viernes, 8 de abril de 2011

¿Quién asesinó a Kurt Cobain?


El 8 abril de 1994 los teletipos de todo el mundo echaban humo. El cuerpo sin vida de Kurt Cobain, alma del grupo más importante del momento, había aparecido en su casa con un disparo en la cabeza y todo apuntaba al suicidio como causa del fallecimiento. Al shock inicial le siguió la incredulidad, y de eso a poner en duda la versión oficial sólo había un paso. En todos estos años es mucho lo que se ha escrito al respecto y la semilla de la duda se ha instalado entre miles de fans de la banda que parece que no tienen ninguna duda de el asesinato fue la causa real de la muerte de su ídolo. Sus argumentos giran en torno a determinados hechos que sucedieron en sus últimas semanas de vida, revelaciones de gente que lo conocía y algunos datos de su autopsia y del atestado policial. Pero, ¿cuáles son las pruebas a las que se agarran para defender con tanto ahínco esa teoría?

El 1 de marzo de 1994, tras su concierto en el Terminal Einz de Munich, le fue diagnosticada una bronquitis y laringitis muy fuerte. Esa sería la última actuación de la banda ya que, aunque al día siguiente partió hacia Roma donde debía continuar su gira europea, un coma provocado por la mezcla de champaña y Flunitrazepam (un medicamento que hace perder la consciencia, incoloro, sin sabor y que el cantante no utilizaba) lo impidió. Ese medicamento se lo habían recetado curiosamente a Courtney Love a su llegada a Roma un día antes del percance. Era 4 de marzo. Inmediatamente fue ingresado mientras su esposa filtraba a algún medio amigo que se había intentado suicidar, cuando en realidad se había tratado de un accidente. El día 8 salió del hospital por su propio pie y enseguida cogió un avión que lo devolvió a Seattle.

Apenas diez días después, el 18 de marzo, Courtney llamó a la policía diciendo que su marido se había encerrado en una habitación con una pistola y se quería suicidar. Cuando se presentaron en su domicilio, tras requisar varias armas, descubrieron (como hacen constar en su atestado) que la razón por la que se había encerrado era porque tenía miedo de su mujer y que en ningún caso había pensado en suicidarse. Cuando la policía le preguntó sobre el tema ella admitió que Cobain nunca había mencionado que quería suicidarse y que no lo había visto con un arma.

El día 25 Love reúne un gabinete de crisis con las drogas como único punto del día y a la que asistieron sus músicos más cercanos, el manager de la banda, ejecutivos de la discográfica y Dylan Carlson (miembro de Earth y uno de los mejores amigos del artista). El ex-representante de Nirvana, Danny Goldberg, contó a posteriori que Cobain se había mostrado “extremadamente escéptico” y que en todo momento “negó que estuviera haciendo algo realmente autodestructivo”. Sin embargo, tras varias horas de discusión, aceptó incorporarse a un programa de desintoxicación, cosa que hizo el 30 de marzo en el Centro de Recuperación Exodus de Los Angeles.

El primero de abril recibió en la clínica la visita de Frances Bean (su hija) acompañada de su niñera durante aproximadamente una hora. Esa noche con un cigarrillo en la mano salió del edificio, salto una reja de 1,80 metros y en taxi se dirigió hacia el aeropuerto para coger un vuelo en dirección a Seatle. Pasó por su casa, habló con Michael DeWitt (antiguo novio de Love y camello de la pareja) y los días siguientes los dedicó a deambular por Seatle aunque a nadie de entre la gente cercana con la que se encontró le pareció que hubiese razones para preocuparse de nada. El 3 de abril Courtney contrató los servicios del investigador privado Tom Grant para que encontrase a su marido y al día siguiente rellenó una denuncia de persona desaparecida con el nombre de la madre de Cobain (sin el consentimiento de esta) agregando que quería suicidarse y portaba un arma de fuego.

Por fin el día 8 su cuerpo fue hallado por Gary Smith, un empleado de Veca Electric contratado para instalar un sistema eléctrico de seguridad, en un cuarto sobre el garaje de una casa que poseía el cantante cerca del lago Washington, con un disparo en la boca y salida por el oído. Al parecer al principio le costó darse cuenta por la falta de sangre, llegando a pensar que se trataba de una muñeca tirada en el suelo en un primer momento y que estaba dormido después. La autopsia determinó que la muerte se produjo por “herida de bala auto-inflingida en la cabeza” y que probablemente llevase allí desde el día 5 de ese mes de abril de 1994. Su cuerpo se incineró rápidamente y las cenizas fueron repartidas entre un templo budista de Nueva York, su hija y su esposa a la que ya empezaba conocerse como la viuda negra del grunge.

Con este pequeño resumen ya se puede ver que cuando menos existen algunos puntos oscuros en el desarrollo de los acontecimientos, y el primero que puso en duda la versión oficial fue el investigador Tom Grant al que habían encargado localizarle. El destapó que la autopsia decía que se habían localizado en su cuerpo tres fuertes dosis de heroína (letales por si mismas) y una de la droga Diazepam, que hacían imposible el hecho de empuñar un arma. Además tenia tres pinchazos en el codo (un sitio poco habitual para pincharse a menos que se quisiese ocultar), no se encontraron huellas en toda la estancia (ni siquiera de Cobain) y la herida de bala que le había destrozado la mejilla y el oído izquierdo, aunque mortal, no era instantánea, por lo que la poca sangre que se encontró debería estar en otra posición. Su conclusión fue que probablemente le mató la heroína y que fue otra persona (la misma que se la había suministrado) la que se encargó de hacer que pareciese un suicidio.

Desde ese momento empezaron todo tipo de elucubraciones (libros, películas, foros de internet se han hecho eco de ellas) aunque la mayoría coinciden con que la responsabilidad material recae en Michael DeWitt o Dylan Carlson (ambos adictos a la heroína a los que podría haber convencido una cuantiosa suma de dinero) y la ideológica en su mujer Courtney Love. Una de las pruebas que presuntamente la inculpan es la declaración de un tal Eldon Hoke que, ante un detector de mentiras que confirmó que decía la verdad con un 99,7% de posibilidades, afirmaba que le había ofrecido dinero por asesinar a Cobain (Hoke apareció asesinado menos de un año después de esto). Curiosamente además el 1 de abril había cancelado todas las tarjetas de crédito de su marido con la excusa de que no tuviera acceso a dinero con el que comprar drogas, aunque para los malpensados ese detalle unido a que se encontraron las ruedas de su coche pinchadas significa que alguien no quería que tuviese manera de moverse de Seatle.

Otro argumento gira en torno a la carta de despedida. Tal y como está enunciada más parece una despedida de sus fans que una nota de suicidio, ya que se rumoreaba (y luego lo confirmó Dave Grohl) que estaba a punto de anunciar que dejaba la música por no poder soportar durante más tiempo la presión y porque aspiraba a una vida tranquila con su hija. De hecho se sabe que la ruptura con Courtney también era inminente y que había solicitado la custodia de Frances Bean. Eso, unido a que tenían separación de vienes, hacia que en caso de divorcio y sin la custodia de la niña Love no hubiese visto un duro de la fortuna de Cobain. Solo las últimas líneas de la carta, esas sacadas le una canción de Neil Young que dicen que “es mejor quemarse que oxidarse”, pueden hacer pensar en el suicidio, pero grafólogos que han tenido acceso a la carta sostienen que, aunque idéntica a la del artista, esa letra pertenece a otra persona. Se habla también de que existía otra carta, esta si dirigida a su mujer y que ella destruyo al acabar de leerla, en la presuntamente la comentaba su decisión de abandonarla. Además, y como curiosidad final, el cierre de la investigación se hizo en base al informe del forense Nikolas Hartshorne que, cosas que tiene la vida, era amigo de Courtney Love.

Ya han pasado ya 17 años y es probable que dentro de otros tantos se siga escribiendo sobre esto (como se sigue haciendo con sus compañeros del club 27). Visto con la perspectiva que da el tiempo y la dureza con la que ha sido gestionado su legado, es evidente que Cobain valía más muerto que retirado, aunque también es cierto que de entrada a nadie le sorprendió del todo la versión oficial cuando se conoció. Las cartas están sobre la mesa y cada uno puede elegir con cual quedarse. Suicidio u homicidio, he ahí la cuestión…

Texto publicado en la revista Culturamas

viernes, 1 de abril de 2011

El excitante sonido de los Small Faces


Los Small Faces fueron la banda mod por excelencia y los padres del sonido más excitante que se pudo escuchar en el Reino Unido en la segunda mitad de los 60. Steve Marriott y Ronnie Lane se conocieron un sábado por la mañana de 1965 cuando este último entro en la tienda de instrumentos donde Marriott echaba una mano para comprar un bajo eléctrico. Charlaron un rato, le hizo un buen descuento y esa tarde se reunieron en casa de Steve a escuchar sus discos de rhythm’n’blues. Desde ese momento ambos se hicieron inseparables y no pasó mucho tiempo hasta que en compañía de Kenney Jones (a la batería) y Jimmy Winston (teclados) decidieron formar una banda y empezar a ensayar. Tras un primer concierto desastroso volvieron a actuar en el pub de los padres de Jimmy y allí los vio el propietario del Cavern Club (situado en pleno centro de Londres) que les invitó tocar al sábado siguiente en su local.

El resultado fue tan satisfactorio que les ofreció una residencia por los siguientes sábados, con lo que enseguida se hicieron con un buen número de seguidores que iban a verlos todas las semanas. Su popularidad fue aumentando al ritmo de sus actuaciones casi diarias en pubs y clubs de toda la ciudad gracias a la influencia soul que mostraban sobre el escenario, unas letras violentamente críticas que describen la vida de las grandes barriadas en las que el paro, la delincuencia y la pobreza están a la orden del día, a la poderosa voz de Marriott y sobre todo a su perfecta e impecable estética mod. Musicalmente en ese momento rivalizaban con The Who (a los que su manager vendía como el único grupo mod), aunque para mucha gente (lógicamente tenían bastante publico en común) los Small Faces eran los auténticos mods ya que se mezclaban con la gente, iban a otros conciertos y su imagen era real y no la de unas estrellas del rock para las que un manager había planificado una estética concreta.

Aunque fueron varios los que intentaron hacerse con sus servicios al final fue Don Arden (que trabajaba para Decca) el que se llevo el gato al agua por 20 libras semanales y una cuenta abierta en todas las tiendas de Carnaby St. para que mantuvieran esa imagen que tanto gustaba a la juventud británica de la época. Todo iba muy rápido y, a pesar de que no tenían casi experiencia como músicos, grabaron su primer single en agosto de 1965. Poco después los problemas de ego entre Marriott y Winston acabaron con este en la calle y su sustitución por Ian McLagan. En el periodo que duró su colaboración con Arden grabaron 8 singles y un LP (y otro que sacó la compañía a base de descartes cuando se fueron), y si se rompió fue porque cuando los padres de los chicos (el mayor tenia 18 años cuando empezaron y el menor 16) preguntaron por todo el dinero que estaban ganando con la venta de discos y los innumerables conciertos, este les contestó que se lo gastaban en drogas (cosa que no era verdad).

La ruptura se produjo en el verano de 1967 y enseguida fichan por el sello Immediate, con el que logran mayor libertad para su trabajo y graban 6 singles (hay que recordar que el contenido de los singles no solía coincidir con los de los discos grandes) y dos LP’s, Small Faces en julio de 1967 y el psicodélico Ogden's nut gone flake en junio de1968. La banda alcanzó su máxima cota de reconocimiento y ventas con este segundo disco para su nueva discográfica, convirtiéndose de inmediato en un clásico y permaneciendo mes y medio en lo más alto de la listas. La crítica lo puso por las nubes, su portada recibió múltiples premios, pero se encontraron con el problema de haber creado una obra maestra imposible de trasladar a un escenario. La única vez que lo hicieron fue para el programa de la BBC “Colour me pop” y todas las referencias que he encontrado dicen que fue un momento memorable.

Tras el concierto de nochevieja de 1968 en Nueva York, Steve Marriott abandonó el grupo para formar Humble Pie junto a Peter Frampton, dejando a sus compañeros compuestos y sin cantante. Fue entonces cuando Lane, Jones y McLagan reclutaron al vocalista Rod Stewart y al guitarrista Ron Wood (ambos ex-miembros del Jeff Beck Group) y, aunque lanzaron un álbum bajo el nombre de los Small Faces por un presunto error de la discográfica (o no, que ya se sabe como son estas cosas del marketing y la publicidad), pasaron a llamarse The Faces e iniciaron una carrera que durante seis años les daría más éxitos, reconocimiento y prestigio que a su ex compañero.

Volvieron a juntarse en 1975 tras la disolución de Humble Pie y The Faces (Stewart inició su carrera en solitario y Wood se fue con los Stones) para regrabar un par de singles e intentar sacar algo nuevo, pero la esclerosis que padecía Lane lo hizo del todo imposible. El 20 de abril de 1991 Steve Marriott murió mientras dormía a causa de un incendio provocado por un cigarro mal apagado y el 4 de junio de 1997 lo hizo Ronnie Lane por una neumonía que su delicado estado de salud no pudo resistir. Probablemente su discografía entre 1965 y 1968 no tenga ni un solo tema de relleno lo que los convierte en un grupo de leyenda... Eran los 60 y, en lo musical, con eso está todo dicho...

Texto publicado en la revista Culturamas

miércoles, 9 de marzo de 2011

Klaatu, el disco perdido de The Beatles


Han sido muchas las leyendas urbanas que a lo largo de los años han circulado en torno a los Beatles. La más popular es la que se refiere a la presunta muerte de Paul McCartney en un accidente de coche el 2 de noviembre de 1966 y su sustitución por un doble llamado Keith Allison (también dicen que se llamaba Billy Shears o William Campbell), pero la más curiosa para los interesados exclusivamente en cuestiones musicales es la que dice que en 1976 apareció un disco de la banda que había permanecido perdido durante diez años.

La historia apareció publicada por primera vez en el periódico norteamericano The Providence Journal y se decía que tras el álbum editado bajo el nombre de Klaatu podía estar el cuarteto de Liverpool. Según la información, cuando en 1975 se preparaba un proyecto que bajo el nombre The long and winding road pretendía recopilar gran parte del material inédito del grupo (la idea se abandonó y no se recuperó hasta 1995 con Anthology), se encontraron unas cintas con un disco grabado entre Revolver y Sgt. Pepper’s y que en su momento habían decidido no publicarlo porque suponía un cambio radical en su estilo para el que el público aún no estaba preparado.

La noticia empezó cobrar fuerza cuando otros medios como New Musical Express se hicieron eco y, al igual que sucedido con otros rumores, los argumentos que presuntamente demostraban su veracidad empezaron a correr como regueros de pólvora. Aunque a continuación detallaré sólo unos pocos, aquí encontrareis todos los que se llegaron a reunir.

• El disco estaba editado por Capitol la misma discográfica que tenia sus derechos para Estados Unidos.
• Tanto la producción como la composición de los temas está acreditado a Klaatu, pero no existe información sobre los miembros de la banda, lugar de grabación...
• No aparecían fotografías del grupo en ninguna parte.
• El periodo en el que se grabó fue el más grande que pasaron sin publicar un álbum y resultaba difícil creer que dada su fertilidad hubiesen estado tanto tiempo inactivos.
• La voz en varios temas se parece mucho a la de John y Paul
• En la portada solo aparece el nombre del grupo y un sol, y en Abbey Road había un tema llamado “Sun king”. Además las iniciales de ese disco AR invertidas es RA , el dios del sol en la cultura egipcia...

La razón de haber publicado el disco con pseudónimo estaría en los problemas legales que habría supuesto hacerlo bajo el nombre original del grupo, y además se pensó que de esta manera la música hablaría por si misma. Lo cierto es que sólo “California jam”, “True life hero”, “Calling occupants of interplanetary craft” y sobre todo “Sub-rosa subway” pueden recordar ligeramente el sonido Beatle, pero eso no impidió que las ventas del disco se disparasen y que los rumores de que era un trabajo perdido de la banda siguieran creciendo.

La realidad era otra. Es verdad que la razón para publicar el álbum sin información alguna estaba en la esperanza de que el contenido musical se defendiese por si mismo, pero detrás de el no estaban los Beatles si no el grupo canadiense Klaatu. Sus integrantes, John Woloschuk, Terry Draper y Dee Long, lo habían grabado entre 1973 y 1976 y, una vez que el rumor hizo que se incrementaran las ventas, decidieron mantener la confusión para aprovechar el tirón. Hasta 1980 siguieron sin incluir detalles en los créditos de los discos que editaron, pero para ese momento ya se habían aclarado todas las dudas y nadie les prestaba la menor atención.

Texto publicado en la revista Culturamas

lunes, 16 de agosto de 2010

Hendrix vs The Who: la noche que ardió Monterrey


En apenas tres años, los que van de 1964 a 1967, el rock sufrió una transformación inimaginable cuando a finales de los 50 Elvis y Bill Haley terminaban de sentar las bases de ese nuevo sonido surgido de la evolución de la música negra de décadas anteriores. En poco tiempo se pasó del pop ligero de letras simplonas, la beatlemanía, los trajes de chaqueta con los que se vestían los artistas y los ritmos limpios y suaves a las largas melenas, la psicodelia, guitarras distorsionadas, las drogas y la fusión de todo tipo de músicas.

Los jóvenes empezaron a tomar las riendas de su vida al margen de lo que su entorno determinase y el rock fue el medio a través del cual todas esas ideas de ejercicio activo y consciente de las libertades individuales se transmitieron a toda esa generación rebelde. Ese cambio social y generacional necesitaba un hecho a partir del que esa revolución tomara identidad de forma homogénea y coherente, y ese evento fue el Monterrey Pop Festival en el que participaron casi todos los que darían forma al movimiento hippie, Mamas and The Papas, Jefferson Airplane, Simon and Garfunkel, The Steve Miller Band, The Byrds, Otis Reading, Janis Joplin, Grateful Dead… y por supuesto The Who y la Jimi Hendrix Experience.

La noche del domingo 18 de junio de 1967 entre 55000 y 90000 personas se reunieron frente al escenario principal para disfrutar de la última jornada del festival y comprobar que todo lo que se venia diciendo de esas bandas británicas era cierto (Hendrix tubo que exiliarse a Londres buscando la oportunidad que se le negaba en su país). En cualquier caso no llegaban los dos en las mismas circunstancias a Monterrey ya que, mientras The Who habían sido invitados tras una exitosa gira por Estados Unidos donde empezaban a hacerse un nombre, Hendrix lo hacia por imposición del mismísimo Paul McCartney que formaba parte del comité organizador y le consideraba el mejor guitarrista del mundo.

En el backstage, antes de la actuación, saltaron chispas cuando Hendrix y Pete Townshend se enfrentaron a la hora de decidir quien seria el encargado de cerrar la velada. Al final la suerte acompaño al genio de Seattle pero ambos se acusaron mutuamente, de forma airada y ante muchos testigos, de tramposos y de querer robar el protagonismo del show… Decir que este no era el primer enfrentamiento entre ambos ya que estaban picados desde unos meses antes (el 29 de enero) cuando en un concierto compartido en el Saville Theater de Londres (ese día la prensa tituló “Jimi Hendrix contra los Who”) se produjo un autentico choque de trenes en el que Keith Moon acabó con una ceja rota tras destrozar su batería y Hendrix dio un incendiario concierto que dejó a todos estupefactos.

A las 11 de la noche The Who saltaron al escenario y Eric Burdon los presentó diciendo “a continuación una banda que va a destrozaros de muchas más maneras de las que podáis imaginar…” Y así fue ya que, reconvertidos al estilo hippie con un look muy diferente al que venían usando, desde la primera nota se mostraron con una actitud bastante más agresiva de lo habitual manteniendo esa intensidad a lo largo de los seis temas que interpretaron (Substitute, Summertime blues, Picture of Lily, A quick one while he’s away, Happy Jack y My generation).

Cuando acababa la última canción, y mientras Daltrey agitaba el micrófono sobre su cabeza como si fuese un lazo, estallaron unas bombas de humo en el escenario y fue el pistoletazo de salida para el caos…. Pete Townshend empezó a golpear la guitarra contra el suelo y, como no se rompía, la arrojó contra la torre de los amplificadores como si de una lanza se tratase, mientras que Keith Moon siguió atizando a su batería hasta que la destrozó. Sólo John Entwistle se mantuvo impertérrito mirando a su alrededor como si la cosa no fuera con él y no conociese de nada a esos tipos enloquecidos con los que compartía escenario.


The Who habían ofrecido una de sus actuaciones más apocalípticas y acababan de reinventarse de una manera apabullante (ya no volverían a ser esos chicos mod), así que habían dejado el listón muy alto para que el hijo pródigo tratara de superarlo… Pero lo hizo… Sin la violencia tanto física como emocional de los británicos, la actuación de Jimi fue una de las mejores de toda su carrera. Los temas que interpretó fueron “Killing floor”, “Foxey lady”, “Like a rolling stone”, “Rock me baby”, “Hey Joe”, “Can you see me”, “The wind cries Mary”, “Purple haze” y “Wild thing”, mostrándose magnífico durante todo el concierto construyendo muy hábilmente el clímax final que llegó cuando al terminar la última canción vertió un poco de gasolina sobre la guitarra y la prendió fuego antes de hacerla pedazos. Fue un acto de pura destrucción que dejó al público pasmado por la incredulidad y la consciencia de estar asistiendo a un hecho que pasaría a los anales de la historia el rock como uno de sus momentos de máxima emoción…

Para los espectadores y la prensa el resultado de este enfrentamiento se saldó con tablas aunque con ligera ventaja para The Who, pero para los músicos que asistieron al evento (tanto participantes como invitados) Jimi Hendrix fue el absoluto vencedor, hasta el punto que Mama Cass se acercó a Pete cuando se producía el numerito de la guitarra incendiada para decirle “os ha robado el show, ¿eh Pete?”, a lo que este respondió afirmativamente aunque no sin cierta chulería la dijo que “si esto lo hace en mi país me habría liado a puñetazos con él, pero aquí el buen rollito de Monterrey me lo impide…”

Lo que nos ha quedado de esa noche, que más o menos se ha podido ver en distintos documentales y reportajes, es uno de los duelos más épicos y emotivos que se recuerdan sobre un escenario, con dos de los artistas más incendiarios de la historia realizando unos shows a la altura de los mejores que realizaron en su vida. Mientras, el público, se frotaba los ojos sin poder creer el maravilloso espectáculo del que estaban siendo testigos. La puerta de los Estados Unidos y del mundo se abría definitivamente para los dos grupos, aunque eso ya es otra historia…

Texto publicado en la revista Culturamas

jueves, 5 de agosto de 2010

Sam Phillips, el hombre que soñó el rock and roll


Cuando una tarde de julio de 1954 Sam Phillips reunió en su estudio a Bill Black, Elvis Presley y Scotty Moore hacía tiempo que venía soñando con el rock and roll. Un par de años antes había fundado, en el 706 de la Union Avenue de Memphis, Sun Records con la intención de grabar a todo tipo de artistas sin que le importase ni la raza ni el estilo. Cabe recordar que en aquellos momentos existía una clara diferenciación entre la música que hacían los negros y la que hacían los blancos, quedando cada una de ellas restringida casi en exclusividad a su grupo racial correspondiente.

Empezó grabando a artistas negros con la esperanza de encontrar un nuevo sonido que, al margen de quién lo interpretara, pudiese gustar a todo el mundo. Sabía como sonaba en su cabeza y que se encontraba en algún lugar pero, por mucho que buscaba, no acababa de dar con ello. Al margen del mero negocio musical, en sus estudios cualquiera podía grabar un par de canciones para luego regalárselas a los amigos o familiares, lo que hizo que se convirtiera en un punto de reunión de músicos locales a los que Sam aprovechaba para contarles sus predicciones de por donde iría la música en los años siguientes.

Su teoría consistía en que había que despojar a las canciones de todos los arreglos superfluos que usaban las orquestas en ese momento, dejándolas lo más desnudas posibles con un simple esqueleto melódico y el músculo del ritmo. Pero además, para alcanzar el objetivo final, era clave que la frontera musical y racial se superase y encontrase un punto de encuentro entre el country de los blancos y el blues de los negros. Y si en un primer momento creyó que eso lo podría encontrar en artistas de color, con el tiempo se acabó convenciendo de que, para que ese sonido llegase a triunfar y hacerse mayoritario, tenía que buscar un blanco capaz de cantar como un negro.

Uno de los habituales del estudio era Scotty Moore, músico de acompañamiento en las grabaciones de Sun y con el que solía hablar sobre su idea de fusionar estilos para crear algo nuevo. Un día decidieron organizar una sesión para ver que salía y el productor le propuso llamar a un joven que unos meses antes había grabado un single para su madre. El chaval tenía una voz tremenda y podría ajustarse a lo que buscaba. Se trataba de Elvis Aarón Presley que, junto a Scotty y el bajista Bill Black, se reunió la jornada anterior a la grabación para consensuar el material que tocarían y cómo lo harían.

El día 5, 6 ó 7 de julio (dependiendo de la fuente consultada) se reunieron en el estudio los tres músicos y desde casi el primer momento las dudas que Scotty había manifestado a Sam sobre ese chaval parecieron confirmarse. Elvis cantaba bien pero ni de lejos aportaba ese cambio revolucionario que buscaba el productor. Con cada toma del tema que habían elegido para improvisar (“I love you because”) los resultados eran más frustrantes. Se cuenta que tras varias horas decidieron hacer un pequeño descanso y que, mientras el resto se tomaban un refresco, Elvis se quedó en el estudio jugueteando con la guitarra.

Libre de la presión de grabar con gente más o menos profesional, empezó a cantar un tema de Arthur Big Boy Crudup llamado That´s alright. Y lo hizo con alegría y energía, como si intentase espantar toda la frustración acumulada previamente, siguiendo el ritmo con su guitarra pero cantando con un sentimiento y una seguridad que le daban al tema un toque completamente distinto al exhibido hasta ese momento. Primero Bill y luego Scotty se unen a la interpretación. Sam, que se encuentra en la puerta, súbitamente se da cuenta de que por fin estaba escuchando lo que había estado soñando. Tras pedir al guitarrista que se ahorrara las florituras, les invitó a que volvieran a empezar y, cuando finalmente todos juntos escucharon la toma definitiva, se quedaron de piedra. Aquello no era ni blues, ni country, ni bluegrass. Aquello era algo nuevo. Aquello era rock and roll.

Esa misma noche Sam llamó al dj Dewie Phillips a su emisora para que cuando acabase su programa se pasase por el estudio para escuchar la canción. Sam pensó que, como Dewie era otro entusiasta y estudioso de la música, sabría identificar si That´s allright sería un éxito o no. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando tras escucharla tres veces se marchó a su casa sin decir nada. A primera hora de la mañana es Dewie el que llama a Sam Phillips: no había podido dormir en toda la noche y quería poner el tema en su programa.

“Ey, chicos, escuchad atentamente porque os voy a poner un disco nuevo. Bueno, en realidad ni siquiera es un disco, es sólo una maqueta que ha grabado Sam y que saldrá la próxima semana. Es de un chico de aquí, de Memphis, que se llama Elvis Presley. El tema es That´s allright y va a ser un éxito, dee-waw”.

El tema sonó 7 veces en las 3 horas de programa y el impacto fue total. El 19 de julio el single That´s allright / Blue moon of Kentucky llegaba a las tiendas como la referencia 209 de Sun Records y desde el principio es un gran éxito. Casi inmediatamente, Elvis, Scotty y Bill empezaron a actuar en directo para promocionarlo y Sam recorrió miles de kilómetros vendiendo el disco de tienda en tienda, por cadenas de jukebox y convenciendo a los dj´s para que lo pincharan en todas las emisoras posibles. Al final el esfuerzo mereció la pena.

Elvis grabó un total de 5 sencillos y 19 canciones para Sun Records, antes de que vendiera los derechos a la multinacional RCA. Desde ese momento la carrera del rey del rock fue meteórica. Mientras, el productor continuó con el trabajo en su estudio, al que empezó a acercarse gente como Carl Perkins, Johnny Cash o Jerry Lee Lewis buscando la piedra filosofal que Elvis Presley había encontrado entre esas cuatro paredes. Las cuatro paredes que fueron testigo de como a veces los sueños pueden hacerse realidad.

Texto publicado en la revista Culturamas

jueves, 29 de julio de 2010

Arcade Fire y Terry Gilliam, juntos en directo desde NY

El próximo lunes, 2 de agosto, verá por fin la luz The suburbs, el esperadísimo tercer trabajo en estudio de Arcade Fire y que, aunque parezca mentira, sigue llenando cientos de espacios en periódicos, blogs y redes sociales varias. La última noticia, aparecida hace apenas unas horas, confirma que será Terry Gilliam el encargado de dirigir la retransmisión en directo, a través de YouTube, del concierto que dará la banda el 5 de agosto en el Madison Square Garden.

Desde que a finales del pasado año Richard Parry anunció que ya habían empezado a grabar su nuevo disco en Nueva York, especulaciones, rumores y comentarios sobre todo lo divino y humano del álbum no pararon de crecer hasta que hace unas semanas se filtró su contenido completo (todavía no está muy claro si con el consentimiento del grupo o no). Las páginas de los fans lo diseccionaron al milímetro y la enorme expectación que había levantado, lejos de decaer, aumentó gracias a las buenísimas críticas llegadas de los sectores más duros y escépticos de sus seguidores.

Tomaron entonces el relevo el grupo y su discográfica. Coincidiendo con el inicio de la gira a principios de junio, publicaron la portada del disco y el primer single que, en formato físico, sólo apareció en vinilo. Las siguientes semanas fueron un goteo constante de confirmaciones de nuevas fechas de conciertos y finalmente, para despertar si cabe más la curiosidad, el anuncio de que serian ocho las portadas (es la misma foto con distintas tonalidades y efectos de color) en lugar de lo que se había anunciado previamente.

En este punto parecía que ya sólo quedaba sentarse a esperar el momento de acercarse a la tienda a comprar el disco, pero hace unos días la noticia de que uno de sus conciertos iba a ser retransmitido volvió a poner en pie de guerra a todos sus seguidores repartidos alrededor del mundo. Desde su casa el espectador podrá elegir entre distintas cámaras para seguir el espectáculo. La presencia de Gilliam en la realización añade un interés extra para ver si es capaz de dotar a las imágenes de ese mundo suyo tan particular.

Si todo lo que se cuenta es verdad, podemos estar ante el despegue definitivo de los canadienses. Su irrupción a mediados de la década pasada fue arrolladora y firmaron dos de los discos más aclamados de los últimos tiempos (Funeral, en 2004, y Neon Bible, en 2007). La clave de su éxito reside en que han sido capaces de integrar dentro del rock instrumentos aparentemente tan alejados como el violín, el violonchelo, el xilófono, la mandolina, el acordeón, el ukelele e incluso la zanfona, logrando un mosaico de sonidos tan variados y seductores que te enganchan desde la primera audición para no soltarte jamás.

El 20 de noviembre, en Madrid, y el 21, en Barcelona, tendremos ocasión de confirmar con nuestros propios ojos si en realidad merecen todo el revuelo que han levantado, pero hasta que ese momento llegue seguirán dando de que hablar. Es su destino.

Texto publicado en la revista Culturamas

martes, 22 de junio de 2010

Robert Johnson: el pellizco del diablo


Robert Johnson sólo dejó 29 canciones escritas registradas a lo largo de cinco sesiones de grabación (12 de ellas tienen una toma alternativa). Las tres primeras se desarrollaron en una habitación del Hotel Gunter de San Antonio (Texas) los días 23, 26 y 27 de noviembre de 1936 y las otras dos en la trastienda de un almacén en Dallas (Texas) el 19 y 20 de junio de 1937, pero fueron suficientes para que el paso de los años le convirtieran en “el abuelo del rock and roll” por la influencia ejercida sobre artistas tan dispares como Bob Dylan, Jimi Hendrix, The Allman Brothers Band, John Fogerty, Johnny Winter, Led Zeppelin, Neil Young, The Yardbirds, Warren Zevon, The Rolling Stones, Jeff Beck, Eric Clapton, The White Stripes…

Su vida es un misterio y apenas se conocen de él unos pocos datos biográficos quedando el resto envuelto en una oscura nebulosa que el mismo se encargó de fomentar. Se cree (aunque también podría no ser así) que nació el 8 de mayo de 1911 en Hazlehurst (Mississippi) de una hija de esclavos (Julia Dodds) y un campesino (Noah Johnson) que se esfumó en cuanto se enteró del embarazo. Creció en la miseria viajando con su madre de un sitio a otro y sufriendo la crudeza de ser negro en un estado del sur pero, lejos de afectarle, supo sacarle partido a la situación y le sirvió para conocer a músicos como Charlie Patton o Son House que le apadrinaron y a los que empezó a acompañar. No va mucho a la escuela pero aprende a tocar primero la armónica y posteriormente la guitarra logrando con ella un estilo revolucionario que desde ese momento ha sido copiado hasta la saciedad (pellizcaba simultáneamente las cuerdas bajas para hacer el acompañamiento y, con un cuello de botella en el pulgar, las altas para el solo melódico)

A los 17 años se casó con Virginia Travis pero dos años después fallece junto al niño que esperaban lo que hace que su carácter taciturno se acentúe y se refugie en el alcohol y las mujeres (casi siempre mayores y casadas). Compagina el trabajo en los campos de algodón con la música pero un día desaparece y no vuelve a saberse nada de él hasta que un año después regresa con una forma de tocar desconocida hasta ese momento y que hace que nazca la leyenda. Al parecer en el cruce de la autopista 61 con la 49 en Clarksdale (otros lo sitúan en el de la 61 con la Carretera Jonestown en el camino hacia Friar’s Point donde solía actuar) se encontró con el diablo y le vendió su alma a cambio de interpretar el blues mejor que nadie. Por desgracia la realidad suele ser más aburrida que la ficción y lo más probable es que aprendiera la técnica mientras viajaba por el delta y durante un tiempo la fuese perfeccionando hasta que la empezó a utilizar una vez que la tuvo dominada.

Se puede decir que es el padre de la estructura de canción con una introducción musical, varias estrofas, solo instrumental, última estrofa y final, que es la más habitual dentro del rock aunque su influencia no se quedó ahí, ya que este desarrollo de la canción hizo que sus textos se tuvieran que ajustar a él, lo que le llevó a escribir versos con el mismo número de sílabas algo hasta ese momento atípico en el blues (normalmente en las plantaciones se utilizaba la improvisación de letras y melodías). Además su interés en buscar nuevas sonoridades le llevaron a usar todo tipo de afinaciones que finalmente hicieron de él uno de los artistas más influyentes y populares del momento al que se le empezó a conocer como “El Rey del Delta blues”.

La muerte le sobrevino el 16 de agosto de 1938 en Greenwood (Mississippi) y, como su vida, está llena de lagunas. Se cree que un marido celoso, dueño de un bar donde actuaba, le echo veneno en el güisqui por acostarse con su mujer, aunque también se ha dicho que fue la neumonía, el suicidio e incluso la sífilis las que acabaron con él, aunque como no se le hizo autopsia es imposible saber la verdad. Además y para redondear su misteriosa existencia, sólo se conocen dos fotos suyas (hace un par de años Vanity Fair publicó una supuesta tercera foto junto al también bluesmen Johnny Shines aunque su autenticidad es dudosa), por lo que si lo sumamos todo, su legado parece muy escaso en comparación con lo que posteriormente su obra significó, el nacimiento de algo tan grande como es el rock and roll… De ahí su grandeza.




Texto publicado en la revista Culturamas