viernes, 15 de mayo de 2009

Nacha Pop, como la lluvia al sol

Estos días me está costando sentarme a escribir más de lo habitual, y creo que parte de la culpa la tiene la gran cantidad de cosas que me gustaría contar y el poco espacio del que dispongo. Nada me impide llenar folios y folios y luego colgarlos, pero me marqué el límite de dos hojas como máximo, y eso me obliga a resumir los contenidos. En el caso de Nacha Pop (como en el de algún artista más) la dificultad de recortar contenidos es mayor que en otros casos ya que mis conocimientos sobre su carrera y su obra es bastante grande, y me cuesta pasar por alto anécdotas o hechos que yo considero determinantes aunque tal vez no lo fueran de forma inmediata.

Supongo que con el tiempo iré centrándome en momentos y hechos más puntuales y concretos (empezaré el domingo hablando del origen de la banda, antes de que Ñete sustituyera a Jaime Conde en la batería, con el concierto en el Teatro Barceló de teloneros de Siouxsie & The Banshees como excusa), pero hoy me limitaré a trazar un pequeño perfil del grupo, lo que significaron en ese Madrid que despertaba y lo que lo fueron después una vez que se separaron. Los logros, discografía y demás datos biográficos han aparecido estos días en todos los medios y todo el mundo se ha declarado ferviente seguidor de la banda de toda la vida, pero no nos engañemos, la realidad con la que se encontró la banda desde el principio fue bien distinta.

Nacha Pop fue, durante sus diez años de vida, un grupo minoritario que nunca vendió más de 20000 copias (y eso que en los 80 muchos grupos alcanzaron al menos el disco de oro sin demasiados problemas) y que si se mantuvo unido durante tanto tiempo fue gracias a unos seguidores muy fieles y al apoyo de la crítica especializada para los que siempre fueron sus niños mimados. La formación histórica de la banda que grabaría casi todos los discos estaba compuesta por Ñete a la batería, Carlos Brooking en el bajo y los primos Antonio Vega y Nacho García Vega que tocaban la guitarra y se repartían las tareas de composición, interpretación vocal, y vino forzada por la exigencia por parte de la compañía del cambio del batería por su baja calidad. Esa fue, como veremos más tarde, la única vez que los Nacha se plegaron a las exigencias de la industria lo que seguramente provocó que nunca tuviesen el éxito que su calidad merecía.

Con nuevo dueño en la baquetas y Teddy Bautista de productor entraron a grabar su primer disco y, aunque parezca increíble, gracias a la labor de Teddy consiguieron que al menos sonara a lo que ellos querían. En aquellos años lo normal era que las compañías impusieran al productor y que este hiciese con las canciones lo que le diera la gana, lo que llevó a que muchos grupos (el caso más claro es el de Mamá) se estrellaran en el primer LP y desaparecieran de la circulación tras el segundo (si es que lo llegaban a grabar). En ese sentido ellos tuvieron suerte ya que él les dejo manga ancha y se limitó a darles consejos y a tratar de que sonasen como lo hacían los discos de los artistas ingleses que les gustaban.

La ventaja que tenían respecto al resto de la primera oleada de grupos que grabaron su primer disco a principios de los 80 era que ellos sabían tocar y dedicaban casi todo el tiempo a ensayar por lo que, a pesar de no vender tanto como esperaban, su fama como grupo de directo empezó a crecer y eso les llevó a ser cabeza de cartel de prácticamente todos los festivales que se organizaron en Madrid a lo largo de esos años. Su segundo trabajo también pinchó en ventas pero, una vez más, la crítica se entusiasmó y sus conciertos, llenos de fuerza e intensidad, les sirvieron para responder con hechos a los que les tachaban de blandos. Como “Hispavox” no estaba satisfecha con sus resultados ni ellos con el trato recibido decidieron romper relaciones y dar el salto a DRO, una compañía independiente recién nacida en la que esperaban encontrar el cariño que no habían encontrado en la multinacional.

Con ellos grabaron “Más números, otras letras” y el maxi de “Una décima de segundo” cuyos buenos resultados les llevaría en 1985 de nuevo a una multinacional. Y es que ellos desde el principio lo que buscaban era el éxito y la repercusión, no tanto por la fama y el dinero sino porque querían que su música llegase a todo el mundo, y lograr eso en una empresa con más medios resultaría más sencillo. Lo que sucede es que para alcanzar ese objetivo tenían que plegarse a demasiadas exigencias y ellos, aunque querían triunfar, no estaban dispuestos a ceder en nada en lo que no creyeran, lo que les creo en las compañías y en algunos medios de comunicación generalistas una fama de difíciles que no se correspondía con la realidad. El caso más sonado es su negativa a ceder los derechos de sus canciones a “Los 40 Principales” como condición para ser numero uno en sus listas. Esto hizo que nunca alcanzaran un puesto destacado en esa lista (eran la emisora musical que casi todo el mundo escuchaba y lo que no sonaba en “Los 40” no existía) y que, aunque mantenían a sus fieles, no lograran incrementar sus ventas.

Este no llegar a ningún sitio y un cambio de orientación en los gustos (sobre todo en los de Nacho) de sus compañeros hizo que Ñete dejara la banda y se convirtieran en trío. Después de eso sólo grabaron “El momento” en 1987 y el directo un año después, pero en muchos aspectos la banda ya estaba tocada de muerte. Estas primeras disputas, unido a la adicción de Antonio, hacían difícil mantener el equilibrio en el seno de Nacha Pop y más cuando, por mucho que hiciesen no lograran la repercusión que otros grupos de su generación que habían sobrevivido si que estaban alcanzando. Sabían que la calidad de sus discos estaban muy por encima de la media, que sus directos eran potentes y que además estaban dispuestos a trabajar todo lo que fuese necesario para alcanzar su objetivo (aunque no a venderse), pero a pesar de eso no lograban dar el gran salto así que el desánimo y cierta frustración empezaron a instalarse en el grupo.

Antonio se fue encerrando más en si mismo, y el contar con él para ensayar cada vez se hizo más complicado. Además el ego de los primos habían hecho que desde la llegada de nuevo a una multinacional (en este caso Polydor) se repartieran los temas del disco al cincuenta por ciento lo que marcó definitivamente la dualidad entre la lluvia y el sol que formaban Nacha Pop. El fin fue inevitable aunque algunos no fuimos conscientes hasta que la separación era un hecho. En mi caso fue paseando por la Gran Vía mientras escuchaba el estreno en la radio del primer single del “80 – 88” y desde entonces nada volvió a ser lo mismo. Unos meses después empecé la universidad y con ella una nueva etapa en perdí gran parte de mi ingenuidad y la creencia de que todo es eterno. Pero de lo que ya en ese momento fui consciente fue de que esa música era parte de mi y que, aunque siguiese escuchándola el resto de mi vida, el instante al que irremisiblemente me conduciría siempre seria a esos años que ellos y yo dejábamos atrás...


jueves, 14 de mayo de 2009

El sueño (Nacha Pop)

Cuando la noche terminó,
cuando sus ojos se cerraron
dejo su mano de pulsar
las viejas teclas del piano.

Y se excito al soñar,
entristeció al pensar
en unas teclas de goma
que no pueden sonar.

Día tras día en un rincón
entre miles de partituras.
Noche tras noche la sensación
De estar cerca de la locura.

Y se excito al soñar,
entristeció al pensar
en unas teclas de goma
que no pueden sonar.

Viejos acordes que se vuelven a escapar
cuando sus manos dejan de vibrar.
Llegó la hora de empezar,
llegó la hora de luchar,
llegó la hora de cerrar y partir

Una mañana en una canción
se puso a hablar con su piano
y este le dijo sin ilusión
que el tiempo le había gastado.

Y se excito al soñar,
entristeció al pensar
en unas teclas de goma
que no pueden sonar.

(Extraída del single "El sueño" / HISPAVOX – 1981)

miércoles, 13 de mayo de 2009

Antonio, en lo mejor de nuestras vidas...

Con su cuerpo aún en la sede de la SGAE (pobrecito mío tener que pasar allí sus últimas horas) y la moral bastante baja, no estoy todavía preparado para hablar de Antonio en términos distintos a lo que la emotividad y los sentimientos dictan. Repetían ayer en el homenaje que durante todo el día le hicieron en Radio3 que lo que había que hacer es celebrar su legado, y si bien es cierto que esa seria la actitud ideal, yo no estoy todavía preparado para verlo en esos términos. En cualquier caso a partir de mañana con la canción de los jueves y durante unos días iré recordando su carrera y su obra, recogiendo alguna anécdota y sus grandes momentos, pero hoy me voy a permitir el lujo de exorcizar mis penas y recordar el camino que he recorrido junto a Antonio hasta hoy...

Aunque a posteriori descubrí que conocía otras canciones del grupo, con conciencia real de lo que oía, la primera vez que escuché a Nacha Pop fue en 1984 con la aparición de “Una décima de segundo”. Yo andaba a esas alturas todavía picoteando de aquí y allá pero esa canción me abrió una senda que desde entonces no abandoné. Busqué los discos anteriores y con los años me hice con los que iban saliendo, y si hasta el maxi las canciones de ambos primos me gustaban casi a la par (aunque la gran mayoría eran de Antonio), desde “Dibujos animados” las de Nacho dejaron de llamarme la atención (con excepciones, claro) mientras que las de Antonio me empezaron a parecer auténticas obras de arte cargadas de emoción y con unas letras desconcertantemente poéticas. Algunos de sus temas como “Desordenada habitación”, “Con tal de regresar”, “Lo que tu y yo sabemos”, “Cada uno su razón” o “Lucha de gigantes” fueron parte de la banda sonora de mi adolescencia cosa que me lleva, parafraseando al protagonista de “Alta fidelidad”, a preguntarme si en aquellos años era así porque escuchaba a los Nacha o escuchaba a los Nacha Pop por que era así.

Lo peor llegó en COU cuando anunciaron su separación y grabaron el doble directo. Recuerdo perfectamente escuchar por primera vez la versión del concierto de "Chica de ayer" paseando por la Gran Vía con los walkman y me dio un vuelco el corazón. Los reyes me trajeron el disco y, a pesar de que en aquel momento ya andaba yo en sonidos más duros, no dejé de escucharlo durante semanas. Este es un trabajo muy criticado, pero a mi me encanta ya que, por un lado recuperó temas como “Relojes en la oscuridad” con un sonido más guitarrero y sin los teclados del original que para mi gusto la estropeaban, y por otro por que recoge su repertorio con una gran fuerza y contundencia, aunque fuera a costa de llenar el escenario de músicos al estilo E Street Band (dos baterías, dos bajistas, el saxo, el teclado, tres guitarras, las coristas...).

Un nuevo mundo se abría bajo mis pies, la universidad, y conmigo viajaron los Nacha primero, y a partir del verano de 1991 también Antonio. El debut de Rico fue tan lamentable (para mi gusto) que a poco bien que lo hiciese se metería en el bolsillo a la masa de fieles que ya le veneraban (que no eran tantos ya que su disco más vendido fue el directo y solo logro un pelado disco de oro, para que ahora se quejen otros de que se venden pocos discos). Y es que en aquellos años, ahora que todos dicen que seguían al grupo desde siempre, éramos poquitos los que decíamos sin cortapisas que nos gustaban ya que en los últimos coletazos de la nueva ola (y Mecano, El Ultimo de la Fila, Hombres G o Duncan Dhu venciendo cientos de miles de discos) y el surgimiento del indie, decir que te gustaba Nacha Pop era visto por unos y otros como una excentricidad.

Pero “No me iré mañana” fue algo más que un primer disco de un artista venido de un grupo con pedigrí pero sin ventas. Personalmente creo que es el mejor disco de la década, aunque hay otros tres o cuatro que le discutirían el puesto, pero es que el tío regaló una colección de canciones impecables en todos los sentidos, que cada vez que escucho (que es varias veces al año) me devuelve al verano de 1991 y se me aparece mi imagen sentado contra la pared de la casa de enfrente mirando las estrellas y escuchando durante horas la cinta... No se llenó la sala de Madrid donde le vi a finales de ese año y el disco se vendió poco, pero el seguía escribiendo a sangre y fuego mi historia emocional a base de canciones que me dejaban roto.

Con “El sitio de mi recreo” de repente el reconocimiento hacia su persona se disparó. Todo el mundo se enamoró de ella y, aunque fuera una maqueta, se llevó premios tan importante en aquella época (ahora hay premios a patadas, pero antes los pocos que había daban prestigio) como el de mejor canción para Radio3 y el ondas (cuando no eran el cachondeo que son ahora). La salida de “Océano de sol” me pilló estancado en la carrera en todos los sentidos, y ese 1994 es el año los primeros discos firmados, la mayor tormenta que he vivido en un coche mientras volvía de Palencia en compañía de mi hermano lobo después de un concierto de Antonio (esa noche pensé que me iba a matar) y de kilómetros y kilómetros a mis espaldas por carreteras comarcales con él sonando por los altavoces del coche...

Luego llegó el puto CD y, aunque me hice con la edición especial de “Anatomía de una ola” (venia en una cajita de cartón y un texto autobiográfico y manuscrito de Antonio), nada volvió a ser lo mismo (por que quizá yo tampoco lo era). Creo que es el disco suyo que menos me gusta y eso que escuchándolo ahora ha ganado muchos enteros y puede que realmente en ese momento el problema fuera yo. Ese año fue la primera vez que lleve a mi chica (y madre de mis hijas a la que un par de años antes el primer regalo que la había hecho era una cinta recopilatoria suya) a uno de sus conciertos, pero también cuando descubrí que ya no estaba hecho para los grandes espacios (se llenó un pabellón en un concierto gratuito y creo que ha sido el peor que le he visto).

Como diría Salander, 2001 el año de “todo lo malo”, lo fue también el de “De un lugar perdido” y el “Básico” (conseguí una copia pirata y pude disfrutarlo con un año de antelación) que, junto al “Ultrasónica” de Piratas y “Salitre 48” de Quique, fueron el bálsamo en el bañe mis heridas. Desde entonces le he visto en concierto bastantes veces y unas cuantas se me ha escapado, pero él siempre estaba ahí para despertar todo tipo de emociones y generar a su alrededor la magia que desprendía cada vez que se subía a un escenario.

Nos dejo su último disco hace cuatro años y, aunque todo lo que aparezca a partir de ahora (el directo que estaba grabando, maquetas, algún DVD...) será obra menor, seguro que aún me deparará grandes momentos y más recuerdos que añadir a ese camino que iniciamos juntos hace 25 largos años y que espero, deseo y sé que todavía serán muchos más...

martes, 12 de mayo de 2009

Adiós amigo, adiós maestro, adiós Antonio...

Estoy hundido y las palabras se han ido de mi boca y mi cabeza. No me salen en estos momentos más que tópicos como que por esperada no deja de ser duro y chorradas de esas, y lo que me apetece es echarme a llorar y no parar hasta mañana... Por que lo único real es que ya no está entre nosotros y, aunque nos queda su música, esta no compensa el gran vacío que nos deja su ausencia...

En unas horas saldré hacia Madrid para despedirme de él y poder decirle en persona todo lo que ha sido, es y será...

Se nos ha ido el duende, el talento, la magia, la emoción... Se nos ha ido el amigo y el maestro... Se nos ha ido Antonio Vega...

Ella no sabe que la vi
inmóvil y toda gris,
tomé el sendero hacia el lugar,
en la montaña.

Aquella noche la pase
oyendo el agua correr
sentía enorme la atracción
de la montaña.

Camino sin ver el final
y el paso que aún no he dado ya está atrás,
¿estoy llegando? ¿o he llegado ya?

Como los ríos prometí
el nunca retroceder,
pero ellos caen, se dejan ir, yo
mi peso he de vencer.

Arena que cede al andar,
paredes que se dejan abrazar,
parece que la cumbre cerca está.
Algo mas cerca que ayer...

La última montaña quedo
delante de ti,
la última montaña quedó
muy cerca de ti.

El sol ya no se deja ver
la noche ébano es,
siento lo vivo y fantasmal
de la montaña.

Camino sin ver el final
y el paso que aún no he dado ya está atrás,
estoy llegando y he llegado ya
poco más cerca que ayer.

La última montaña quedó
delante de ti
la última montaña quedó
muy cerca de ti.

“La última montaña” está extraída del álbum "No me iré mañana" / PASION – 1991

lunes, 11 de mayo de 2009

Alta fidelidad o el diario de un coleccionista

“Escuchaba música pop porque estaba deprimido o estaba deprimido por escuchar música pop?” Con esta declaración, y tras un plano que empieza en un vinilo girando y termina en John Cusack tras recorrer el equipo de música y el cable de los cascos, comienza “Alta fidelidad”, la película que sobre la novela de Nick Hornby dirigió hace unos años Stephen Frears. Recuerdo que leí el libro a finales de los 90 y que me sentí totalmente identificado con el personaje en lo que se refiere a filias y fobias musicales (no tanto en los gustos si no en las manías y comportamientos típicos del coleccionista de discos), lo que me gustó por ver que no era tan raro lo que hacia, pero que también me inquietó, ya que nunca había visto determinadas cosas que consideraba de lo más normal del mundo con los ojos de un observador al que le cuentan una historia ajena.

Cuando se estrenó en los cines se me escapó y luego, con los años, aunque la he buscado (he de reconocer que sin excesivo interés) no he no he conseguido encontrarla por lo hasta que me la regaló Domingo por mi cumpleaños nunca había tenido la posibilidad de verla. Pero es que incluso con el DVD en mis manos he tardado varios meses en verla por el ajetreo de mi segunda niña rockera y también, por que negarlo, por la pereza de plantarme delante de la TV y tener que estar un par de horas delante de ella. Al final este fin de semana se han dado las condiciones necesarias para poder sentarme a verla tranquilamente, y he de decir que la he disfrutado y me ha hecho revivir las sensaciones que me produjo el libro hace ya una década.

Por el recuerdo que tengo del libro creo que ha captado perfectamente la esencia del personaje y de lo que es el modo de razonar y comportarse de los pirados por la música y los vinilos. Es evidente que por cuestiones narrativas y de ritmo se han suprimido muchas cosas y otras se han situado en momentos distintos de la trama, pero el resultado final creo que es simplemente espectacular... Y si en su momento deseé más que nada en el mundo haber escrito yo ese libro, ahora en el caso de haberlo hecho me sentiría encantado con como ha quedado su adaptación.

Son tantos pequeños detalles que aparecen aquí y allá a lo largo del metraje que resultaría imposible mencionar todos los hechos que, por lo que veo, deben ser comunes a todos los de esa raza, pero entre otros he vuelto a reencontrarme con las recopilaciones en cintas de casete y sus teorías para grabarlas (ahora con el CD es mucho más frió y basta con arrastrar la canción sin necesidad de escucharla e ir viendo como van encajando), las listas de favoritos sobre cualquier tema imaginable, la reorganización de la colocación de los discos en función de todo tipo de criterios (algunos de lo más absurdos), el llevar cintas a los colegas para que escuchen algo raro que has conseguido esperando que lo valoren, los prejuicios hacia cierto tipo de artistas y el desprecio (siempre metafóricamente hablando, claro) hacia sus seguidores, la extraña moral del coleccionista que te hace valorar quien merece y quien no tener un disco determinado...

Pero además es que refleja muy bien lo que es (ahora habría que decir que eran, ya que han convertido la música en un producto más de centro comercial) una tienda de discos, con un personal que sabe de música y con el que puedes discutir o intercambiar opiniones, que te descubre artistas y te recomienda con criterio cuando no tienes claro lo que quieres llevar, que es capaz de conseguir lo que el cliente busca aunque tenga que ir a buscarlo en el fin del mundo (lo cierto es que ahora con internet eso es más fácil)... Han logrado captar el espíritu de lo que es un tienda pequeña discos en la que el dueño conoce a muchos de sus clientes y la clase de conversaciones que allí se escuchan, y eso por si solo ya tiene un gran valor por que es algo que algún día se perderá.

Como perla para el cierre Frears nos regala una maravillosa versión del “Let’s get it on” de Marvin Gaye a cargo de Jack Black (que se sale a lo largo de toda la película) que solo sirve para redondear una fabulosa banda sonora que no cojea en ningún momento mientras te conduce sin remisión a ese clímax final. Por poner alguna pega me habría gustado que la acción se desarrollase en Londres como en la novela y no en las calles de Chicago y que se hubiesen respetado las referencias del autor en lugar de introducir grupos actuales y americanos... ¿Pero que es eso en un mar de aciertos?. Nada. Sobre todo si lo que los involucrados (Cusack y Frears) pretendían era simplemente contar como es la vida de un coleccionista que además adora la música.

sábado, 9 de mayo de 2009

Echando gasolina a la hoguera de su vanidad...

Hoy quiero dedicarle estas líneas a dos personajes que si por algo se han destacado en los últimos tiempos ha sido ha sido por dar al resto de los mortales lecciones éticas en lo que refiere a cuestiones musicales. Lo cierto es que si lo que ha sucedido con Ramoncín no me ha sorprendido en exceso, lo que pasó el pasado sábado 2 de en el Palacio de la Comunidad de Madrid me ha dejado un tanto perplejo. Supongo que quien más quien menos ya habrá visto las imágenes (si no pincha aquí) y sabrá que durante la presentación en directo del último disco de Fangoria, y mientras interpretaba el tema “Retorciendo palabras”, se cayó al suelo y se pego un buen castañazo...

Eso en si no seria noticia de no ser por que su voz mientras se producía la caída no se vio alterada y no se percibió en ella lo que acababa de suceder (que se había dado de morros contra el suelo). La conclusión a la que se llega después de ver la imágenes es bastante clara, la diva de “la movida” estaba haciendo play back. Ya digo que en otras circunstancias habría pasado por alto la noticia y pensaría que solo seria interesante para un programa de esos en los que ponen videos de gente dándose golpes, pero precisamente viniendo la cosa de Alaska merece al menos un pequeño comentario.

Si en lo musical cuando menos me merece un respeto (creo firmemente en lo que hizo junto a Berlanga y Canut y su carrera junto al segundo en Fangoria sin irme demasiado creo que tiene cosas interesantes), su actitud de “soy la más enrollada y guay y lo que hacemos mi maridito y yo es lo que mola y lo que hace el resto una mierda” cada vez la soporto menos. Va mirando al resto de los mortales por encima del hombro como si estuviese por encima del bien y del mal, y con cosas como esta lo que demuestra es que es una tramposa y que, si bien lo otro puede ser cierto dentro de la “élite” en la que se mueve, se comporta como cualquier artista mediocre incapaz de defender su trabajo en directo sin recurrir al engaño de un público (que paga religiosamente los altos precios de un concierto) que lo único que espera es que lo que va a ver sea verdad (para lo otro ya está el disco). Un aplauso señora, usted si que sabes como dar ejemplo... Menos mal que está para mostrarnos el camino a seguir que si no nuestra vida estaría tan vacía...

De José Ramón Julio Martínez Márquez se podría escribir un libro con todas las salidas de pata de banco que ha tenido, pero la última es, cuando menos, previsible, lo que yo agradezco ya que cada vez que leo algo con su nombre en la prensa me temo lo peor... Esta vez lo único que ha hecho ha sido seguir su instinto y buscar el programa más dañino de su sector para fichar por el. Y aunque haga tiempo que se sabe la noticia y por lo que he podido ver se haya escrito mucho al respecto, tenia que decir algo sobre la presencia de Ramoncín como jurado de la enésima edición de Operación Triunfo.

Parece ser que el objetivo principal del programa en los últimos tiempos consiste en ver como un tipo ofensivo y maleducado que hace de jurado humilla a unos chavales cuyo único delito es querer forrarse a costa de la música. Pues ahí es donde ha empezado a trabajar nuestro amigo, y si no me equivoco mucho entrará en competencia con el otro sujeto por lo que nos espera unas semanas no aptas para gente con el vómito fácil y sufridores con vergüenza ajena... Que alguien me diga que pinta el rey del pollo frito en un programa como este...

Si el tipo que fue a finales de los 70 levantase la cabeza se volvería a morir del susto y le soltaría dos bofetones, pero ya se encargó el solito de enterrar su imagen a lo largo de los años y ya no sabe en que consiste el respeto por uno mismo. El que antaño fue azote de los triunfitos criticándoles por falta de autenticidad, ahora está dispuesto a entrar en un juego en el que supuestamente se hurta la posibilidad a gente que realmente merece la pena a costa de productos prefabricados. Lo que sucede es que esta vez el sacará sus beneficios (q supongo que no serán bajos) y eso cambia las cosas, aunque por coherencia es algo que debería comentar cuando critica algo: “esto es malo por que yo no gano nada con ello”.

Para despedirme me gustaría recordar un dicho tradicional que dice algo así como que “es mejor no escupir al cielo por que te podría caer en la cara”... Pues algo así es lo que creo que ha pasado con estos dos personajes que a principios de los 80 fueron iconos de rebeldía y la postmodernidad y que se han convertido en lo que aquel momento tanto criticaron. Y aunque me temo que siguen creyéndose que son lo que eran, de vez en cuando el escupitajo les cae encima para ponerlos en su sitio.

viernes, 8 de mayo de 2009

El año que amé a Carole King

No puedo dejar de sentir cierta conmoción cada vez que el “Trapestry” se cruza en mi vida. Lo cierto es que esta es más bien la historia de un niño de 11 años que por primera vez se siente fascinado por la portada de un disco, pero también la de una relación que 27 años después se mantiene como el primer día. Fue el año del mundial de España y por la razón que fuese apareció por casa una colección de unos 20 vinilos entre los que había uno en cuya carpeta aparecía una mujer sentada junto a una ventana con un gato a sus pies mirando a la cámara.

El único tocadiscos que teníamos en esos momentos era uno de esos que juntando el plato con los altavoces se transformaban en una maleta y por mi edad aún tenia vetado poner yo solo. Tras semanas observando la portada y mientras mi curiosidad crecía, decidí que ese disco le tenia que escuchar pero, como no me atrevía a pedir a mis padres que me lo pusiesen, haría yo solo cuando no hubiese nadie que me pusiese molestar. Ya no recuerdo las circunstancias que hicieron que me quedara solo aquella tarde, pero si que después de tanto tiempo esperando que llegase el momento cuando por fin llegó no sentí una emoción especial.

Todo cambio cuando conseguí posar la aguja sobre el vinilo sin problemas y empezaron a sonar las primeras notas del piano de Carole King en “I feel the earth move”. No sabría expresar lo que sentí por que no era comparable con nada de lo que había sentido hasta ese momento, pero hizo que una gran felicidad recorriera mi cuerpo. El disco me gustó sin más, pero me sentí bien y me animó a seguir investigando, un poco a escondidas, entre la colección de vinilos de mis padres. Fue un año maravilloso ya que buscaba cualquier ocasión para poder escuchar a escondidas música en el tocadiscos y fue ahí cuando empecé a enamorarme perdidamente no de una portada si no de lo que había dentro de ella, pero todo lo bueno tiene su fin.

Un día me pillaron y, aunque la bronca fue por que debería estar estudiando en lugar de perder el tiempo, tardé en volver a hacerlo. Cuando por fin decidí pinchar otra vez un disco volví a elegir el “Trapestry” y esta vez lo hice abiertamente en un momento en el que no tenia nada que hacer y estaban mis padres en casa. Ese día si que estaba nervioso y es que esperaba que estallase la tormenta, pero finalmente no fue así. Cuando acabé de escucharlo respiré aliviado y eufórico, tanto por lo que había hecho sentir el disco como saber que podría escuchar libremente música en el tiempo libre sin tener que recurrir a nadie (mi madre me dijo que recogiese el tocadiscos y no que no lo pusiese).

Nunca me molestado en investigar demasiado la biografía de Carole y no he vuelto ni a comprar ni a escuchar otro disco suyo que no fuese este. Tras años escribiendo éxitos para otros empezó a interpretar sus propias canciones, y después de un dubitativo debut publicó “Trapestry” en 1971. Fue numero uno en su país y esta 15 en el ranking de disco más vendido de los 70, y desde ese momento se convirtió en una de las mujeres más respetadas de la música americana con una carrera de bastante éxito... Y poco más puedo decir de ella...

Desde entonces su voz y piano me han acompañado, siempre con cuanta gotas, a lo largo de los años provocando siempre sensaciones parecidas. Todos los platos que he tenido los he estrenado con ese disco y al final su contenido también ha conseguido enamórame, pero si por algo es importante en mi vida es por que el año que lo deseé fue también en el que la música se coló por mis venas para no salir de ellas nunca más.