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miércoles, 17 de junio de 2009

Tras el muro de Pink Floyd - III (Los conciertos)

Con el disco ya en la calle, a Pink Floyd aún les quedaba la difícil tarea de difundir tanto la obra como su significado. Después de sus últimas experiencias en directo Waters decidió que esta vez no actuarían en grandes recintos por lo que se plantearon construir una gran carpa portátil con forma de babosa y 5000 espectadores de capacidad, para ir montándola en cada ciudad. El excesivo coste que supondría hizo que se desestimara el proyecto, por lo que buscaron recintos de tamaño mediano (entorno a 15000) que se ajustasen a las necesidades del montaje, y al final se decantaron por cuatro únicas sedes en las que actuarían varios días. Al final las fechas se cerraron así:

· “The Sports Arena” de Los Angeles - 6 conciertos entre el 7 y el 13 de febrero de 1980
· “The Nassau Colliseum” de Nueva York – 5 conciertos entre el 24 y 28 de febrero de 1980
· “Earls Court” de Londres – 6 conciertos entre el 4 y el 9 de agosto de 1980
· “Westfallenhalle” de Dortmund – 8 conciertos entre el 13 y el 20 de febrero de 1981
· “Earls Court” de Londres – 5 conciertos entre el 13 y el 17 de junio de 1981

Pero esto es el final de la historia ya que, lo que se encontraron los que asistieron a la primera representación de “The Wall”, hacia más de un año que había empezado a fraguarse en las primeras reuniones de Waters con el dibujante Gerald Scarfle en las que, además de la carpeta, le encargó que diseñase los títeres gigantes (el director de la escuela, la madre y la señora Pink) que utilizarían en los conciertos, y los dibujos animados que se proyectarían sobre el muro que servirían de ayuda para comprender la obra en toda su dimensión (y que también se usaron en la película). Durante ese año Scarfle contó con 20 dibujantes que se encargaron de hacer los dibujos aunque, como en un principio el estilo de estos era demasiado Disney, les costó arrancar.

En cualquier caso todo eso era secundario cuando lo que pretendían era tocar detrás de un muro que los separase del público. Se barajaron varios materiales aunque al final se decantaron por hacer los 340 ladrillos de cartón con un tamaño de metro y medio cada uno que, una vez montados tendrían un tamaño de 49 metros de largo por 11 de alto. Los responsables del escenario fueron Mark Fisher y Jonathan Park y el principal problema con el que se encontraron fue el como irían elevando y colocando cada pieza. Idearon un sistema de montacargas hidráulicos que, además de para izar los bloques, también usarían Waters y Gilmour en varias fases del show, y además la forma de derrumbar el muro al final sin causar daños y los sistemas de seguridad para el público y los trabajadores.

Los ensayos se desarrollaron a lo largo de 10 días en un estudio de cine de Culver City y luego pasaron varias semanas montándolo todo en el “Sports Arena” de Los Angeles. El tiempo se les echaba encima y el llevar a la práctica lo que habían ideado en un papel se hizo más complicado de lo que esperaban. Las animaciones, por ejemplo, finalmente tuvieron que hacerse en tres pantallas diferentes y por triplicado para abarcar la mayor parte del muro en lugar de una sola que fuese capaz de recubrirlo entero. Hasta cuatro días antes no se levantó el muro completo, y 24 horas antes de empezar el show tuvieron que contratar a un experto que solucionase todos los problemas de iluminación que estaban teniendo, lo que da idea del ajetreo y tensiones que se vivieron hasta el último minuto.

Al final todo salió bastante bien en el estreno aunque, como los operarios apenas habían tenido tiempo para entrenarlo y estaban poco rodados, tardaron 8 minutos más de lo debido (el ultimo ladrillo que colocaba Waters para cerrarlo definitivamente) en hacerlo, por lo que la banda tuvo que improvisar una pieza instrumental que habían esbozado por si surgía algún problema y tenían que usarla como comodín hasta que se solucionase. Otro accidente fue que cayeron unas telas que había en la parte alta del recinto y que se habían incendiado con los fuegos artificiales pero en general el resultado fue muy satisfactorio a pesar de que aún tenían muchas cosas por pulir.

Los conciertos empezaban con las fanfarrias de “In the Fresh?” y cuatro músicos con caretas haciendo que tocaban en primer plano del escenario mientras los originales se encontraban en un discreto segundo plano. La gente en principio pensó que se que trataban de Pink Floyd, aunque en realidad eran Endy Brown (bajo), Snowy White (guitarra), Willie Nelson (batería) y Peter wood (teclados) cuya labor era la de apoyar y sustituir a los originales en caso de necesidad. La primera parte del show se desarrollaba con la banda tocando mientras se levantaba pared que los iba ocultando poco a poco de la vista del público.

Después del descanso, con el grupo tras el muro, llegaba la hora de las proyecciones (antes habían sido en la clásica pantalla circular que usaban ellos), los títeres y algún momento espectacular como cuando se abría una parte del muro y aparecía una habitación de hotel en la que Waters cantaba “Nobody home” o el impresionante solo de “Comfortably numb” con Gilmour en lo más alto del muro y un foco a su espalda que hacia que su sombra se proyectase sobre todo el auditorio... El fin de fiesta se producía con la caída definitiva del muro y la interpretación de “Outside the wall”.

Se ha utilizado como crítica a los shows la excesiva rigidez del espectáculo y que los tiempos tan medidos para que todo encajase restaba frescura a la interpretación. Yo creo que a ese argumento se la puede dar la vuelta y aceptar que, más que un concierto de rock, aquello fue una auténtica representación teatral que, probablemente, ha sido el montaje más espectacular que se ha presentado nunca sobre un escenario. Y en este punto es donde hay que destacar nuevamente la presencia de un Gilmour que se ocupó de la dirección musical y de controlar y dirigir todo lo que sucedía detrás del muro.

El último ladrillo de esta entrada se lo quiero dedicar a Richard Wright que al final fue el único Floyd que ganó dinero con este montaje. En octubre de 1980 fue expulsado aunque se llegó al acuerdo de que participase en los conciertos como músico asalariado para luego desaparecer sin hacer ruido. Al final los altos costes del montaje hicieron que los gastos superasen a los beneficios por lo que los ya tres miembros del grupo tuvieron que hacer frente a las deudas. Como casi desde el principio se vio que eso iba a ser así, al final de la parte americana del tour la banda se plateó la oferta de dos millones de libras por hacer dos conciertos en el estadio RFK de Filadelfia. Bueno, se lo plantearon Gilmour, Mason y el manager ya que Waters se negó en redondo ya que el sentido original de “The Wall” era presentar una declaración en contra del rock de estadios. Al principio se revelaron y amenazaron con hacerlo ellos solos, pero al final y según palabras del bajista “no tuvieron cojones de hacerlo sin mi”... Al menos, aún no...

Pero antes de que ese momento llegase todavía tenían que hacer una película y adaptar y grabar su banda sonora. Esperaban que el éxito de publico y crítica viniese acompañado del beneficio económico ya que, tras el escándalo “Warburg” y las pérdidas en los conciertos, sus arcas estaban vacías aunque, para ser sinceros, hay que decir para ser justos que los derechos por sus álbumes (se seguían vendiendo a muy buen ritmo) nunca llegaron a amenazar su bienestar económico...

miércoles, 10 de junio de 2009

Tras el muro de Pink Floyd - II (El disco)

La semana pasada dejamos a los Pink Floyd tras haber decidido trabajar en la idea de Roger Waters de levantar un muro entre el grupo y su público. La base sobre la que había trabajado el bajista era que cada ladrillo que se iba añadiendo al muro representaba un momento se su vida, como la muerte de su padre en la Segunda Guerra Mundial al poco de nacer, su relación con una madre muy protectora, el sistema educativo británico... Desde ese momento la historia se centra en los aspectos relacionados con el rock siguiendo la irrupción, éxito caída de una estrella de rock llamada Pink y que acaba imaginándose a si mismo como un dictador fascista capaz de dirigir a las masas a su antojo.

Ya comente que el concepto de la historia y las letras estaban muy bien trabajadas en las maquetas que Waters había grabado, aunque la cuestión musical dejaba bastante que desear y ese era el punto en el que deberían centrarse a la hora de trabajar. Al ser un álbum que tendría alrededor de 26 temas (más que la suma de los 3 discos anteriores) y debido a que el formato de los temas cambiaba completamente respecto a lo que habían hecho anteriormente, con buen criterio decidieron (es una forma de hablar y que el 90% de las decisiones las tomó Waters) contratar a alguien que les ayudara a poner en orden y dar cohesión a todo lo que querían contar, eliminara lo superfluo y pulir el material inicial tanto en lo musical como en la forma de contar la historia. El elegido fue Bob Ezrin.

La fase de preproducción fue muy dura y los enfrentamientos entre Waters y Gilmour fueron constantes. A estas alturas nadie niega que la colaboración del guitarrista y Ezrin fue determinante en el resultado final, no solo por todas las aportaciones que hicieron en casi todos los temas cambiándolos en muchos casos completamente, si no por que esa tensión permanente sobre la dirección que debía tomar las canciones hacían que Waters se creciera y apareciese con nuevo material que se iba incorporando al proyecto sobre la marcha. La parte del trabajo de desarrollar la idea del álbum y grabar las primeras versiones se realizó en los estudios “Britannia Row”, aunque los problemas financieros y con el fisco hicieron que para la grabación tuvieran que trasladar su campo de operaciones primero a Francia (donde se grabó casi todo el material) y posteriormente a Los Angeles (donde acabaron de grabar y se hicieron las mezclas).

Durante el periodo de grabación en Francia quedó claro que la tensión entre los miembros hacían difícil la convivencia entre ellos y más cuando tanto a Richard Wright como Nick Mason (como se le había dicho antes a Ezrin aunque al final con su trabajo se ganó el aparecer) se les informó que no figurarían como productores y no cobrarían nada en ese concepto. Otra victima de Waters en ese disco fue Storm Thorgerson al que, tras años diseñando las portadas de sus discos, no se le permitió participar en el proyecto. En su lugar (a pesar de que el trabajo de Thorgerson junto a Pink Floyd es simplemente soberbio y merece comentario aparte, vistos los resultados finales está claro que su sustitución fue un acierto) contrató al dibujante Gerald Scarfle que ilustró la parte interior del álbum con alguna de sus criaturas y la memorable imagen de los martillos desfilando y diseñó junto la funda exterior que es un simple muro en el que no aparece el nombre ni del disco ni del grupo y que impacta por su sencillez.

Pero la gran crisis no llegó hasta casi el final de la grabación cuando Wright fue despedido fulminantemente por Waters por preferir seguir de vacaciones a regresar a terminar el disco. Como ya he contado, la primera fase de la grabación (en Francia entre abril y julio) había sido complicada por la diversidad de criterios sobre el enfoque de las canciones, lo que había hecho que no se avanzase lo suficiente. En agosto todos se fueron de vacaciones con la idea de regresar en octubre pero, dado que el retraso que llevaban hacia que peligrasen los anticipos que habían cobrado para tener acabado el disco antes de noviembre, se decidió que había que regresar una semana antes cosa que el teclista no hizo. A pesar de ser una decisión personal de Waters, ni Mason ni Gilmour opusieron resistencia alguna, el primero por si él era el siguiente, y el segundo por que era consciente de su falta de implicación y lo veía como una rémora.

El final de la grabación me la imagino como el cierre de un periódico cuando a última hora se produce una noticia bomba. Cuando las carpetas ya estaban impresas con los títulos y las letras se realizaron algunos cambios de última hora lo que hizo que en la primera edición no coincidiese exactamente el contenido con lo que decía el continente. Además de que “Hey you” pasó del final de la cara 3 al principio, resultó que la cara 2 era demasiado larga y, al prensar el vinilo, el sonido perdía bastante calidad, por lo que decidieron eliminar “What shall we do now?” y sustituirla por “Empty spaces”, que tenia la misma música y que por ser una repetición de la misma idea había sido desechada.

Durante años el grupo se había negado a usar un single como forma de promoción, y preferían utilizar otro tipo de medios para hacerlo. Esta vez Ezrin logró logró convencerls de la necesidad de publicar uno como reclamo y el elegido fue “Another brick in the wall, part 2 ” que llegó al numero uno a ambos lados del Atlántico y se hizo muy popular por el coro de niños que gritaba que no necesitaban educación. El álbum se publicó en el Reino Unido el 30 de noviembre y 8 días después en Estados Unidos pero, lejos de ser el final de la historia de “The wall”, esta no había hecho más que empezar ya que en ese momento la banda ya estaba trabajando en el siguiente ladrillo. Dos meses después iban a comenzar su gira promocional en la que tenían planeado levantar físicamente un muro entre la banda y el público...

miércoles, 3 de junio de 2009

Tras el muro de Pink Floyd - I (Los orígenes)

Durante los miércoles de junio trataré de resumir los cinco años que Roger Waters dedicó al proyecto de “The wall”, probablemente el más grande de la historia del rock. Desde el principio Waters tenia claro que iba a ser un trabajo multidisciplinar, y aunque en un primer momento intentó compaginarlos, enseguida se dio cuenta que era imposible y tendría que sucederlos en el tiempo. Al final, en noviembre de 1979 publicaron el doble álbum, entre 1980 y 1981 dieron una serie de conciertos (con todo el montaje que suponía) en cuatro sedes distintas (Los Angeles, Nueva York, Londres y Dormund) y por último en 1982 se estrenó la película dirigida por Alan Parker y protagonizada por Bob Geldof. En próximas entradas me encargaré de cada uno de ellos, pero hoy toca hablar de cómo se gestó esta epopeya musical...

Para ello tenemos que remontarnos a la gira de presentación de “Animals” en directo y más concretamente a la fase americana en la que probablemente se colocó el primer ladrillo en el muro de Waters. La gira en su globalidad fue la primera que concibieron para grandes recintos (entre 30000 y 90000 espectadores) por lo que el espectáculo tenia que estar acorde con ellos. Grandes globos hinchables, proyecciones, aviones volando sobre el público... y todo eso para un perfeccionista como Waters suponían demasiadas cosas de las que estar pendiente al margen de lo meramente musical.

En la gira por Estados Unidos los Floyd se encontraron con una costumbre ajena a la tradición europea que consistía en tirar cohetes y petardos durante la actuación, además de ser muy ruidoso y chillón lo consideraban una falta de respeto hacia el artista. Si hasta ese momento un público muy concreto había sido el consumidor de su música, con los años se habían transformado en un producto de consumo mas, por lo que sus conciertos se transformaron en actos sociales a los que la gente asistía para poder decir al día siguiente que había visto al cerdo volando. La tensión iba subiendo día a día, y en una de la ultimas fechas (3 de julio de 1977 en el Madison Square Garden de Nueva York) insultó desde el escenario a los que se dedicaban a molestar e incluso le llevó a confundirse en una canción y tener que empezarla de nuevo.

Pero eso no era lo único que trastornaba a Waters. Por un lado ese nuevo concepto de gira en grandes espacios que les obligaba a distanciarse más del público elevando el escenario y alejándolo de las primeras filas le hicieron dejar de sentirse a gusto en una situación tan deshumanizante que impedía la comunión y la comunicación con la audiencia. Era consciente que esa situación la habían creado ellos mismos y le obsesionaba que ya no solo eran víctimas de la maquinaria del rock, si no que se habían convertido en unos colaboradores activos. En contraste a esto su megalomanía crecía cada vez más y como ejemplo contaré que mientras sus compañeros llegaban al recinto en limusina el lo hacía en helicóptero o que evitó todas las obligaciones promocionales y rechazó las invitaciones a fiestas y saraos para así no tener que relacionarse con la gente.

La gota que colmo el vaso se produjo en el último concierto de la gira en el Estadio Olímpico de Montreal (6 de julio) cuando al poco empezar “Pigs on the wind, part 2” interrumpió su interpretación para pedir, con palabras subidas de tono, que se dejasen de tirar petardos ya que estaba intentando cantar una canción. Además durante todo el concierto no quitó ojo a un espectador de la primera fila que no paraba de gritar y al acabar “Pigs” pidió a un roadie que le elevase hacia el escenario para escupirle a la cara cuando lo tuvo a distancia. Eso marcó el desarrollo del resto del concierto hasta el punto que, en el último bis en lugar de interpretar un tema del grupo hicieron un viejo blues para el que David Gilmour se borró para verlo desde la mesa de sonido en el centro del estadio.

Durante toda la gira Waters había gritado tras la tercera estrofa de “Pigs” un número que al principio nadie supo interpretar para luego descubrir que se trataba del que correspondía en el orden numérico al del show que estaban dando. Parecía como si estuviese enumerando el tiempo que le faltaba para acabar con esa pesadilla. Fueron un total de 55 las representaciones, y al finalizarlas ya había visualizado el comentario aparecido en la prensa británica durante la fase europea de la gira en el que se decía que el paso lógico de la banda en teatralidad seria colocar muñecos sobre el escenario con las caretas de sus miembros. Había tomado conciencia en la distancia existente entre él y los que asistían a sus conciertos por lo que se prometió que la siguiente vez que se enfrentase cara a cara con una audiencia lo haría detrás de un muro.

A lo largo de 1978 aparecieron en el mercado sendos discos en solitario de Gilmour y Wright y seguramente el de Waters también lo habría sido de no ser por la aparición en escena de “Warburg”. Se trataba de una accesoria financiera a la que Fink Floyd encargó que gestionara dos millones de libras (de las de finales de los 70) y que literalmente los estafó (y a muchos otros clientes) y les hizo entrar en una situación económica delicada. La discográfica ofreció 4,5 millones de anticipo por un disco de los Floyd por lo que a uno le toco renunciar a su primer trabajo en solitario y a los otros tragar con el proyecto de Waters.

Había estado trabajando el solo desde otoño de 1977 y, cuando llego el momento de volver con la banda en julio de 1978, les presentó dos cintas de 90 minutos cada una con las maquetas de dos álbumes distintos. La primera se titulaba “Bricks in the wall” y la segunda “The pros and cons of hitch-hiking”, y entre todos tenían que decidir cual seria el siguiente disco de Pink Floyd. Finalmente, tras estudiar ambas propuestas, optaron por desarrollar la idea del muro a pesar de tener muchas limitaciones musicales ya que, tanto en lo conceptual como a nivel de letras era muy sólido (la otra historia era demasiado deprimente y personal aunque al final de ella saldría su debut en solitario del bajista). Visto lo visto quedaban demasiadas cosas por pulir y mucho que hacer por lo que todos (¿todos?) se pusieron de inmediato manos a la obra.

domingo, 4 de enero de 2009

Knebworth, 5 – Julio – 1975 (Pink Floyd)

Si acabábamos el año comentando un bootleg de la antológica actuación de Dylan en la segunda edición de un mítico festival, para empezar este 2009 traigo la debacle en otra cita clásica de la música en directo protagonizada por Pink Floyd. Le he dado muchas vueltas antes de elegir este doble CD pirata, ya que son muchas las grabaciones memorables de la banda que existen (tanto en sonido como de contenido) y hasta ahora siempre había tratado de compaginar ambos factores, pero al final, la influencia de esta actuación en el posterior devenir de los acontecimientos dentro de la historia particular de la banda, ha sido lo que me han hecho decantarme por el y no por otro.

El año 1975 se inicia para los Floyd entrando en el estudio “Abbey Road” para grabar su primer disco tras “Dark side of the moon”. El álbum había tenido un éxito planetario, y desde que a finales de 1971 empezaron a trabajar en el hasta ese momento había sido el eje sobre el que habían girado sus vidas. Ahora les tocaba dar un nuevo paso, y este se llamaría “Wish you were here”. La grabación se prolongó hasta el 5 de junio (aunque pararon tres semanas en abril para girar por Estados Unidos) día en el que, por sorpresa, recibieron la visita de Syd Barrett (al que ninguno reconoció) cuando estaban empezando a mezclar “Shine on your crazy diamond” dedicada e inspirada en su primer líder (las mezclas se concluyeron el 19 de julio)

El resto del mes de junio lo dedicaron a girar otra vez por Norteamérica, y nuevamente, como en la gira de primavera, los llenos en grandes recintos y el montaje cada vez más sofisticado y espectacular que llevaba la banda fue lo más destacado. Casi al final tuvieron un problema con un globo gigante en forma de pirámide que en los recintos abiertos era difícil de controlar cuando hacía viento, pero no eso no era nada con lo que les esperaba en el único concierto previsto en el Reino Unido.

El material llego un poco justo de tiempo a Knebworth y no pudieron probar las luces y el sonido con antelación, pero es que además, como sólo se trataba de un concierto, decidieron no pagar el viaje al técnico que se había encargado de los monitores en la gira americana, por lo que la aparición de problemas era sólo cuestión de tiempo. A esto hay que añadir que los generadores que contrataron no habían sido probados con los teclados por lo que estos se desafinaron y durante toda la primera parte del show Wright no pudo usarlos con normalidad. Todo este desajuste se escucha perfectamente en esta grabación sobre todo antes del “Shine...” en el que se oye como lo intenta afinar para dejar al final un sonido mecánico de lo más peculiar.

Este concierto además es emblemático por que es la última vez que sonó integra la suite “Dark side of the moon” y el tema “Echoes” interpretadas por toda la banda. En giras posteriores no las interpretaron (sólo alguna canción suelta), y cuando lo hicieron Roger Waters ya no estaba con ellos. Esta segunda parte del show el sonido fue muchísimo mejor, pero la prensa ya tenia material suficiente para destrozar a la banda y cobrarse el presunto desplante que les había hecho al expulsarles de detrás del escenario antes de la actuación. Otra curiosidad es que esta es la única interpretación en vivo de “Have a cigar” cantada por Roy Harper (el que la canta en el disco), y que este, al descubrir que le habían robado en el camerino, se dedicó a golpear y destrozar una furgoneta de los Floyd, imagen que inspiró a Waters para la escena de “The Wall” en la que Pink destroza una habitación de hotel y añade un nuevo ladrillo al muro.

Ya he comentado que las críticas fueron feroces, y tal vez por eso, y por el ritmo de actuaciones sin parar durante años, hizo que hasta 1977 no se volviese a ver al grupo sobre un escenario. En septiembre salió a la venta “Wish you were here” que, aunque fue recibida con división de opiniones por la prensa especializada, entusiasmó al público desde el primer momento y, a ambos lados del atlántico, fue un éxito arrollador e inmediato. Como curiosidad diré que a pesar de trabajar a jornada completa para fabricar los discos, la discográfica tardó varias semanas en cubrir las peticiones iniciales que se habían hecho del disco.

Pink Floyd ya estaban por encima del bien y del mal, y aunque durante esa pausa surgió el punk que hizo tambalearse todos los cimientos, ellos ni lo notaron, y tanto “Animals” como posteriormente “The Wall” no hicieron otra cosa que acrecentar aún más su mito... Y con él la megalomanía y egocentrismo de sus miembros (sobre todo de Waters) que al final haría que se derrumbara ese muro que piedra a piedra y durante años habían ido levantando... Pero esa es otra historia tal vez cuente otro día...

Título del bootleg: Knebworth Park
Lugar y fecha: Knebworth Festival, 5 – Julio – 1975
Listado de canciones:
CD - 1
01 – Intro / Tune up
02 – Raving and drooling (Sheep)
03 – Tune up
04 – Gotta be crazy (Dogs)
05 – Tune up / Organ adjustment0
06 – Shine on your crazy diamond, 1 – 5
07 – Have a cigar (vocals by Roy Harper)
08 – Shine on your crazy diamond, 6 – 9
CD - 2
01 – Speak to me
02 – Breathe
03 – On the run
04 – Time
05 – The great gig in the sky
06 – Money
07 – Us and them
08 – Any colour you like
09 – Brain damage
10 – Eclipse
11 – Echoes

lunes, 15 de septiembre de 2008

Y el cerdo se quedó sin alas...

El cerdo no volverá a volar. La puerta a la esperanza de un segundo acto de la fantástica actuación del 2 de junio de 2005 en el Hyde Park londinense, que en los últimos años había amagado con volver a abrirse, definitivamente no lo hará. Pink Floyd tal y como los conocimos un día, tal y como los soñamos durante años no se subirán de nuevo juntos a un escenario.

He de reconocer que como veterano seguidor de la banda tenia la profunda y secreta convicción de que en algún momento Waters, Gilmour, Mason y Wright volverían para ofrecernos una última gira que pudiese compensar esos casi 30 años de desencuentros que nos ha tocado sufrir a los fans de la banda. Como si de los hijos de un matrimonio roto se tratara hemos tenido que conformarnos con verlos por separado, pidiéndonos que nos decantásemos por papá o mamá cuando en el fondo lo que deseábamos era que estuviesen juntos. Nunca brillaron tanto como cuando sus estrellas lucieron juntas, y creo sinceramente que nos debían un adiós acorde con lo que han sido: el grupo más influyente de la historia del rock después de The Beatles.

La sorprendente (por inesperada) muerte de Rick Wright hace que esos soberbios 20 minutos en los que sonaron "Breathe", "Money", "Wish you were here" y "Comfortably numb" sean el punto y final definitivo de este sueño que se inicio hace más de cuatro décadas. Tal vez sea mejor así. Sonaron realmente bien, estuvieron plenamente entregados a la causa e incluso nos hicieron sentir que volvían a disfrutar juntos sobre las tablas de un escenario. Me quedo con la imagen de Waters diciendo lo emocionante que le resultaba compartir escenario de nuevo con "estos hombres" justo antes de dedicarle a Barrett un "ojala que estuvieses aquí" y con el emotivo abrazo que se dieron cuando la actuación ya había concluido.

Hoy Richard William Wright, con una espectacular luna llena (a la que junto a sus compañeros cantó como nadie había hecho antes) sobre nuestras cabezas, vuelve a reunirse con Syd tras su cara más desconocida...