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martes, 3 de marzo de 2009

Rodríguez, una especie que desaparece

Es una opinión muy personal pero, al margen de lo que me pueda parecer Andrés Calamaro como persona (que he de confesar que no me cae excesivamente bien), creo que Los Rodríguez son la mejor banda en castellano de la primera mitad de los 90. Podremos discutir si fue el carácter de su frontman lo que les hizo amados y odiados a partes iguales, si al final de su corta carrera fueron demasiado mediáticos y comerciales o si musicalmente no aportaron nada digno de mención... Hay críticas que comparto y otras que no, pero en cualquier caso lo que es innegable es que su primer disco es el mejor de rock and roll de la década, que pocos grupos se lo curraron tanto como ellos y que nadie sonó en directo esos años tan bien como Los Rodríguez.

Parece ser que después de 14 años por fin va a ver la luz el documental que rodó Sergio Bellotti durante la gira argentina de la banda en 1994. Desde hace años se sabe de la existencia de esas imágenes y de hecho, cuando en 2002 se anuncio la aparición de “Para no olvidar” (un 2CD+DVD con inéditos, directos, maquetas, cientos de imágenes desconocidas, los videos...), se pensó que estas formarían parte de alguno de los documentales que se iban a incluir.

Bajo el título “Los Rodríguez: 100 pájaros” se recogen filmaciones del grupo mientras estaba de gira por Argentina en 1994, justo después de que su disco “Sin documentos” arrasase en España y justo en el momento en que lo hacia allí. Hay que recordar que entre la llegada de Calamaro a Madrid a finales de septiembre de 1990 y el despegue del grupo en el verano de 1993 la situación de la banda no fue nada buena. Carecían de discográfica, cambiaron 3 veces de bajista, actuaban por lo que les dieran, grababan donde pillaban... hasta que con la aparición del disco por fin cambio su suerte. Llenaron “Las Ventas” en septiembre después de dar 46 conciertos por todo el territorio patrio, y para el año siguiente, además de otras tantas actuaciones por aquí se plantearon como objetivo cruzar el charco.

Y esa gira por tierras argentinas es la que se recoge en este documental que ahora se presenta en el “Primer Festival Internacional de Cine y Documental Musical In-Edit Cinzano”. Cuentan que es una road movie que recoge entrevistas e imágenes en los backstages de los conciertos en la que Ariel Rot, Andrés Calamaro, Julián Infante, Germán Vilella y Dani Zamora bajan la guardia y dan lugar a anécdotas y momentos memorables que espero que en no demasiado tiempo podamos disfrutar todos en nuestra casa (supongo que aunque no se estrene comercialmente aparecerá en DVD). Uno de esos momentos es el encuentro con Maradona, por intercesión de Fito Paez, días antes de partir hacia el mundial de Estados Unidos y con los que Andrés se marca un trío, o las conversaciones con “la mona” Jiménez y Charly García antes de que estos perdieran la amistad de tantos años.

Probablemente estos sean los últimos momentos felices de la banda ya que Calamaro estaba recibiendo ofertas para sacar un disco en solitario y había decidido disolver el grupo. A pesar de todo el año siguiente grabarían “Palabras más, palabras menos”, tras aceptar el resto la condición que puso Andrés para que se firmase un contrato cambiando el reparto de beneficios en favor suyo. Y aunque hicieron un par de giras más (incluida una con Joaquín Sabina en la que compartían varias canciones) en las que siguieron sonado de maravilla y perfectamente conjuntados, la banda ya estaba tocada de muerte. Apenas se hablaban entre ellos, viajaban cada uno por su lado y sabían que tras el verano de 1996 cada uno continuaría por su propio camino, pero sobre el escenario siguieron entregándose hasta la última noche como el primer día

Julián Infante murió el 4 de diciembre de 2000 y Dani Zamora el 29 de noviembre de 2007... El grupo se despidió con un recopilatorio al que añadieron algún tema en directo, varios regrabados y un par de maquetas al que llamaron “Hasta luego”... Curioso titulo cuando en realidad todos sabían que aquello era un hasta nunca...

miércoles, 22 de octubre de 2008

Alta honestidad / Suciedad brutal

Mañana es el 57 cumpleaños del gran Charly García, y lo más normal habría sido dedicarle a él estas líneas. Pero sucede que he visto que Calamaro anda de gira por hispanoamérica, y ya que ambos tienen algunos puntos en común, y el bueno de Charly está recibiendo palos a diestro y siniestro tras su ingreso en un psiquiátrico, sólo me quedaba, o elogiarle hasta la nausea propia y ajena (y no tengo mucho cuerpo para hacerlo) o reflexionar un rato sobre los últimos años de Andrés... y que saliese lo que dios quisiera.

Para empezar diré que creo que, si el rock en castellano a lo largo de los 90 tuviese que tener un solo nombre escrito en letras de oro, este debería ser el suyo. Si se mira objetivamente lo que hizo a lo largo de esa década solo cabe quitarse el sombrero y aplaudir. Y es que primero en compañía de Rot, Infante, Vilella y Zamora, y luego en solitario, reinventó el rock en castellano absorbiendo desde el tango y la canción sudamericana al reggae, la rumba y el rock and roll de toda la vida, para devolvernos un cóctel de ritmos y emociones en forma de canciones que se clavaban directamente en el centro del estómago y conseguían que te retorcieses de placer y de dolor a partes iguales (o viceversa).

Tras el final de Los Rodríguez, y antes del nuevo milenio, tuvo tiempo de facturar dos discos soberbios. En 1997 "Alta suciedad" podría haber sido perfectamente la continuación lógica del "Palabras más..." y no habría desentonado lo más mínimo dentro de la discografía de la banda. Muy guitarrero y lleno de pegadizos estribillos, está compuesto bajo unos patrones que no hacían presagiar lo que se nos avecinaba. En 1999 y metamorfoseado (solo hace falta ver la portada del disco) en Dylan nos escupió "Honestidad brutal", una obra de arte magistral en la que desparrama todo su talento en una colección de canciones que alcanzan la condición de prodigio si las analizas en su globalidad, y de milagro si lo haces individualmente. Compuesto durante la ruptura con su pareja, no ha vuelto a facturar nada que aguante medio asalto en una comparación con el. Es su obra cumbre, así que desde ahí sólo cabía un viaje al fondo del pozo.

Instalado en Buenos Aires consiguió que en 2000 le publicasen "El salmón", un álbum quintuple con primeras tomas que podría haber sido un interesantísimo bootleg, pero que está muy poco trabajado y es demasiado denso e inabarcable para ofrecerlo como obra al mismo nivel de las anteriores... Y después el silencio. Continuó con un ritmo frenético de composición y grabación, y creo que poco a poco fue fraguando el principio de su fin. Una canción debe tener su propia vida y esperar que el tiempo las deje su poso y las vista, pero en este frenesí lo olvidó y dotó de igual categoría todos los temas ya fuesen potencialmente buenos, regulares o malos. Regaló cientos de maquetas y se encerró en su mundo aislándose completamente del exterior.

Hasta 2005 que volvió a subirse a un escenario tras más de un lustro sin hacerlo, solo publicó "El cantante", un disco en el que ejerce de crooner con tres canciones propias y el resto clásicos de la música sudamericana. Después vino un directo grabado con Bersuit como banda de apoyo en lo que fue conocido como "El regreso", varias giras en compañía de gente como Ariel Rot o Fito y sus Fitipaldis, un disco de tangos, y por fin en 2006 el autentico retorno al estudio para grabar temas nuevos. En "El palacio de las flores" el grueso del disco son temas ya colgados en la red con el lavado de cara que supone pasar por un estudio, un par de versiones y algún tema de Litto Nebbia que ejerce de productor. Agua para su primer disco en siete años.

"La lengua popular" es un retorno a las guitarras, pero en este punto ya poco importa lo que haga. La gente le considera un mito al que todo se le perdona y un par de canciones justifican un disco. Porque ese (y no es poco) es todo su bagaje. Una soberbia colección de temas que defender sobre un escenario mientras espera que la lucecita de la genialidad vuelva a encenderse, aunque me temo que eso no sucederá. Ahora es feliz, ha sido padre, y los tiempos de la alta honestidad y la suciedad brutal pasaron a mejor vida hace tiempo... y ya no volverán.