lunes, 30 de noviembre de 2009

El daiquiri musical del Sr. González

Llevo tiempo queriendo escribir una crítica al último disco de Quique González pero últimamente ando poco inspirado. Me he sentado varias veces delante del ordenador y frente a una hoja en blanco, pero en ningún momento el resultado de lo obtenido se acerca a lo que me habría gustado contar. Simplemente no me sale, y eso que tengo bastante clara mi opinión sobre su “Daiquiri blues”. Las musas han pasao de mí (que cantaba Serrat)… No me siento fino y aunque lo intento no me ocurre nada... Así de triste…

Hoy todo ha cambiado aunque por desgracia no ha sido por méritos propios si no porque en el número de diciembre de la revista “Ruta 66” he leído la crítica que Eduardo Izquierdo hace del disco y esta se ajusta bastante a la idea que yo quería transmitir. A continuación reproduciré el texto que aparece en la mencionada publicación, pero antes quiero matizar un par de cosas con las que no estoy del todo de acuerdo.

En un momento dado el autor se pregunta si estamos ante el mejor disco de Quique González, y en este punto yo no tengo esa duda ya que creo que tanto “Salitre 48” como “Avería y redención” (y posiblemente “Pájaros mojados”) están un peldaño por encima del resto de sus trabajos (incluido este). Se que todo depende de gustos y de formas de ver las cosas, pero personalmente me parece que en esto no debería haber discusión…

Lo otro (que como en el caso del mejor disco es opinable) de lo que me gustaría desmarcarme es de que Santi Campos comparte con él la primera posición de los mejores escritores de canciones de este país. Soy muy fan de los discos de Santi “Pequeños incendios” y sobre todo de “El invierno secreto”. Creo que es un letrista excepcional y que su capacidad para hacer canciones está muy por encima de la media a la que estamos acostumbrados por estos lares, pero me parece exagerada una aseveración así de tajante cuando hay gente como Antonio Luque, Lapido o Santi Balmes (y algún otro de cuyo nombre no quiero acordarme) que como mínimo están al nivel de ambos.

Por lo demás nada que objetar, así que ya que no doy más de mi cedo la palabra a Eduardo Izquierdo que, evidentemente, anda mucho más lúcido que yo…

“Hablemos de sensibilidad. De calidad. De saber estar. De madurez. De canciones hermosas. De historias cotidianas. De melodías embriagadoras. De buenos músicos. Para hacerlo es suficiente hablar del nuevo disco de Quique González. ¿Su mejor disco hasta la fecha? Pues no lo sé. Porque la grandeza de González es tener una carrera llena de discos de todos los gustos. Eso sí, manteniendo siempre una coherencia en cuanto estilo y calidad. Unos lo preferirán en su vena más rockera, otros en la más acústica, unos en la parte más comercial y otros en la más introvertida.

Y yo lo disfruto en todas. Daiquiri blues es un excelente conjunto de canciones lleno de grandes momentos. Eso sí, no es un disco de rock al uso. Porque está lleno de detalles que requieren más de una escucha para percibirse. Para empezar a disfrutarlo. Escuchen si no Riesgo y altura o Su día libre. También hay un Quique al uso. Ese capaz de hallar melodías tan pegadizas como el single La luna debajo del brazo, que va directa a su lista de clásicos, o la enorme Cuando estés en vena. Capaz de entrar a la primera. Sin rodeos.

Y eso sin hablar de los excelentes músicos que se han encargado de grabar el disco, porque ahí han estado Al Perkins, miembro original de Manassas, Chris Carmichael, que ha tocado con la flor y nata del rock americano, o Ken Coomer, batería original de Wilco. Todo producido por un acertado Brad Jones que parece la guinda que faltaba en la carrera del madrileño. Junto a Santi Campos es el mejor escritor de canciones de este país. Así lo pienso. Y tenerlo de vuelta me hace feliz”

Eduardo Izquierdo (“Ruta 66” – Diciembre de 2009)

sábado, 28 de noviembre de 2009

El macarra, el capo y la comisaria

El macarra (o el chulo que lo mismo me da) consiguió, tras una denuncia porque se metían con él, que “Youtube” cerrara el canal que la revista satírica tenía allí alojado. La verdad es que al leerlo no me sorprendió demasiado aunque me hubiese gustado saber la opinión del personaje en cuestión cuando los juzgados secuestraron la publicación de los quioscos por colocar en su portada a los príncipes echando un polvo. Hablo por hablar, pero probablemente en alguna de las tertulias a las que era asiduo (desconozco si lo sigue siendo) hiciese un llamamiento a saber reírse de uno mismo como hacían el rey o los diferentes presidentes de gobierno que han sido asiduos de esas páginas.

La historia se ve de forma muy distinta cuando le toca a uno en sus propias carnes, y lo que para otros vale, deja de tener sentido para uno mismo. Se quiere tanto que no acepta que nadie haga humor a su costa, y claro unas viñetas graciosas sin más se convierten de repente en un grave ataque a su honor que no se puede consentir… Al menos, y sin que sirva de precedente, algo de coherencia iluminó su cabeza (o alguien le dijo que se había pasado tres pueblos) y retiró la denuncia que había puesto (al parecer, y para cubrirse las espaldas “Youtube” elimina los videos que reciben más de una denuncia incluso antes de que los tribunales se pronuncien) por lo que, mientras se vuelve a refugiar en sus cuarteles de invierno, el canal vuelve a estar operativo y a reírse (si cabe con más intensidad que antes) de él… Y es que da tantas razones para hacerlo…

Más original e imaginativa es la solicitud que una asociación de hosteleros extremeña ha hecho a la sociedad que con mano de hierro dirige el capo de la música en este país. Hartos de ver como cada día se sacan una nueva escusa para seguir haciendo caja a su costa han solicitado un listado con el nombre de todos los miembros de esa sociedad para dejar de programar sus canciones y así no tener que volver a pagarles ni un duro. No se lo que pensaran los autores de esto pero, si cundiera el ejemplo en todas partes y dejase de sonar su música en bares y discotecas, ellos serian los grandes perjudicados.

La labor promocional que les hacen es equiparable a la de las radios especializadas y muy por superior a lo que puedan conseguir con entrevistas y reportajes en la prensa escrita, y no me imagino al capo pidiendo pasta a “El País” o “El Mundo” por publicar en sus páginas unas líneas de alguno de sus asociados. ¿Qué los bares sacan beneficios a su costa? Pues seguramente si pero tampoco creo que tanto ya que igual que no creo que la gente deje de asistir a ellos cuando no se pueda fumar, tampoco creo que deje de hacerlo si no tienen música o lo que ponen no es del artista mediático del momento. Sigo a la espera de más noticias, pero de momento brindo por ellos…

Y para concluir esta semana, tras la aprobación de la nueva ley de telecomunicaciones, la comisaria europea del ramo ha dado un toque de atención público a nuestro gobierno para que no se extralimiten en la aplicación de la misma. No es mucho lo que he podido leer al respecto, pero al parecer la normativa da los gobiernos la posibilidad de legislar a favor de los cortes de acceso a la red contra los que vulneren los derechos de autor sin sentencia judicial (aunque obligan a escuchar al sancionado).

En su crítica hacía referencia a que esos cortes no se pueden aplicar en ningún caso al usuario, y si bien parece que aquí (no como por ejemplo en Francia donde hay un proyecto que va en esa dirección) nunca se ha hablado del tema en esos términos, algo tienen que haber intuido en Europa de cómo anda el percal por estos lares para expresarse de esa manera. En algún sitio he oído que la señora se equivocó o que no sabia muy bien de lo que hablaba, pero a mi me da la impresión de que lo sabia demasiado bien y alguien la había informado de la fuerza, poder y capacidad que determinadas entidades tienen de influir en la política patria.

En todos los casos se trataba de breves noticias en la prensa, pero todas ellas tienen un denominador común, el hartazgo al que unos pocos han llevado a nuestra sociedad que llega hasta el punto de que un gremio admirado y respetado como es el de los artistas empiece a ser despreciado por una gran parte de la población. Y es que no sólo están consiguiendo que cada vez se les mire con peores ojos si no que incluso, sólo por joderles, la gente se esté alejando cada vez más de las tiendas de discos en favor de algún otro medio de adquisición de música mucho más cómodo y menos lucrativo.

Ellos sabrán lo que se hacen, pero me temo que no dentro de mucho tiempo nos encontraremos con una innumerable cantidad de potenciales clientes que, cansados de capos y macarras, decidan sucumbir definitivamente ante las nuevas tecnologías y el trozo de pastel que ahora se reparten (que ya se ha reducido muucho) se quede en nada… ¿Quién entonará entonces el mea culpa?

viernes, 27 de noviembre de 2009

Bueno, bonito y barato

No es habitual encontrarse en la tiendas libros musicales que cumplan estos tres axiomas, pero en el caso de la colección “Music icons” de la editorial “Taschen” habría que hablar de esa excepción que confirma la regla.

La edición es impecable con un tamaño muy cómodo (mas o menos 15 x 20 y 200 páginas) y la portada en plástico flexible lo que la hace manejable pero a su vez consistente. Además el papel interior tiene buen gramaje y es de gran calidad cosa que es muy de agradecer cuando el valor fundamental de la obra son las fotografías.

La estructura es más o menos igual en todos los libros. Con las imágenes como protagonistas se hace un breve repaso a anécdotas del artista en cuestión colocadas de forma cronológica (en el caso de los artistas vivos llegan hasta 2008), y en los apéndices finales se repasa su discográfica, premios y alguna curiosidad más.

Ya he dicho que lo mejor son las fotos ya que, junto a alguna clásica que todos tenemos en la retina, se incluyen muchas inéditas y de una calidad que no estamos acostumbrados a ver (el aspecto grafico no suele cuidarse en general demasiado en los libros de música dándose prioridad al texto, y en este caso es al contrario).

He de decir que los contenidos están escritos en castellano, portugués e italiano y que su precio es apenas de 8 euros detalle que los hace, si cabe, más atractivos aún. Lo malo es que de momento han aparecido solo cuatro títulos de la colección (Bob Dylan, Jimi Hendrix, Bob Marley y John Lennon), aunque por lo que he podido averiguar no se van a quedar ahí y que de dos en dos seguirán apareciendo más en los próximos trimestres

Dados los tiempos que corren estamos ante un producto que seguro que hace las delicias de todos los amantes de la música ya que es difícil que nadie ofrezca más por menos y sobre todo teniendo en cuenta a que precios está la literatura (no creo que haya muchos libros de bolsillo más baratos que estos).

Resumiendo: bueno, bonito y barato… ¿Se puede pedir más?

jueves, 26 de noviembre de 2009

Qué nos va a pasar (La Buena Vida)

Cada día trato de acertar por dónde saldrás;
eso es tanto como adivinar qué nos va a pasar.

Has estado, hace tiempo, algo raro por momentos.
Me pregunto algo inquieta qué nos va a pasar.

No recuerdo cuándo decayó la conversación
ni el punto en que dices tú que algo cambió.

Sin embargo, mientras tanto, yo me guardo la esperanza
y las cosas que en la plaza nos dijimos hoy.

Ahora que te vas pediré perdón y dirás que no
y estará muy bien, ya sabes por qué.
Yo me esconderé, ahora que te vas.
Ya no saldré más; dime para qué, si no te voy a ver.

Sin embargo, mientras tanto, yo me guardo la esperanza
y las cosas que en la plaza nos dijimos hoy.

Ahora que te vas pediré perdón y dirás que no
y estará muy bien, ya sabes por qué.
Yo me esconderé, ahora que te vas.
Ya no saldré más; dime para qué, si no te voy a ver.

Cuando pase el tiempo conocerás a alguien más
y me olvidarás, y es que es lo normal.
Aunque nos dé rabia siempre ocurre igual
y nos esforzamos en disimular.

Extraída del álbum “Hallelujah!” / Siesta - 2001)

miércoles, 25 de noviembre de 2009

El último baile de la banda

Hoy se cumplen 33 años del concierto que The Band dio en San Francisco como despedida de los escenarios y que Martin Scorsese inmortalizó en la fabulosa película “The last waltz” (es tan innovadora y espectacular que desde entonces es un referente de obligado visionado para cualquiera que quiera rodar una actuación musical).

Acompañantes durante años como banda de apoyo a Bob Dylan (estaba con ellos en el famoso concierto de la gira de 1966 en la que desde el público le llamaron Judas por colgarse un guitarra eléctrica), además tuvieron tiempo de hacer un puñado de discos (alguno de lo más interesante como el que se llama igual que ellos) pero sobre todo de gastarse el respeto de sus compañeros de profesión como demuéstrale elenco de invitados que pasaron esa noche por el escenario: Van Morrison, Muddy Waters, Dr. John, Ron Wood, Ringo Starr, Joni Mitchel, Eric Clapton, Neil Diamond, Bob Dylan, Muddy Waters, Emmylou Harris, Neil Young…

Me sorprende después de tantos meses no haberme detenido aún en la obra y milagros de The Band (Rick Danko, Levon Helm, Garth Hudson, Richard Manuel y Robbie Robertson), pero me temo que hoy tampoco es el día. El cuerpo me pide sentarme a ver la peli y eso es lo que pienso hacer, aunque lo apunto en mi debe y en algún momento me detendré más extensamente en ellos. Dejo un par de videos extraídos del concierto de esa noche (el “I shall be released” que originariamente grabaron en las sesiones del sótano junto a Dylan y la mejor versión que he escuchado del “helpless” de Neil Young) y os invito (casi diría os exijo) a que os compréis el DVD (se encuentra por menos de 10 euros) y lo disfrutéis como yo lo voy a hacer en unos minutos… No os arrepentiréis…






martes, 24 de noviembre de 2009

Being there (Wilco)

A veces, cuando la gente habla de Wilco parece que lo hace como si la banda de Chicago fuese la nueva promesa de la música americana y su carrera hubiese empezado en 2002 con el “Yankee Foxtrot Hotel”. Es cierto que ese álbum fue con el que lograron por fin el reconocimiento mayoritario de prensa y público, pero no lo es menos que anteriormente a ese ya habían facturado cinco discos (dos de los cuales junto a Billy Bragg musicando textos inéditos de Woody Guthrie) y, a excepción de “A.M.”, el resto mantenían un altísimo nivel de calidad que no tenían nada que envidiar a cualquier cosa publicada en esos años (la segunda mitad de los 90)

El origen de la banda hay que buscarlo en la disolución de la mítica formación de country-rock Uncle Tupelo responsable en gran medida de la renovación y resurgimiento de un género que durante años había permanecido estancado e identificado con un público adulto y conservador. Los problemas entre sus dos cabezas visibles (Jeff Tweedy y Jay Farrar) provocaron una ruptura de la que surgieron dos proyectos: Son Volt de la mano de Farrar y Wilco capitaneado por Tweedy pero al que también se incorporaron de la vieja banda el bajista John Stirratt, el batería Ken Coomer y violinista Max Johnston

El duelo estaba servido y, de entrada, el ganador fue Farrar ya que, con los dos discos debut en el mercado casi al mismo tiempo, el “Trace” de Son Volt se vendió bastante más y recibió mejores críticas que el “A.M.” de Wilco. Ambos álbumes eran claros deudores de lo que había sido la obra de Uncle Tupelo aunque esa herencia, al menos en el caso de la banda de Tweedy, era la última vez que de forma tan manifiesta iba a aparecer en una grabación. A partir de ese momento tocaba llevar a cabo las ideas que un par de años antes les había llevado a iniciar esa aventura. Para ello, y siguiendo el consejo de su manager, incorporaron a la banda a Jay Bennet que en los siguientes años se convertiría en el socio perfecto que Tweedy necesitaba para llevar a cabo todas las ideas que le rondaban por la cabeza. Y que mejor manera de hacerlo que grabando un álbum doble…

La primera vez que escuché “Being there” pensé que esos tíos habían conseguido fusionar a Dylan y a los Dinosaur Jr y confieso que me dejó absolutamente alucinado. Nunca había oído nada parecido, y sobre todo porque, al margen de lo innovador que me parecía el sonido del álbum, era un viaje por toda la tradición musical norteamericana consiguiendo un equilibrio perfecto entre lo nuevo y lo viejo, lo que debía ser el futuro y el pasado más glorioso. Conozco a poca gente que conozca el trabajo de Wilco, pero para todos ellos este es su mejor disco, por encima incluso de lo que vendría más tarde (en mi opinión se disputa con el “A ghost is born” el honroso segundo puesto ya que “Yankee Foxtrot Hotel” se encuentra uno o dos peldaños por encima de ellos).

Si las críticas de su debut fueron bastante tibias (cuando no malas), en esta ocasión la prensa especializada cayo rendida a sus pies y se deshizo en elogios a la evolución que el sonido de la banda había logrado ensalzando la calidad de los temas compuestos por Tweedy y la innegable aportación de Bennet en la forma en estos habían sido vestidos. De todas formas, y aunque pueda parecer lo contrario, este es su disco menos trabajado en el estudio aunque por ello también es que suena más fresco y vivo. Se grabó tocando todos juntos en directo dedicando un día para cada una de las 19 canciones que contiene el disco y tras una breve postproducción el trabajo estaba listo para salir a la venta.

Lo hizo el 29 de octubre de 1996 y, a pesar de todo lo bueno que a través de los medios se dijo de él, muchos seguidores del country alternativo sufrieron un gran shock en el que algunos han querido ver (salvando las distancias) un equivalente a lo que sintió el público del festival de Newport de 1965 vio aparecer sobre el escenario con una guitarra eléctrica colgando de su hombro. La voz, en ambas direcciones, se corrió rápidamente y las ventas volvieron a ser decepcionantes. De todas formas creo que la jugada no le salio nada mal a Wilco ya que si bien perdió a alguno de sus viejos seguidores, también ganó adeptos que encima eran musicalmente más abiertos que el público del country (aunque lleve por detrás la etiqueta de alternativo).

El tiempo acabó dando la razón a Tweedy aunque en ese momento sólo les sirviera para poder mirar hacia al futuro sin ningún tipo de corsé preestablecido para acercarse a otros estilos. Por fin en 2003, tras siete años en el mercado y gracias al impulso del éxito del “Yankee…”, el disco alcanzó el disco de oro en su país y el público empezó a valorarlo como una de sus obras magnas. Si los Beatles tuvieron su “Album blanco”, Dylan el “Blonde on blonde”, Led Zeppelin el “Psysical graffiti” y los Stones el “Exile on main steet”, en el caso de Wilco ese papel de paso al frente lo ejerció “Being there” que, aunque habite en el olvido (cuando no en el desconocimiento) de muchos, sigue igual de vivo que el primer día.

Título: Being there
Producción: Wilco
Grabado en: “Chicago Recording Co” (Chicago), “Warzone Recorders” (Chicago), “The Studio” (Sprigfield, MO) y “Moonshine Studios” (Atlanta)
Editado por: Reprise Records
Canciones:
CD - 1
01 - Misunderstood
02 - Far, far away
03 - Monday
04 - Outtasite (outta mind)
05 - Forget the Flowers
06 - Red-eyed and blue
07 - I got you (at the end of the century)
08 - What's the world got in store
09 - Hotel Arizona
10 - Say you miss me
CD - 2
01 - Sunken treasure
02 - Someday soon
03 - Outta mind (outta sight)
04 - Someone else's song
05 - Kingpin
06 - (Was I) in your dreams
07 - Why would you wanna live
08 - The lonely 1
09 - Dreamer in my dreams

lunes, 23 de noviembre de 2009

Yo no me llamo Ramón... ¿o si?

No conozco a nadie que le guste la llamada música moderna y no le gusten Los Ramones. Son probablemente la única banda de la historia capaz de agrupar entre sus seguidores a punkies, hippies, rockeros, metaleros, alternativos e incluso popies sin que por ello ninguno se sienta fuera de lugar o crea que esa no es su guerra. Ellos son el rock and roll y punto, y aunque ese reconocimiento no les llegó hasta el final de su carrera (se separaron en 1996), nadie duda que su influencia en el devenir de los acontecimientos musicales de las cuatro siguientes décadas habría tomado otros derroteros si no llega a ser por ellos…

Recuerdo haberles visto en Valladolid a principios de marzo de 1991 y, a pesar de no estar en ni mucho menos en su mejor momento, sentir que estaba siendo testigo de un espectáculo irrepetible de la mano de un mito viviente del rock. Sólo quedaban de formación original Joey y Johnny (a Tommy y a Dee Dee les habían sustituido Marky y C.J. respectivamente) pero creo que a los que allí estábamos esos pequeños detalles (o no tan pequeños) en el fondo no nos importaban teniendo en cuenta de a quien teníamos sobre un escenario ante nuestros ojos.

Este fin de semana he estado leyendo una biografía de ellos, y entre la infinidad de anecdotas e información la que sin duda más me ha llamado la atención ha sido el del origen del nombre del grupo que, pásmese todo el mundo, se lo deben a alguien tan aparentemente distinto a ellos como Sir Paul McCarney. Surgidos en Forest Hill (Queens, Nueva York) les tocó vivir su adolescencia en un momento en el que el espíritu del rock and roll y su glorioso legado había sido relegados a un segundo termino por la músico disco y su única aspiración al montar una banda de rock era precisamente devolver a Chuck Berry, Buddy Holly o a los chicos de la “British invasion” al sitio del que no debieron salir.

Hijo de militar Dee Dee (nacido como Douglas Glenn Calvin) pasó en Alemania gran parte de su infancia y adolescencia y allí (y más concretamente en Berlín) se empapó del rock de los 50 y descubrió al grupo que cambiaria definitivamente su vida: los Beatle. Buscando un poco de glamour en su existencia (a los 12 años descubrió casi simultáneamente la violencia y las drogas) decidió cambiarse el nombre por el de Dee Dee, y como apellido eligió uno tan simbólico como el de Ramone que allí cobraba un sentido especial por ser el mismo que utilizaba McCartney en los primeros momentos de la banda cuando se instalaron allí para curtirse y aprender algo antes de intentar el gran salto (lo volvió a recuperar en 1969 cuando escribió “My dark hour” para el álbum “Brave new wold” de la Steve Miller Band y que en esa ocasión firmó como Paul Ramon)

Cuando a los 14 años volvió con su madre a Estados Unidos y se instalaron en Queens de las pocas cosas que trajo fue su nombre artístico al que, como un juego, se apuntaron sus nuevos amigos…

Y para finalizar no me resisto a reproducir el comentario que Captian Sensible de Damned hizo durante su funeral: “la pérdida de Joey Ramone prueba fehacientemente que Dios no existe. Si existiese hubiese elegido a Phil Collins y no a Joey…”

Pues eso…