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lunes, 9 de noviembre de 2009

La resurrección del muro sobre Berlín

Han pasado 20 años de la caída del muro así que hoy toca poner un granito de arena para este coñazo colectivo que venimos sufriendo esta última semana y contar como casi un año después de su desaparición (el 21 de julio de 1990) se levantó en la Potsdamer Platz, ante la misma Puerta de Brandenburgo y por obra y gracia de Roger Waters, uno nuevo de 170 metros de largo y 25 de alto para mayor gloria del rock como espectáculo global.

Todo comenzó varios años antes cuando Waters conoció a Leonard Cheshire (un héroe de la Segunda Guerra Mundial que a la vuelta de la contienda fundó un hogar para discapacitados y que en la actualidad cuenta con cerca de 200), y este le propuso hacer algo para impulsar una nueva obra benéfica que se traía entre manos para crear una reserva económica para asistir a las victimas en desastres y catástrofes futuras. Era septiembre de 1989 y su idea consistía en volviera a montar “The Wall” como reclamo publicitario y económico asociación. En principio la respuesta fue negativa ya que había jurado no volver a interpretarlo hasta que cayera el de Berlín (su padre murió en la guerra y siempre ha vivido obsesionado con ella), aunque se ofreció para dar algún concierto convencional o cualquier otra cosa que se le pudiese ocurrir.

Lo que ocurre es que la propuesta puso a trabajar el cerebro de Waters, y empezó a sopesar la propuesta como respuesta a la gira triunfal (de la que el mismo había sido victima al coincidir en el tiempo con la suya presentando “Radio KAOS” y que fue un fracaso) que acababan de dar sus antiguos compañeros de Pink Floyd. Se dio cuenta de que el impacto de volver a representar “The Wall” diez años después seria una respuesta incontestable a la osadía de resucitar a la banda (la que el consideraba su banda) sin él, por lo que empezó a darle vueltas a como y donde se podría montar ese concierto benéfico…

Y el milagro sobrevino de repente una noche como la de hoy y todas las piezas encajaron de pronto en la cabeza de Waters. Se puso en contacto inmediato con Cheshire y empezaron a preparar la que estaba llamada a ser la más espectacular producción musical de la historia y una firme aspirante a superar a Woodstock o el Live Aid como mayor acontecimiento global, cultural y político del siglo XX. Las influencias del antiguo militar, además de para conseguir los permisos para realizarlo donde y como querían, fueron claves para incorporar al espectáculo el coro de Alemania Oriental, a los miembros de la Banda de Marchas de la Unión Soviética y dos helicópteros norteamericanos para sobrevolar la plaza mientras sonaba “Another brick in the wall”.

Los poco más de nueves meses que pasaron entre la caída del muro y el concierto de la Potsdamer Platz, Waters los dedico a poner de nuevo en marcha la maquina y adaptar el montaje a unas dimensiones ostensiblemente superiores a las que había utilizado en las 30 representaciones previas de “The Wall” (49 metros de largo por 11 de alto frente a los 170 por 25, de los 340 ladrillos a 2500…). Todo en el show tuvo que ajustarse a las nuevas dimensiones por lo que las marionetas se hicieron el doble de grandes, los equipos de luces se multiplicaron por cuatro, e incluso las proyecciones tuvieron que ser retocadas para no perder definición sobre una pantalla bastante más grande que para la habían sido concebidas.

Los ensayos duraron semanas y el trabajo de los técnicos repasado los equipos y los mecanismos para levantar el muro se repasaron hasta la saciedad ya que no podían permitirse que nada saliese mal. En la anterior gira necesitaron varios conciertos para ajustarlo todo, pero en esta ocasión había una sola oportunidad y un fallo podía suponer pasar de un éxito absoluto a un fracaso garrafal… Y a pesar de todo (y tal vez por la experiencia adquirida diez años antes) dicen Waters no perdió los papeles en ningún momento y capitaneo en proyecto de una forma impecable hasta el punto de que el éxito del evento supuso el suyo propio devolviéndole por méritos propios y por la puerta grande al olimpo del rock.

Cuando por fin llegó el día 250000 personas en directo y 8 millones en todo el mundo por televisión pudieron ver como un enorme muro volvía a levantarse poco a poco en el centro de Berlín a son de las notas de “The Wall” interpretadas por algunos de los artistas más importantes del momento y algunas leyendas vivas del rock (Van Morrison, Sinéad O'Connor, Cyndi Lauper, Scorpions, Bryan Adams, Joni Mitchell, Paddy Moloney, The Band, Marianne Faithfull, Paul Carrack, Thomas Dolby…). Todas las expectativas se vieron superadas tanto en afluencia de publico (la mayor parte acabó colándose por que tuvieron abrir las puertas ante la marea humana que se acercaba a la Potsdamer Platz) como en repercusión mediática gracias a la cual (y a la posterior venta del disco y el video) se pudo recuperar la gran inversión que supuso el montaje y dejar mucho dinero en las arcas de la asociación.

En lo meramente personal hay que reconocer que Waters obtuvo una gran victoria sobre sus ex compañeros ya que, aunque la gira de reunificación concluida un año antes había ido muy bien con más de cinco millones de entradas vendidas y un apoteósico final en Venecia sobre el Gran Canal, sus shows no aportaron nada nuevo y como el disco que presentaban (que era la base de la primera parte del concierto) era bastante flojo, en lo musical dejó un poco frío a los que buscaban a los Floyd de antaño y quedando sólo satisfechos los profesionales de la nostalgia que, eso si, hicieron su agosto.

El en cambio sin traicionarse a si mismo (además dejó claro que el “no iba a celebrar una victoria del capitalismo sobre el socialismo si no la del individuo frente a la tirania que no tiene color”) logró que no se notase la ausencia de los otros y que, mientras cientos de focos recorrían el cielo mezclados con castillos de fuegos artificiales, el ejercito soviético desfilaba bajo el muro y el parodiaba al führer haciendo el paso de ganso, 250000 berlineses acompañaran a gritos el estribillo final de “Tear down the wall!” (Derribad el muro) mientras el tiempo se detenía durante unos instantes para observarles…

miércoles, 17 de junio de 2009

Tras el muro de Pink Floyd - III (Los conciertos)

Con el disco ya en la calle, a Pink Floyd aún les quedaba la difícil tarea de difundir tanto la obra como su significado. Después de sus últimas experiencias en directo Waters decidió que esta vez no actuarían en grandes recintos por lo que se plantearon construir una gran carpa portátil con forma de babosa y 5000 espectadores de capacidad, para ir montándola en cada ciudad. El excesivo coste que supondría hizo que se desestimara el proyecto, por lo que buscaron recintos de tamaño mediano (entorno a 15000) que se ajustasen a las necesidades del montaje, y al final se decantaron por cuatro únicas sedes en las que actuarían varios días. Al final las fechas se cerraron así:

· “The Sports Arena” de Los Angeles - 6 conciertos entre el 7 y el 13 de febrero de 1980
· “The Nassau Colliseum” de Nueva York – 5 conciertos entre el 24 y 28 de febrero de 1980
· “Earls Court” de Londres – 6 conciertos entre el 4 y el 9 de agosto de 1980
· “Westfallenhalle” de Dortmund – 8 conciertos entre el 13 y el 20 de febrero de 1981
· “Earls Court” de Londres – 5 conciertos entre el 13 y el 17 de junio de 1981

Pero esto es el final de la historia ya que, lo que se encontraron los que asistieron a la primera representación de “The Wall”, hacia más de un año que había empezado a fraguarse en las primeras reuniones de Waters con el dibujante Gerald Scarfle en las que, además de la carpeta, le encargó que diseñase los títeres gigantes (el director de la escuela, la madre y la señora Pink) que utilizarían en los conciertos, y los dibujos animados que se proyectarían sobre el muro que servirían de ayuda para comprender la obra en toda su dimensión (y que también se usaron en la película). Durante ese año Scarfle contó con 20 dibujantes que se encargaron de hacer los dibujos aunque, como en un principio el estilo de estos era demasiado Disney, les costó arrancar.

En cualquier caso todo eso era secundario cuando lo que pretendían era tocar detrás de un muro que los separase del público. Se barajaron varios materiales aunque al final se decantaron por hacer los 340 ladrillos de cartón con un tamaño de metro y medio cada uno que, una vez montados tendrían un tamaño de 49 metros de largo por 11 de alto. Los responsables del escenario fueron Mark Fisher y Jonathan Park y el principal problema con el que se encontraron fue el como irían elevando y colocando cada pieza. Idearon un sistema de montacargas hidráulicos que, además de para izar los bloques, también usarían Waters y Gilmour en varias fases del show, y además la forma de derrumbar el muro al final sin causar daños y los sistemas de seguridad para el público y los trabajadores.

Los ensayos se desarrollaron a lo largo de 10 días en un estudio de cine de Culver City y luego pasaron varias semanas montándolo todo en el “Sports Arena” de Los Angeles. El tiempo se les echaba encima y el llevar a la práctica lo que habían ideado en un papel se hizo más complicado de lo que esperaban. Las animaciones, por ejemplo, finalmente tuvieron que hacerse en tres pantallas diferentes y por triplicado para abarcar la mayor parte del muro en lugar de una sola que fuese capaz de recubrirlo entero. Hasta cuatro días antes no se levantó el muro completo, y 24 horas antes de empezar el show tuvieron que contratar a un experto que solucionase todos los problemas de iluminación que estaban teniendo, lo que da idea del ajetreo y tensiones que se vivieron hasta el último minuto.

Al final todo salió bastante bien en el estreno aunque, como los operarios apenas habían tenido tiempo para entrenarlo y estaban poco rodados, tardaron 8 minutos más de lo debido (el ultimo ladrillo que colocaba Waters para cerrarlo definitivamente) en hacerlo, por lo que la banda tuvo que improvisar una pieza instrumental que habían esbozado por si surgía algún problema y tenían que usarla como comodín hasta que se solucionase. Otro accidente fue que cayeron unas telas que había en la parte alta del recinto y que se habían incendiado con los fuegos artificiales pero en general el resultado fue muy satisfactorio a pesar de que aún tenían muchas cosas por pulir.

Los conciertos empezaban con las fanfarrias de “In the Fresh?” y cuatro músicos con caretas haciendo que tocaban en primer plano del escenario mientras los originales se encontraban en un discreto segundo plano. La gente en principio pensó que se que trataban de Pink Floyd, aunque en realidad eran Endy Brown (bajo), Snowy White (guitarra), Willie Nelson (batería) y Peter wood (teclados) cuya labor era la de apoyar y sustituir a los originales en caso de necesidad. La primera parte del show se desarrollaba con la banda tocando mientras se levantaba pared que los iba ocultando poco a poco de la vista del público.

Después del descanso, con el grupo tras el muro, llegaba la hora de las proyecciones (antes habían sido en la clásica pantalla circular que usaban ellos), los títeres y algún momento espectacular como cuando se abría una parte del muro y aparecía una habitación de hotel en la que Waters cantaba “Nobody home” o el impresionante solo de “Comfortably numb” con Gilmour en lo más alto del muro y un foco a su espalda que hacia que su sombra se proyectase sobre todo el auditorio... El fin de fiesta se producía con la caída definitiva del muro y la interpretación de “Outside the wall”.

Se ha utilizado como crítica a los shows la excesiva rigidez del espectáculo y que los tiempos tan medidos para que todo encajase restaba frescura a la interpretación. Yo creo que a ese argumento se la puede dar la vuelta y aceptar que, más que un concierto de rock, aquello fue una auténtica representación teatral que, probablemente, ha sido el montaje más espectacular que se ha presentado nunca sobre un escenario. Y en este punto es donde hay que destacar nuevamente la presencia de un Gilmour que se ocupó de la dirección musical y de controlar y dirigir todo lo que sucedía detrás del muro.

El último ladrillo de esta entrada se lo quiero dedicar a Richard Wright que al final fue el único Floyd que ganó dinero con este montaje. En octubre de 1980 fue expulsado aunque se llegó al acuerdo de que participase en los conciertos como músico asalariado para luego desaparecer sin hacer ruido. Al final los altos costes del montaje hicieron que los gastos superasen a los beneficios por lo que los ya tres miembros del grupo tuvieron que hacer frente a las deudas. Como casi desde el principio se vio que eso iba a ser así, al final de la parte americana del tour la banda se plateó la oferta de dos millones de libras por hacer dos conciertos en el estadio RFK de Filadelfia. Bueno, se lo plantearon Gilmour, Mason y el manager ya que Waters se negó en redondo ya que el sentido original de “The Wall” era presentar una declaración en contra del rock de estadios. Al principio se revelaron y amenazaron con hacerlo ellos solos, pero al final y según palabras del bajista “no tuvieron cojones de hacerlo sin mi”... Al menos, aún no...

Pero antes de que ese momento llegase todavía tenían que hacer una película y adaptar y grabar su banda sonora. Esperaban que el éxito de publico y crítica viniese acompañado del beneficio económico ya que, tras el escándalo “Warburg” y las pérdidas en los conciertos, sus arcas estaban vacías aunque, para ser sinceros, hay que decir para ser justos que los derechos por sus álbumes (se seguían vendiendo a muy buen ritmo) nunca llegaron a amenazar su bienestar económico...

miércoles, 10 de junio de 2009

Tras el muro de Pink Floyd - II (El disco)

La semana pasada dejamos a los Pink Floyd tras haber decidido trabajar en la idea de Roger Waters de levantar un muro entre el grupo y su público. La base sobre la que había trabajado el bajista era que cada ladrillo que se iba añadiendo al muro representaba un momento se su vida, como la muerte de su padre en la Segunda Guerra Mundial al poco de nacer, su relación con una madre muy protectora, el sistema educativo británico... Desde ese momento la historia se centra en los aspectos relacionados con el rock siguiendo la irrupción, éxito caída de una estrella de rock llamada Pink y que acaba imaginándose a si mismo como un dictador fascista capaz de dirigir a las masas a su antojo.

Ya comente que el concepto de la historia y las letras estaban muy bien trabajadas en las maquetas que Waters había grabado, aunque la cuestión musical dejaba bastante que desear y ese era el punto en el que deberían centrarse a la hora de trabajar. Al ser un álbum que tendría alrededor de 26 temas (más que la suma de los 3 discos anteriores) y debido a que el formato de los temas cambiaba completamente respecto a lo que habían hecho anteriormente, con buen criterio decidieron (es una forma de hablar y que el 90% de las decisiones las tomó Waters) contratar a alguien que les ayudara a poner en orden y dar cohesión a todo lo que querían contar, eliminara lo superfluo y pulir el material inicial tanto en lo musical como en la forma de contar la historia. El elegido fue Bob Ezrin.

La fase de preproducción fue muy dura y los enfrentamientos entre Waters y Gilmour fueron constantes. A estas alturas nadie niega que la colaboración del guitarrista y Ezrin fue determinante en el resultado final, no solo por todas las aportaciones que hicieron en casi todos los temas cambiándolos en muchos casos completamente, si no por que esa tensión permanente sobre la dirección que debía tomar las canciones hacían que Waters se creciera y apareciese con nuevo material que se iba incorporando al proyecto sobre la marcha. La parte del trabajo de desarrollar la idea del álbum y grabar las primeras versiones se realizó en los estudios “Britannia Row”, aunque los problemas financieros y con el fisco hicieron que para la grabación tuvieran que trasladar su campo de operaciones primero a Francia (donde se grabó casi todo el material) y posteriormente a Los Angeles (donde acabaron de grabar y se hicieron las mezclas).

Durante el periodo de grabación en Francia quedó claro que la tensión entre los miembros hacían difícil la convivencia entre ellos y más cuando tanto a Richard Wright como Nick Mason (como se le había dicho antes a Ezrin aunque al final con su trabajo se ganó el aparecer) se les informó que no figurarían como productores y no cobrarían nada en ese concepto. Otra victima de Waters en ese disco fue Storm Thorgerson al que, tras años diseñando las portadas de sus discos, no se le permitió participar en el proyecto. En su lugar (a pesar de que el trabajo de Thorgerson junto a Pink Floyd es simplemente soberbio y merece comentario aparte, vistos los resultados finales está claro que su sustitución fue un acierto) contrató al dibujante Gerald Scarfle que ilustró la parte interior del álbum con alguna de sus criaturas y la memorable imagen de los martillos desfilando y diseñó junto la funda exterior que es un simple muro en el que no aparece el nombre ni del disco ni del grupo y que impacta por su sencillez.

Pero la gran crisis no llegó hasta casi el final de la grabación cuando Wright fue despedido fulminantemente por Waters por preferir seguir de vacaciones a regresar a terminar el disco. Como ya he contado, la primera fase de la grabación (en Francia entre abril y julio) había sido complicada por la diversidad de criterios sobre el enfoque de las canciones, lo que había hecho que no se avanzase lo suficiente. En agosto todos se fueron de vacaciones con la idea de regresar en octubre pero, dado que el retraso que llevaban hacia que peligrasen los anticipos que habían cobrado para tener acabado el disco antes de noviembre, se decidió que había que regresar una semana antes cosa que el teclista no hizo. A pesar de ser una decisión personal de Waters, ni Mason ni Gilmour opusieron resistencia alguna, el primero por si él era el siguiente, y el segundo por que era consciente de su falta de implicación y lo veía como una rémora.

El final de la grabación me la imagino como el cierre de un periódico cuando a última hora se produce una noticia bomba. Cuando las carpetas ya estaban impresas con los títulos y las letras se realizaron algunos cambios de última hora lo que hizo que en la primera edición no coincidiese exactamente el contenido con lo que decía el continente. Además de que “Hey you” pasó del final de la cara 3 al principio, resultó que la cara 2 era demasiado larga y, al prensar el vinilo, el sonido perdía bastante calidad, por lo que decidieron eliminar “What shall we do now?” y sustituirla por “Empty spaces”, que tenia la misma música y que por ser una repetición de la misma idea había sido desechada.

Durante años el grupo se había negado a usar un single como forma de promoción, y preferían utilizar otro tipo de medios para hacerlo. Esta vez Ezrin logró logró convencerls de la necesidad de publicar uno como reclamo y el elegido fue “Another brick in the wall, part 2 ” que llegó al numero uno a ambos lados del Atlántico y se hizo muy popular por el coro de niños que gritaba que no necesitaban educación. El álbum se publicó en el Reino Unido el 30 de noviembre y 8 días después en Estados Unidos pero, lejos de ser el final de la historia de “The wall”, esta no había hecho más que empezar ya que en ese momento la banda ya estaba trabajando en el siguiente ladrillo. Dos meses después iban a comenzar su gira promocional en la que tenían planeado levantar físicamente un muro entre la banda y el público...

miércoles, 3 de junio de 2009

Tras el muro de Pink Floyd - I (Los orígenes)

Durante los miércoles de junio trataré de resumir los cinco años que Roger Waters dedicó al proyecto de “The wall”, probablemente el más grande de la historia del rock. Desde el principio Waters tenia claro que iba a ser un trabajo multidisciplinar, y aunque en un primer momento intentó compaginarlos, enseguida se dio cuenta que era imposible y tendría que sucederlos en el tiempo. Al final, en noviembre de 1979 publicaron el doble álbum, entre 1980 y 1981 dieron una serie de conciertos (con todo el montaje que suponía) en cuatro sedes distintas (Los Angeles, Nueva York, Londres y Dormund) y por último en 1982 se estrenó la película dirigida por Alan Parker y protagonizada por Bob Geldof. En próximas entradas me encargaré de cada uno de ellos, pero hoy toca hablar de cómo se gestó esta epopeya musical...

Para ello tenemos que remontarnos a la gira de presentación de “Animals” en directo y más concretamente a la fase americana en la que probablemente se colocó el primer ladrillo en el muro de Waters. La gira en su globalidad fue la primera que concibieron para grandes recintos (entre 30000 y 90000 espectadores) por lo que el espectáculo tenia que estar acorde con ellos. Grandes globos hinchables, proyecciones, aviones volando sobre el público... y todo eso para un perfeccionista como Waters suponían demasiadas cosas de las que estar pendiente al margen de lo meramente musical.

En la gira por Estados Unidos los Floyd se encontraron con una costumbre ajena a la tradición europea que consistía en tirar cohetes y petardos durante la actuación, además de ser muy ruidoso y chillón lo consideraban una falta de respeto hacia el artista. Si hasta ese momento un público muy concreto había sido el consumidor de su música, con los años se habían transformado en un producto de consumo mas, por lo que sus conciertos se transformaron en actos sociales a los que la gente asistía para poder decir al día siguiente que había visto al cerdo volando. La tensión iba subiendo día a día, y en una de la ultimas fechas (3 de julio de 1977 en el Madison Square Garden de Nueva York) insultó desde el escenario a los que se dedicaban a molestar e incluso le llevó a confundirse en una canción y tener que empezarla de nuevo.

Pero eso no era lo único que trastornaba a Waters. Por un lado ese nuevo concepto de gira en grandes espacios que les obligaba a distanciarse más del público elevando el escenario y alejándolo de las primeras filas le hicieron dejar de sentirse a gusto en una situación tan deshumanizante que impedía la comunión y la comunicación con la audiencia. Era consciente que esa situación la habían creado ellos mismos y le obsesionaba que ya no solo eran víctimas de la maquinaria del rock, si no que se habían convertido en unos colaboradores activos. En contraste a esto su megalomanía crecía cada vez más y como ejemplo contaré que mientras sus compañeros llegaban al recinto en limusina el lo hacía en helicóptero o que evitó todas las obligaciones promocionales y rechazó las invitaciones a fiestas y saraos para así no tener que relacionarse con la gente.

La gota que colmo el vaso se produjo en el último concierto de la gira en el Estadio Olímpico de Montreal (6 de julio) cuando al poco empezar “Pigs on the wind, part 2” interrumpió su interpretación para pedir, con palabras subidas de tono, que se dejasen de tirar petardos ya que estaba intentando cantar una canción. Además durante todo el concierto no quitó ojo a un espectador de la primera fila que no paraba de gritar y al acabar “Pigs” pidió a un roadie que le elevase hacia el escenario para escupirle a la cara cuando lo tuvo a distancia. Eso marcó el desarrollo del resto del concierto hasta el punto que, en el último bis en lugar de interpretar un tema del grupo hicieron un viejo blues para el que David Gilmour se borró para verlo desde la mesa de sonido en el centro del estadio.

Durante toda la gira Waters había gritado tras la tercera estrofa de “Pigs” un número que al principio nadie supo interpretar para luego descubrir que se trataba del que correspondía en el orden numérico al del show que estaban dando. Parecía como si estuviese enumerando el tiempo que le faltaba para acabar con esa pesadilla. Fueron un total de 55 las representaciones, y al finalizarlas ya había visualizado el comentario aparecido en la prensa británica durante la fase europea de la gira en el que se decía que el paso lógico de la banda en teatralidad seria colocar muñecos sobre el escenario con las caretas de sus miembros. Había tomado conciencia en la distancia existente entre él y los que asistían a sus conciertos por lo que se prometió que la siguiente vez que se enfrentase cara a cara con una audiencia lo haría detrás de un muro.

A lo largo de 1978 aparecieron en el mercado sendos discos en solitario de Gilmour y Wright y seguramente el de Waters también lo habría sido de no ser por la aparición en escena de “Warburg”. Se trataba de una accesoria financiera a la que Fink Floyd encargó que gestionara dos millones de libras (de las de finales de los 70) y que literalmente los estafó (y a muchos otros clientes) y les hizo entrar en una situación económica delicada. La discográfica ofreció 4,5 millones de anticipo por un disco de los Floyd por lo que a uno le toco renunciar a su primer trabajo en solitario y a los otros tragar con el proyecto de Waters.

Había estado trabajando el solo desde otoño de 1977 y, cuando llego el momento de volver con la banda en julio de 1978, les presentó dos cintas de 90 minutos cada una con las maquetas de dos álbumes distintos. La primera se titulaba “Bricks in the wall” y la segunda “The pros and cons of hitch-hiking”, y entre todos tenían que decidir cual seria el siguiente disco de Pink Floyd. Finalmente, tras estudiar ambas propuestas, optaron por desarrollar la idea del muro a pesar de tener muchas limitaciones musicales ya que, tanto en lo conceptual como a nivel de letras era muy sólido (la otra historia era demasiado deprimente y personal aunque al final de ella saldría su debut en solitario del bajista). Visto lo visto quedaban demasiadas cosas por pulir y mucho que hacer por lo que todos (¿todos?) se pusieron de inmediato manos a la obra.

martes, 7 de abril de 2009

El cerdo volador de Pink Floyd

Existen cientos de maravillosas portadas de discos dentro de la historia del rock, de las cuales algunas (o muchas) pueden ser consideradas como míticas. Para alcanzar esta condicion aparte del impacto visual tienen que tener un algo más... Asi el “London Calling” de The Clash con Paul Simonon destrozando el bajo o el bebe buceando en “Nevermind” de Nirvana son la imagen un movimiento, los Beatles cruzando el paso de cebra en “Abbey Road” es la foto que todo amante del rock que visita Londres se hace tratando de emularles o el plátano de Warhol y la campana tubular que se convierten desde una portada en la marca de identidad de un artista.

Personalmente creo que “Animals” no es el mejor disco de Pink Floyd, pero por contiene en su portada ese algo que la convierte en la más representativa de la banda y aporta el símbolo que todo aficionado a la música identifica indiscutiblemente con ellos: el cerdo volando. Como todas las anteriores se encargo al estudio “Hipgnosis” que la diseñaran, pero cuando estos presentaron sus propuestas resultó que por primera vez al grupo no les gustaron. Decidieron entonces desarrollar una idea de Roger Waters que consistía en un cerdo hinchable entre las chimeneas de la “Battersea Power Station” de Londres como símbolo de codicia y poder.

Desde “Hipgnosis” propusieron fotografiarlos por separado y luego incorporar la imagen del cerdo, pero la banda quería una foto real por lo que se preparó todo para que pudiera llevarse a cabo. Se utilizo un zeppelín con la forma del animal de 12 metros de longitud que habían mandado construir para usar en la gira de “Animals” y de preparó todo para el gran día. El 2 de diciembre de 1976 estaba todo dispuesto para tomar la instantánea, 11 fotógrafos colocados en lugares estratégicos, los responsables de dirigir con grandes cuerdas al cerdo, un equipo de grabación para tomar imágenes para proyectar durante los conciertos... e incluso un tirador profesional por si tenia que disparar al globo en caso de soltarse.

Pero cuando llegó el momento de inflarlo resultó imposible y tuvieron que posponerlo todo, aunque al menos se tomo la imagen de la fabrica con un cielo nublado que se ve en la portada. Al día siguiente amaneció despejado pero viento y una racha de aire provocó que el cerdo se soltase, pero como ese día el tirador no se había presentado, el animal empezó a sobrevolar libremente la capital londinense. La proximidad del aeropuerto de Heathrow provoco múltiples incidentes con algunos aviones que trataban de aterrizar hasta el punto de que durante una hora tuvo que cerrarse su espacio aéreo.

Al final, como había propuesto desde el principio “Hypgnosis”, tuvo que hacerse un montaje aunque eso si el coste fue muchísimo más elevado. El cerdo (que en realidad era una cerda) se convirtió en su seña distintiva y su presencia fue obligada desde entonces en todos sus conciertos. Como última curiosidad comentaré que Waters intentó impedir que sus antiguos compañeros reunificados lo usaran en su gira de 1987 alegando que tenia los derechos de esa imagen. Como el inflable original era una hembra, a partir de ese momento empezó a lucir unos enormes testículo (lo importante era que se vieran bien) para eludir la posible demanda del que fuera su líder durante 15 años. Es una pena que el cerdo no vaya a volar nunca más, aunque eso si, las generaciones venideras si alguna vez sobre sus cabezas lo ven aparecer recordaran en el acto que existió una banda llamada Pink Floyd.

viernes, 27 de febrero de 2009

La primera piedra en el muro de Pink Floyd

Un 27 de febrero de 1967 Pink Floyd entraban en los estudios “Sound Techniques” de Chelsea para grabar los dos temas de su primer single: “Arnold Layne” y “Candy and a currant bun”. No era ni mucho menos la primera vez, ya que por ejemplo el 11 de enero de ese mismo año y en el mismo lugar habían registrado una versión de casi 17 minutos de “Interstellar overdrive” para una película que estaba rodando Peter Whitehead sobre la nueva imagen de Londres, pero en ese momento lo hicieron ya como banda profesional dedicada en exclusiva a la música. Aunque ellos no lo sabían en ese momento (auque podían intuirlo ya que en general tenían las cosas muy claras) aquella era la primera piedra de una larga y exitosa carrera.

Nacidos dentro de la clase media-alta de una Inglaterra en guerra, desde el principio parece ser que tuvieron una idea bastante definida de que es lo que querían llegar a ser, estrellas del rock and roll (y no héroes de la clase trabajadora como muchos de sus coetáneos). Así cuando Roger Waters, Rick Wright y Nick Mason (que llevaban en juntos en grupos desde 1963 con otros compañeros y bajo distintos nombres) incorporaron a Syd Barrett a la banda no dudaron en darle el bastón de mando y aceptar el cambio de nombre (la fusión de Pink Anderson y Floyd Council, dos bluesmen que él conocía), sus composiciones y una nueva dirección artística.

Se puede decir que The Pink Floyd Sound (como se llamaron en un primer momento) empezaron a rodar en enero de 1966 con una serie de espectáculos que se organizaron en el “Marquee”. Coincide esa puesta en marcha con la llegada del movimiento hippie a Londres que en la capital británica se caracterizó, en palabras del batería de Soft Machine, por “reencontrar el espíritu del jazz, es decir, una expresión autentica, salvaje, pero esta vez nuestra no la de los negros” (Robert Wyatt). La vocación de la banda desde el primer momento fue rupturista haciendo de la búsqueda de nuevos sonidos y la experimentación su bandera con Barrett ejerciendo de capitán que con firmeza y criterio dirige a su gente hacia una victoria segura.

El panorama musical estaba protagonizado fundamentalmente por The Beatles, The Rolling Stones, The Who y The Kinks, y ese era el espejo en el que, en función de sus gustos, los jóvenes de la tercera generación de bandas empezaban a mirarse. Los Floyd en ese momento de cambio social y cultural que estaba sufriendo el Reino Unido consiguieron hacerse con un hueco tras convertirse en el grupo residente del ”UFO”. Gracias a lo novedoso de su propuesta, que investiga en la construcción de canciones y en la técnica para lograrlo, se convirtieron en los niños mimados de las vanguardias del momento. El local empezó a programar conciertos a finales de 1966 y enseguida se transformó en el punto de encuentro del Londres más freak en el cual rutilantes estrellas también se dejaban ver llamadas por la psicodelia y los nuevos sonidos cósmicos que allí se podían escuchar. Ahí es donde se curtieron sobre un escenario (algo parecido a lo que les sucedió a The Beatles en Hamburgo) y donde pudieron sentar las bases de lo que llegarían a ser más adelante, un grupo capaz de improvisar y reinventar cada noche sus canciones

Cuentan que en ese momento ya sonaban todas las canciones que formarían parte de sus singles y su primer LP, por lo que las distintas discográficas que aspiraban a contratarles sabían más o menos que era lo que podían esperar de la banda. Ya he contado que desde el principio sabían lo que querían y en función de eso se comportaban, y así cuando decidieron dar el salto al profesionalismo se decantaron por la discográfica que más se ajustaba a sus necesidades, y cuando entraron a grabar lo hicieron pensando en el éxito comercial tanto o más que en la cuestión artística. Los temas que en directo se alargaban hasta el infinito una vez que pasaron al plástico se quedaron en una duración adecuada para ser radiados y así alcanzar más repercusión. Los conciertos eran para desarrollar ideas, los discos para ofrecer hits a la gente para que luego fuesen a verles.

Versiones más extensas del “Arnold Layne” circulan en el mercado pirata aunque el single que grabaron ese 27 de febrero, y que significó su pistoletazo de salida en el mercado discográfico, no llega a los 3 minutos con lo que acceso a las listas y las radios fue casi inmediato. Curiosamente a partir de ese momento se acelero el desgaste físico y mental de Syd Barrett y, a pesar de publicar en los meses siguientes un par de sencillos más y un maravilloso álbum de debut, las exigencias del mercado en forma de conciertos, marketing y entrevistas fueron haciéndole entrar en una espiral de consumo de sustancias e introspección que le llevaron a la locura. Pero el auge y caída de Barrett ya la contaré otro día ya que eso es otra historia y corresponde a una piedra más en el muro...

domingo, 4 de enero de 2009

Knebworth, 5 – Julio – 1975 (Pink Floyd)

Si acabábamos el año comentando un bootleg de la antológica actuación de Dylan en la segunda edición de un mítico festival, para empezar este 2009 traigo la debacle en otra cita clásica de la música en directo protagonizada por Pink Floyd. Le he dado muchas vueltas antes de elegir este doble CD pirata, ya que son muchas las grabaciones memorables de la banda que existen (tanto en sonido como de contenido) y hasta ahora siempre había tratado de compaginar ambos factores, pero al final, la influencia de esta actuación en el posterior devenir de los acontecimientos dentro de la historia particular de la banda, ha sido lo que me han hecho decantarme por el y no por otro.

El año 1975 se inicia para los Floyd entrando en el estudio “Abbey Road” para grabar su primer disco tras “Dark side of the moon”. El álbum había tenido un éxito planetario, y desde que a finales de 1971 empezaron a trabajar en el hasta ese momento había sido el eje sobre el que habían girado sus vidas. Ahora les tocaba dar un nuevo paso, y este se llamaría “Wish you were here”. La grabación se prolongó hasta el 5 de junio (aunque pararon tres semanas en abril para girar por Estados Unidos) día en el que, por sorpresa, recibieron la visita de Syd Barrett (al que ninguno reconoció) cuando estaban empezando a mezclar “Shine on your crazy diamond” dedicada e inspirada en su primer líder (las mezclas se concluyeron el 19 de julio)

El resto del mes de junio lo dedicaron a girar otra vez por Norteamérica, y nuevamente, como en la gira de primavera, los llenos en grandes recintos y el montaje cada vez más sofisticado y espectacular que llevaba la banda fue lo más destacado. Casi al final tuvieron un problema con un globo gigante en forma de pirámide que en los recintos abiertos era difícil de controlar cuando hacía viento, pero no eso no era nada con lo que les esperaba en el único concierto previsto en el Reino Unido.

El material llego un poco justo de tiempo a Knebworth y no pudieron probar las luces y el sonido con antelación, pero es que además, como sólo se trataba de un concierto, decidieron no pagar el viaje al técnico que se había encargado de los monitores en la gira americana, por lo que la aparición de problemas era sólo cuestión de tiempo. A esto hay que añadir que los generadores que contrataron no habían sido probados con los teclados por lo que estos se desafinaron y durante toda la primera parte del show Wright no pudo usarlos con normalidad. Todo este desajuste se escucha perfectamente en esta grabación sobre todo antes del “Shine...” en el que se oye como lo intenta afinar para dejar al final un sonido mecánico de lo más peculiar.

Este concierto además es emblemático por que es la última vez que sonó integra la suite “Dark side of the moon” y el tema “Echoes” interpretadas por toda la banda. En giras posteriores no las interpretaron (sólo alguna canción suelta), y cuando lo hicieron Roger Waters ya no estaba con ellos. Esta segunda parte del show el sonido fue muchísimo mejor, pero la prensa ya tenia material suficiente para destrozar a la banda y cobrarse el presunto desplante que les había hecho al expulsarles de detrás del escenario antes de la actuación. Otra curiosidad es que esta es la única interpretación en vivo de “Have a cigar” cantada por Roy Harper (el que la canta en el disco), y que este, al descubrir que le habían robado en el camerino, se dedicó a golpear y destrozar una furgoneta de los Floyd, imagen que inspiró a Waters para la escena de “The Wall” en la que Pink destroza una habitación de hotel y añade un nuevo ladrillo al muro.

Ya he comentado que las críticas fueron feroces, y tal vez por eso, y por el ritmo de actuaciones sin parar durante años, hizo que hasta 1977 no se volviese a ver al grupo sobre un escenario. En septiembre salió a la venta “Wish you were here” que, aunque fue recibida con división de opiniones por la prensa especializada, entusiasmó al público desde el primer momento y, a ambos lados del atlántico, fue un éxito arrollador e inmediato. Como curiosidad diré que a pesar de trabajar a jornada completa para fabricar los discos, la discográfica tardó varias semanas en cubrir las peticiones iniciales que se habían hecho del disco.

Pink Floyd ya estaban por encima del bien y del mal, y aunque durante esa pausa surgió el punk que hizo tambalearse todos los cimientos, ellos ni lo notaron, y tanto “Animals” como posteriormente “The Wall” no hicieron otra cosa que acrecentar aún más su mito... Y con él la megalomanía y egocentrismo de sus miembros (sobre todo de Waters) que al final haría que se derrumbara ese muro que piedra a piedra y durante años habían ido levantando... Pero esa es otra historia tal vez cuente otro día...

Título del bootleg: Knebworth Park
Lugar y fecha: Knebworth Festival, 5 – Julio – 1975
Listado de canciones:
CD - 1
01 – Intro / Tune up
02 – Raving and drooling (Sheep)
03 – Tune up
04 – Gotta be crazy (Dogs)
05 – Tune up / Organ adjustment0
06 – Shine on your crazy diamond, 1 – 5
07 – Have a cigar (vocals by Roy Harper)
08 – Shine on your crazy diamond, 6 – 9
CD - 2
01 – Speak to me
02 – Breathe
03 – On the run
04 – Time
05 – The great gig in the sky
06 – Money
07 – Us and them
08 – Any colour you like
09 – Brain damage
10 – Eclipse
11 – Echoes

jueves, 20 de noviembre de 2008

Wish you were here (Pink Floyd)

So, so you think you can tell Heaven from Hell,
blue skies from pain.
Can you tell a green field from a cold steel rail?
A smile from a veil?
Do you think you can tell?
And did they get you to trade your heroes for ghosts?
Hot ashes for trees? Hot air for a cool breeze?
Cold comfort for change?
And did you exchange
a walk on part in the war for a lead role in a cage

How I wish, how I wish you were here.
We're just two lost souls swimming in a fish bowl,
year after year, running over the same old ground.
What have you found? The same old fears.
Wish you were here

(Extraída del álbum “Wish you were here” / EMI - 1975)

lunes, 15 de septiembre de 2008

Y el cerdo se quedó sin alas...

El cerdo no volverá a volar. La puerta a la esperanza de un segundo acto de la fantástica actuación del 2 de junio de 2005 en el Hyde Park londinense, que en los últimos años había amagado con volver a abrirse, definitivamente no lo hará. Pink Floyd tal y como los conocimos un día, tal y como los soñamos durante años no se subirán de nuevo juntos a un escenario.

He de reconocer que como veterano seguidor de la banda tenia la profunda y secreta convicción de que en algún momento Waters, Gilmour, Mason y Wright volverían para ofrecernos una última gira que pudiese compensar esos casi 30 años de desencuentros que nos ha tocado sufrir a los fans de la banda. Como si de los hijos de un matrimonio roto se tratara hemos tenido que conformarnos con verlos por separado, pidiéndonos que nos decantásemos por papá o mamá cuando en el fondo lo que deseábamos era que estuviesen juntos. Nunca brillaron tanto como cuando sus estrellas lucieron juntas, y creo sinceramente que nos debían un adiós acorde con lo que han sido: el grupo más influyente de la historia del rock después de The Beatles.

La sorprendente (por inesperada) muerte de Rick Wright hace que esos soberbios 20 minutos en los que sonaron "Breathe", "Money", "Wish you were here" y "Comfortably numb" sean el punto y final definitivo de este sueño que se inicio hace más de cuatro décadas. Tal vez sea mejor así. Sonaron realmente bien, estuvieron plenamente entregados a la causa e incluso nos hicieron sentir que volvían a disfrutar juntos sobre las tablas de un escenario. Me quedo con la imagen de Waters diciendo lo emocionante que le resultaba compartir escenario de nuevo con "estos hombres" justo antes de dedicarle a Barrett un "ojala que estuvieses aquí" y con el emotivo abrazo que se dieron cuando la actuación ya había concluido.

Hoy Richard William Wright, con una espectacular luna llena (a la que junto a sus compañeros cantó como nadie había hecho antes) sobre nuestras cabezas, vuelve a reunirse con Syd tras su cara más desconocida...