba pendiente de todo. Cuando en un momento dado alguien hizo un comentario sobre Antonio ella se paró en seco y volviéndose hacía mi me dijo. “papi, han dicho Antonio Vega, el que a ti te gusta...”.

No me sorprendió tanto que lo conociera como que pillara el nombre al vuelo cuando daba la impresión de que estaba metida en otras cosas. Desde hace un par de meses hay colgado en el pasillo un cartel de la gira que estaba haciendo por teatros, y varias veces me había peguntado por él, por lo que entendí que al menos el nombre la sonara. De momento no la he hablado ni enseñado discos y fotos de artistas nacionales, aunque ya se sabe un montón de canciones clásicas del rock español (y muchísimas más de las propias de su edad), pero por lo que vi esa noche en ese sentido no es muy necesaria mi presencia ya que ella misma va asimilando cosas sin necesidad de que yo la dé la tabarra.

Al día siguiente, mientras correteaba por el salón, volvió a encontrarse con su nombre (esta vez en la tele) y la debió sorprender la insistencia, ya que, aunque en ese momento se limitó ver las imágenes de la gente haciendo cola en la puerta del inefable edificio en el que se encontraba su capilla ardiente, al rato se me acercó y me dijo. “¿vemos los discos de Antonio Vega?”... Ni que decir tiene que me levanté como un resorte y nos pusimos a mirar todas las portadas de los vinilos (cuando la fui a enseñar las de los CD’s directamente me dijo que esas no las quería ver). La que más la gustó (la única diría yo) fue la de “Buena disposición” pero, por como se la quedó mirando y el gesto que hizo, sé que la que más la sorprendió fue la de “El momento”.

Soy consciente que estas reacciones y compartimientos de la niña rockera se deben a un enorme gesto de amor hacia mi, y que las cosas que dice y hace son todas por satisfacerme, ya que en el fondo a ella todos esos nombres que la digo la dan igual. Lo que la importan son las canciones y un poco las portadas y el color del vinilo, pero sin quererlo poco a poco se la van quedando otro tipo de cosas y eso, personalmente, me hace sentir satisfecho... Y es que poco más puedo hacer yo, un simple amante de la música, por la gente a la que admiro...

No podré participar en un futuro concierto o disco homenaje, ni las televisiones me darán la oportunidad de decirles lo importante que era para mi saber que Antonio estaba ahí, ni siquiera al final pude acercarme a darle el último adiós como me hubiese gustado... Lo que si puedo hacer es sembrar en mis hijas el amor por la buena música y darlas la posibilidad de conocer a aquellos que la transformaron en obra de arte, aunque sólo sea para que sepan que han existido y que formen parte de su cultura general. En cualquier caso, de momento, tendré que conformarme con su pequeño interés interesado ya que cuando se cansó, y buscando mi sonrisa y un beso, me mintió diciéndome ”papi, que a mi también me gusta Antonio Vega”, justo antes de darse la vuelta e irse con su música a otra parte.

sábado, 18 de abril de 2009

La niña rockera – VII

El gran acontecimiento para la niña rockera en el último mes, sin duda, ha sido la semana santa. Los tambores y las trompetas han animado la ciudad durante 10 días y ella no ha sido ajena a ello hasta el punto que esta misma mañana aún se paseaba por el pasillo con un embudo en la boca imitando las melodías que se escuchaban en las procesiones. Pero hablar de eso seria demasiado obvio ya que, aunque no les guste la música, no conozco un solo niño al que una procesión de la austera castilla le deje indiferente (a lo mejor una andaluza también, pero son de otra forma). Lo que quiero contar sucedió el domingo de ramos y me dejó impresionado, sobre todo, por ver como funciona en cerebro de una cría de poco más de tres años

Volvíamos hacia casa después de ver la procesión y tomar el aperitivo, y mientras atravesábamos una plaza empezó a llamarme mientras señalaba el cielo "papa, papa, mira". Al levantar los ojos vi como un globo, que se la había escapado a un niño sentado en una sillita y que lo seguía con la mirada, empezaba a elevarse. Yo la conteste algo así como que al niño se le ha escapado el globo sin darle mayor importancia, pero entonces ella me soltó la mano y, con el tono de quien cuenta algo cuya respuesta es muy fácil y le sorprende que el otro no la sepa, me dijo: "papito, que es como en Ping Floys, ¿no lo ves?..." Y lo vi... Lo que empezaba a perderse por encima de los tejados no era un simple globo, era la figura de un cerdo volando.

Mi niña rockera estaba viendo y viviendo a su manera la portada del "Animals" de Pink Floyd, y desde el primer momento eso es lo que a ella la vino a la cabeza al ver como el globo se le escapaba de las manos ya que al fin y al cabo eso es lo que la llama la atención cuando tiene la carpeta del disco entre sus manos. Un par de días después hice una entrada contando un poco por encima la historia de esa portada, y al verme escaneando la foto del cerdo entre las chimeneas de la "Battersea Power Station" de Londres como quien comenta que hace buen tiempo me soltó: "eso lo vimos nosotros, ¿te acuerdas?"

Pero a estas alturas la verdad es que casi cada día podría contar alguna anécdota sobre ella en relación con este tema de la música. Hoy, por ejemplo, hemos hecho nuestra visita semanal (que por desgracia últimamente no es tan semanal) a "Charly blues", y mientras yo me dirigía a las novedades ella se ha quedado a la entrada mirando las chapitas y decidiendo cual se iba a llevar. Entonces Charly se la ha acercado y, como estaba moviendo el culo, la ha preguntado si la gustaba lo que estaba sonado. Ella muy seria de ha vuelto y le ha respondido, antes de seguir con lo suyo (al final ha elegido una le The Misfits), "no, a mi me gusta Neil Young". Y mientras escuchaba como otro cliente comentaba algo así como “joder con la niña, ella si que sabe”, he sonreído y más ancho que largo he seguido mirando discos.

viernes, 20 de marzo de 2009

La niña rockera - VI

No deja de sorprenderme como ven el mundo los niños. Hace unos días estaban jugando en casa la niña rockera y su primo a cuidar a sus muñecos, y resulta curioso ver como imitan lo que ven a diario. Ya conté el mes pasado que ahora tiene una hermanita así que ahora, inevitablemente, es el nuevo “juguete” de la casa aunque para su madre y para mi lo sea de una manera y para ella de otra. Esa tarde me sentí caricaturizado al ver como los dos repetían las palabras que la digo a mi chiquitina y como copiaban mis gestos y movimientos... Pero lo que me llamó la atención fue ver como mi sobrino era el que encargaba de Laura (la muñeca que la trajeron los reyes) y ella cuidaba a su peluche favorito(un hipopótamo llamado Roco) y al plantearla mi duda (por que no la gusta dejársela a nadie) su respuesta, a modo de justificación, me dejo confundido... “Los Beatles también juegan con muñecas...”

De entrada lo que me llamó la atención fue que, sin haberse detenido nunca en exceso en la portada de “Yesterday and today”, lo que la llamase la atención fuese que el grupo estuviese rodeado de muñecas, algo que en principio no tendría por que extrañarla. Y eso me llevó a una segunda cuestión más desagradable. Desde pequeños la sociedad ejerce sobre sus miembros una influencia negativa que, en determinados temas, tiene más fuerza incluso que lo que los crios viven en su casa. Nosotros nunca hemos hecho distinción entre juguetes de niños y niñas y, a pesar de eso, en algún sitio (supongo que colegio o guardería) ya les ha recalcado que los chicos juegan a unas cosas y las chicas a otras. Ellos en su mundo lo ven normal por que realmente lo es pero, por desgracia, esa limpieza de mente entre todos nos encargamos de ensuciarla llenándola de prejuicios desde demasiado pronto.

Pero todo esto viene, anécdotas y reflexiones personales al margen, a que mi niña sigue dándome muestras de lo íntimamente ligada que están ya a su vida la música y todo lo que la rodea, hasta el punto de ser capaz de utilizar como referencia la portada de un disco para justificar una conducta. Y si los adultos a la hora defender una postura nos apoyamos además de en nuestro criterio en que lo hemos leído en el periódico o escuchado en la radio, ella lo hace en lo que la aporta credibilidad que en este caso son los discos (en otras ocasiones es su profe, en otras su madre... curiosamente siempre en función de sus intereses).

De todas formas no necesito de ejemplos tan rebuscados y retorcidos para saber que el gusanillo de la música lo tiene muy dentro. Se pasa gran parte del día cantando y, no sólo su repertorio sigue creciendo a buen ritmo, si no que además lo hace muy bien, entonando perfectamente y repitiendo exactamente la forma de cantar el artista. Ultimamente se hace acompañar de unas maracas y lleva el ritmo perfectamente perdiendo el compás en contadísimas ocasiones, por lo que creo que, al margen de lo que pueda estar viendo en casa, tiene algún don del que el resto de la familia carece. También la gusta bailar y como en alguna de las tiendas por las que pasamos cuando estamos de paseo tenga la música puesta, no duda en entrar y mover un poco el culo antes de seguir con su (nuestro) camino, así que casi permanentemente soy testigo de su afición por la música...

Y además ya me ha pedido que la lleve a un concierto...

La última muestra la he tenido esta misma noche. Estaba tratando de dormir a su hermana cantándola “Los aviones” de Calamaro cuando ha entrado en la habitación que estaba casi a oscuras. Yo paseaba con la pequeña de un lado a otro y al verla la he dicho que esa canción también se la cantaba a ella cuando la acunaba en mis brazos. Se ha sentado con las piernas cruzadas en el suelo y me ha pedido que empezase otra vez. Yo me iba moviendo pero veía como no me perdía de vista ni un instante y tenia la sensación de que no estaba escuchándome, pero al acabar, cuando la he preguntado si se acordaba de ella me ha dicho mientras negaba con la cabeza: “que bonita, cántala otra vez y me la enseñas”... Y claro yo he vuelto a empezar mientras seguía moviéndome de arriba a abajo de la habitación pensando en ponerla mañana el tema original para que se lo aprenda de quien tiene que hacerlo...

miércoles, 18 de febrero de 2009

La niña rockera - V

La niña rockera ya no está sola. Desde hace unos días ha dejado su condición de solista para entrar a formar parte de un dúo y, aunque aparentemente no se lo ha tomado mal, habrá que dejar que pase un tiempo para ver que tal se adapta al nuevo formato. De momento todo sigue más o menos igual, y cuando voy a buscarla a la salida del cole sigue pidiéndome que la cante alguna canción de las que a ella la gustan. El problema llega cuando lo que me pide se encuentra en el extremo contrario de mis preferencias musicales y encima el artista en cuestión me resulta desagradable y antipático.

Ni que decir tiene que, llegado el caso, hago de tripas corazón y me marco un dueto con mi niña sin que me importe demasiado ir por la calle más importante de la ciudad dando la nota. Además pedirle a un niño discreción y mesura resulta imposible por lo que lo normal es que la gente se gire con una sonrisa en los labios cuando ven a mi pequeñaja cantando a grito pelado el último hit del momento... Por que esa es otra de las cosas que me gustaría mencionar. La influencia de los medios es tan salvaje que, una niña de tres años que no escucha en su circulo familiar una clase concreta de música, es capaz de aprenderse al dedillo una canción sin que nadie se entere y dejarte con la boca abierta en el momento en que decide cantarla.

Algo así me sucedió una noche mientras la bañaba. Habíamos estado repasando algunas de las canciones que más la gustan con sus correspondientes representaciones (es muy gesticulera y la encanta mover las manos y el culo cuando canta), cuando de repente, cuando estoy a punto de sacarla, se arranca con el tema “Tenía tanto que darte” de Nena Daconte. Aunque la sorpresa no me dejó reaccionar y la miré con cara de tonto, he de reconocer que al llegar al estribillo no pude evitar echarla una sonrisa y pegarla un besazo ante la emoción y sentimiento que fue capaz de imprimirle a la canción al decir eso de “...tenia tanto amor guardado para ti...” mientras me miraba...

El consuelo lo tengo en que la sigue encantado mirar cada día los vinilos, ahora con un nuevo reto que se ha autoimpuesto ella misma y que consiste en encontrar discos de colores. Hace ya varias semanas, al ir a poner el LP que había elegido (el “Impermeable” de Carlos Berlanga que tiene en su portada como gotas de agua), se dio cuenta de que era transparente y a partir de ese momento su interés dejo de estar en escucharlo para intentar poner toda la manaza encima y mirar a través de el. Desde ese día cada vez que se encuentra un vinilo negro (qué es lo habitual ya que en mi colección los que no lo son no llegan a ochenta) me dice “mira papito, que disco más aburrido”, y aunque se sienta a escucharlo yo se que en su cabeza está buscando alguno con un color que no haya visto.

Ya he comentado en otras ocasiones que sé que, al menos durante bastante tiempo, tengo la batalla de la música completamente perdida. Por ahora lo que realmente la gusta es lo que corresponde con su edad, y en este momento su gran pasión se llama “cantajuegos”, que son unos señores rodeados de niños escenificando con bailecitos y todo tipo de parafernalias los grandes clásicos del cancionero infantil y que a ella la encanta repetir una y otra vez. Lo cierto es que no me preocupa demasiado ya que sé que tarde o temprano todo esto pasará (cómo lo hicieron los Lunnis, Enrique y Ana o los payasos de la tele), y que probablemente esa búsqueda de vinilos de colores la lleve a encontrarse, dentro de unos años, con el disco que haga que definitivamente su vida cambie... Ojala que así sea...

viernes, 16 de enero de 2009

La niña rockera - IV

Fue hace un par de semanas cuando, por fin, la niña rockera me pidió que la pusiera el “Their satanic majesties request” de los Stones. Desde muy pequeñita la llamó la atención el gorro que lleva Mick Jagger en la foto de portada (capirote negro con una media luna dorada) y empezó a referirse a él como “el disco de la bruja”. Y a pesar de encantarla y cogerlo todos los días para verlo nunca había tenido la curiosidad de como sonaba hasta principios de año. Tengo que decir que no la gustó y enseguida se puso a juguetear con el periódico hasta que, a la tercera canción, se fue a su habitación en busca de algo que la entretuviera más. En cualquier caso sigue sentándose a ver su portada casi a diario y, cuando viene su primo de visita, lo primero que hace es pedirme que le enseñe la bruja, por lo que supongo que de momento no les ha puesto la cruz y más adelante tendrán otra oportunidad...

Pero hoy no pretendía hablar de la relación de la niña rockera con los Stones si no con las nuevas tecnologías. Cuando uno camina de forma irremediable hacia los 40 y se relaciona con gente de su generación, no es consciente de que los más jóvenes están viviendo en un mundo totalmente distinto al que nos toco vivir a nosotros. Cuando yo era niño el tocadiscos y el radiocasete era los únicos medios para escuchar música, pero es que eran los mismos que usaban mis padres por lo que vivíamos más o menos en el mismo plano y, si mi padre me contaba algo de su vida, yo al menos entendía por donde iban los tiros.

Ahora es distinto y mi niña, cuando crezca, me mirará como a un marciano cuando la diga que yo crecí con la tele en blanco y negro o sin mando a distancia, pero es que ya ahora, con apenas tres añitos, empieza a percibir que hay cosas que nos separan aunque no sepa muy bien cuales son. La última vez que subimos al rugby se vino con nosotros su primo, así que me tocó coger el coche de mi hermana que tiene montadas dos sillitas. Se trata de un modelo un poco antiguo (pero no tanto) y lleva instalado un radiocasete. Ella nunca había visto ninguno y la hizo gracia meter la cinta y ver que empezaba a sonar la música, pero no fue hasta que al cabo de dos canciones quiso volver a escuchar una y vio que no era tan fácil como creía, que no se dio cuenta de que había algo que se escapaba de su control.

El problema está en que la paciencia no es un valor en alza entre los niños y que, acostumbrados a que con apretar un botón es suficiente para volver a escuchar una canción, el concepto “rebobinar” se les escapa completamente. Empezaron a protestar y pedirme insistentemente que se la pusiera otra vez, pero lo peor llego cuando me pasé de frenada y lo que empezó a sonar fue el final del tema anterior. “Esta no es, esta no es, esta no es...” y así hasta que terminó y empezó la que ellos querían escuchar. La situación se repitió un par de veces más, y debieron darse cuenta que algo raro pasaba por que en el resto del viaje no volvieron a pedirme que repitiese ninguna canción.

El punto final de esta historia la puso ayer mismo cuando al subirse a nuestro coche, y mientras la ataba en su sillita, me dijo que la gustaba más este por que se podían repetir las canciones. Son pequeños pero no tontos y, al ritmo que avanza la tecnología, pronto seremos nosotros los que a sus ojos parezcamos idiotas cuando se pregunten como pudimos vivir sin... Y será peor cuando tratemos de convencerles que, a veces, así era mejor...

viernes, 19 de diciembre de 2008

La niña rockera - III


Estamos en navidad, y dadas las circunstancias, puedo decir que mi niña rockera sigue dándome pequeñas satisfacciones (musicales, claro, que de las otras tengo un saco lleno). Resulta increíble el bombardeo de villancicos al que estamos sometidos y que, sin la presencia de un niño en tu vida, pasan absolutamente inadvertidos. Si a mi me hubiesen preguntado hace unos años si se escuchaban muchos o pocos en estas fechas, yo me hubiese quedado sin dudarlo con la segunda opción... y me hubiese equivocado de cabo a rabo. Tenemos esas cancioncillas tan metidas dentro de la cabeza que no eres consciente de la cantidad de veces que suenan hasta que tienes alguien cerca que te lo recuerda a cada instante.

Al margen de las influencias que pueda haber recibido en casa, a la niña rockera la encanta cantar. Cuando escucha una canción que conoce enseguida se anima y se pone a hacer los coros, por lo que es fácil imaginar que desde hace unas semanas salir con ella a la calle es un autentico espectáculo. Da igual el sitio al que entremos por que siempre está sonando por el hilo musical un villancico, así que, en cuanto identifica del que se trata, ni corta ni perezosa, se pone a cantarlo a gritos sin importarla que sea el supermercado, un centro comercial, la plaza mayor o la consulta del pediatra. Para ella cualquier sitio es bueno cuando de lo que se trata es de cantar.

Pero a pesar de esa saturación (o gracias a ella), todavía tiene hueco en su cabeza para las otras canciones. A estas alturas el concepto de posesión ya lo tiene muy asimilado, y se dedica a marcar la diferencia entre la que es su música y la que es mía, y cuando escucha algo, la gusta recalcar si esa melodía la pertenece a ella o a mi. Y en esa lucha diaria estábamos la semana pasada cuando, mientras la bañaba, en la radio sonó el “Salta” de Tequila. Desde muy pequeñita hay una serie de canciones que por su ritmo, temática o la sencillez del estribillo se las iba colando entre las de los Lunnis o los discos infantiles que escuchaba, y si bien al principio protestaba, con el tiempo acabó aceptándolas e incluso algunas se las aprendía para luego cantarlas.

Esa noche mientras la quitaba el jabón descubrí que “Salta” ya no me pertenecía, pero es que además tampoco podía escuchar sin su permiso “Adiós papá” de Los Ronaldos, “Manolito” de Toreros muertos, “Música ligera” de Pereza o “La del pirata cojo” de Sabina. Evidentemente me hice el ofendido y reclamé mis derechos sobre esos temas, pero ella tenia claro que, tan suyos eran “Susanita”, “Nos vamos a la cama” o “El patio de mi casa” como los otros y por mucho que la dijese nada iba a hacerla cambiar de opinión.

Algo parecido sucede con los vinilos, y parece que cada vez hay más que son de su posesión. Por sistema los que tienen dibujos, animales y medios de transporte (trenes, aviones, barcos, coches...) en la portada son suyos, pero si además hay bichos raros o macabros como en las de Dinosaurs Jr, la batalla está perdida antes de empezar a discutir.

Y a pesar de todo lo dicho, aún me guardaba una ultima sorpresa en el zurrón. Cuando el domingo nos subimos al coche para ir al rugby y empezaron a sonar Enrique y Ana, desde el asiento de atrás escuche que me decía “papi, quita eso y pon una de las tuyas”... Y no me quedo más que girarme, coger su manita y dejar que se me escapara una lagrimita mientras la tiraba un beso.

martes, 18 de noviembre de 2008

La niña rockera - II

Hoy la niña rockera, mi niña rockera, cumple tres añitos. Y como ayer nos enteramos de la muerte de Ray Lowry, el diseñador de la portada del "London calling" de The Clash, hemos decidido rendirle desde aquí nuestro particular homenaje. Porque además la casualidad ha querido que, hace apenas un par de semanas, ella descubriera este disco y yo que mi chiquitina estaba empezando a perder la inocencia.

Sentados delante de los vinilos empecé a enseñarle portadas, y al llegar a ésta se la quedo mirando fijamente con cara de sorpresa. Me miró entonces toda preocupada y me dijo "papi, que la está rompiendo", pero en apenas unos segundos una sonrisa pícara se la dibujo en los labios y me preguntó "¿no le vas a reñir?". Y no me dio tiempo a responder ya que se levantó y salió hacia el salón, dándome a entender que ya había elegido lo que íbamos a escuchar ese día.

Desde ese momento ha escogido algunos discos que me han llamado la atención. Por ejemplo los Dinosaur Jr la tienen fascinada, ha sustituido los servicios del “Beggars banquet” de los Stones por el que ella llama "el de la bruja" (Mick Jagger con un sombrero en “Their satanic majesties request”), pasa de la vaca de Pink Floyd y solo quiere ver la gárgola de “Chlonic town” de REM y para colmo insiste en que la portada del primer disco de Los Ilegales es igual que la de “Ruleta rusa” de Sabina. Además, si a esto le sumamos que la chapita que se llevó el otro día era de The Crapms, y que me pide que la ponga en la tele a la bruja avería, sólo me cabe pensar que algo está cambiando en mi niña rockera, y que el bebé que fue ya no lo será nunca más.

viernes, 17 de octubre de 2008

La niña rockera

No exagero si digo que la primera palabra que salió de la boquita de mi niña fue Beatles. Bueno, la primera tal vez sea pasarse un poco, pero seguramente en el camino que va del mamá al papá si que la dijese mientras los señalaba con una amplia sonrisa. En mitad del pasillo tenemos un gran cartel en la que se los ve paseando por las calles de Londres, y cada vez que pasábamos por delante la decía quienes eran y aprovechaba para soltarla mis primeros rollos de los que, evidentemente, no se enteraba.

Trataba de dormirla cantando el "Honestidad brutal" de Calamaro, y antes de cumplir los dos años ya reconocía a Dylan detrás de sus gafas de sol, que el disco de la vaca era de Pink Floyd y que lo que más le gustaba a su papá era Neil Young. Desde el principio la incluí en mis rutinas musicales por que no quería renunciar, ni a pasar mucho tiempo con mi niña, ni a disfrutar de mi pasión. Cada semana nos acercábamos a una tienda de vinilos de segunda mano que hay cerca de casa, y casi siempre salíamos con la chapita de la lengua roja que ella llamaba "Stones" (aunque alguna vez la convencí para que se llevase una con un plátano, un submarino amarillo, un triángulo con el arco iris o la bandera británica con The Who en el centro). La acurrucaba en mi regazo cuando me sentaba a escuchar música y, si la apetecía bailar y saltar, tenia que aguantar sus cabreos si no la ponía algo con el ritmo adecuado. Empezaba a tener el gusanillo en el cuerpo.

Ahora, a punto de cumplir los tres, es ella la que elige el disco que vamos a escuchar y me esta ayudando a redescubrir melodías que vivían en el fondo de mi memoria. Después de comer la siento delante de la estantería de los vinilos, y jugamos a que me diga que cosas la llaman la atención de las portadas. Una vez que ha elegido el que más la gusta lo ponemos en el plato, limpiamos un poco su superficie, colocamos encima la aguja, ella la baja lentamente con la palanca y, mientras lo escuchamos, jugamos o leemos un rato. Y así es como, detrás de los camellos de "Caravanserai" he vuelto a reencontrarme con Santana, las cobras y el colorido del "Axis: bold as love" me han llevado de nuevo al momento en que me di cuenta que lo que realmente me gustaba era un punteo de guitarra y que Hendrix era irrepetible o el gatito a los pies de Carol King en la portada de "Trapestry" me ha hecho recordar que la primera mujer a la que ame fue ella.

Aún no la he llevado a un concierto (y supongo que tardará en llegar ese momento) pero estoy convencido que será una experiencia inolvidable para ella. En el día de la música disfrutó con las actuaciones que había por las plazas de la ciudad, me hace parar a escuchar un rato a los músicos callejeros cuando nos cruzamos con ellos, la gustan los tambores y trompetas de la semana santa, y en general cualquier situación en la que suenen de fondo una melodía, consigue que su atención se desvíe directamente a ese punto.

Sé, en cualquier caso, que mi guerra está perdida. Para empezar cuando se mete a jugar en su habitación me pide que la ponga sus canciones, ha pasado de adorar a los Lunnis a volverse loca con Enrique y Ana, y cuando vamos en el coche ha logrado que sus discos suenen casi tanto como los míos. Empieza a tener su propio criterio sobre lo que la gusta y lo que no, y eso se lo voy a respetar siempre, aunque en mi labor como educador tengo un papel que cumplir.

Y al igual que existe la buena y la mala literatura, el cine de autor y el comercial, el arte serio y el que no lo es, también existe la música de calidad y la usar y tirar, y de mi depende que tenga la formación necesaria para saber diferenciar entre lo que merece y no la pena. Y luego ella solita, como siempre ha ocurrido a lo largo de la historia, elegirá su propio camino...