lunes, 8 de junio de 2009

Desde que no amanece en Madrid...

Hoy Hilario Camacho habría cumplido 61 años y, aunque sea uno de esos cantautores que nadaron entre la fama y el más absoluto anonimato, al menos pudo disfrutar de dos momentos de relativo éxito que hicieron que un puñado de devotos se mantuvieran fieles a su obra y ahora lo sigan siendo de su memoria. No pertenezco a ese grupo, aunque como existen varios momentos de mi vida en los sus canciones han sido protagonistas principales de su banda sonora, le tengo bastante simpatía y su muerte (por la forma y lo inesperado) me impactó bastante cuando se produjo a mediados de agosto de 2006.

Si rondas los 40 o los superas lo más probable es que, aunque no identifiques su nombre y su cara no te diga nada, seguro que lo conoces. En 1986, cuando sólo existían dos canales en la televisión, se coló en nuestras casas gracias a que una serie llamada “Tristeza de amor” usaba su canción del mismo título como sintonía, lo que le aportó durante varios meses la exigua fama que da la caja tonta. Yo tenia 15 añitos y lo que realmente descubrí en aquel momento fue a una jovenísima Emma Suárez que de inmediato me dejó prendado y, con su tema como fondo musical, se fue convirtiendo poco a poco en mi primer amor platónico.

Se habia iniciado en esto de la música en su etapa universitaria cuando se integró junto a otros cantautores en el grupo Canción del Pueblo en un movimiento paralelo a la Nova Canço catalana que, al contrario que este, no recibió ni la financiación ni el apoyo institucional, lo que hizo que su repercusión se limitase casi exclusivamente al ámbito universitario. Tras abandonar su estudios se dedico a “vagabundear” con su guitarra por Suecia, Inglaterra y Holanda, y a su regreso, tras hacer el servicio militar, inicio como tal su carrera profesional en la música.

Su primer disco data de 1972 y se llamó “A pesar de todo”, y durante los siguientes años fue intercalando la grabación de sus propios trabajos con la composición y colaboración con otros artistas. De entre todas ellas, por lo representativo, me quedo con las canciones que compuso a medias con Sabina (“Negra noche”, “Güisqui sin soda” y “Taxi”) y sobre todo su aparición en 1979 en el único y reivindicable disco de Cucharada (primera banda de Manolo Tena) que lleva el precioso titulo de “El limpiabotas que quería ser torero”.

Tras apenas cuatro discos en sus primeros nueve años y con un puñado de grandes canciones en la mochila (yo me quedo con “Madrid amanece y “Final de viaje” ambas en su álbum de 1981 llamado “La mirada del espejo”), desapareció del mapa durante un lustro para reaparecer triunfalmente con dos discos en un año. El primero fue “Subir, subir” (con dos de los temas de un Sabina a punto de dar el salto) y posteriormente “Gran ciudad” en el que se incluye la ya mencionada “Tristeza de amor” (además de “Un extraño en Madrid”, otra de mis favoritas) y con el que consigue un gran éxito comercial.

No se si no pudo soportar la popularidad o es que no quiso hacerlo, pero pasó de ser el cantautor mejor colocado para asaltar el trono de Serrat y Aute, a desaparecer completamente del mapa durante los siguientes 11 años en los que, al margen de un recopilatorio y la reedición de “Gran ciudad”, sólo publicó un disco con temas nuevos (“El mercader del tiempo” en 1990). Su reaparición fue en 1997 con la grabación de un concierto acústico (era la época en la que se usaban los unplugged para relanzar carreras y presentar a las nuevas generaciones a las viejas glorias) que se vendió muy bien y lo volvió a colocar nuevamente en la primera línea, lo que hizo que al año siguiente se animase a grabar un nuevo trabajo de estudio que, por desgracia para él, pasó totalmente inadvertido.

Decepcionado y aburrido volvió a recluirse y, tras otro par de recopilatorios, por fin en 2003 apareció el que seria su último trabajo en vida y que, desde su título (“No cambies por nada”, lanzó su gran declaración de intenciones. Tengo la sensación de que sus últimos años actuó bastante (me suena ver su nombre con cierta frecuencia en carteles que anunciaban conciertos), aunque ya por entonces había hecho del aislamiento del mundo exterior su opción vital. En agosto de 2006, tras acabar de regrabar algunos de sus temas clásicos junto con algunos inéditos, decidió que era el momento de abandonarnos. El 16 de agosto en Madrid no amaneció, y desde entonces en el corazón de algunos no lo ha vuelto a hacer...

domingo, 7 de junio de 2009

Montilla, Córdoba, 8 - Diciembre - 1989 (091)

Continuo recuperando conciertos emitidos a lo largo de los años por Radio3 y, si la semana pasada hablábamos del mejor grupo granadino de los tres últimos lustros, hoy toca hablar de la banda más grande que ha dado nunca Granada y de una de las más importantes de nuestra historia. Como suele ocurrir en otros bootlegs extraídos de la radio, el sonido es perfecto aunque hay que pagar el precio de aguantar los comentarios del locutor de turno que pisa el principio de algunas canciones (en este caso pocas y sin afectar a la canción) y las exigencias de la programación que hacen que “La torre de la vela” no aparezca completa.

Sin ser el típico grupo al que se le pueda considerar como un “pupas”, existen pocas (¿ninguna?) formaciones que hayan tenido peor suerte que ellos aunque, como premio de consolación, se han convertido en una banda de culto idolatrada aún por los que la conocen, pero absolutamente olvidada por casi todos los demás. Su origen hay que buscarlo en las escisiones de TNT (del que llegaron José Antonio García y Tacho González) y Al-Dher (José Ignacio Lapido) a los que se une Antonio Arias para completar el cuarteto que en lo musical empiezan a mezclar el blues con el rock clásico de los 60 y un poquito de punk.

Debutaron en 1983 con un fantástico single (“Fuego en la oficina” / “Llamadas anónimas”) en el que desprenden toda su energía punk pero cuidando los arreglos y el acabado de las canciones. No se vio refrendado un año después con un segundo single no tan contundente y con “Cementerio de automóviles” su primer LP que les llega demasiado pronto y que, a pesar de tener algunos temas interesantes, fracasa en la producción que acaba aniquilando la intensidad del álbum y no refleja (como le pasó a muchísimos grupos en esa época) lo que eran sus directos. Un nuevo single les abre las puertas de una compañía mayor (pasan de DRO que estaba empezando a Zafiro) y su amistad con Joe Strummer, que se ofrece a producirles, hace que piensen que la suerte por fin se va a aliar con ellos.

Su siguiente trabajo, “Más de cien lobos” (1986), es para muchos su mejor disco y, aunque yo no lo acabo de tener claro (a veces lo emocional pesa mucho), es cierto que la colección de canciones que contiene no tiene desperdicio y quizás. A Strummer lo conocieron en Granada y consiguió definir el estilo del grupo con una producción mucho más ajustada, rotunda y con arreglos sencillos, abandonando ese sonido gotiquillo que arruinó su debut. Era el disco y el momento para dar el gran salto, ya que su directos empezaban a ser rompedores y los que los conocían caían rendidos a sus pies, pero la compañía no mueve un dedo por ellos, y sin promoción no consiguen traspasar la frontera del reducido circulo de seguidores que tenían.

No pasa nada y Zafiro los da por perdidos, pero ellos responden después de dos años con “Debajo de las piedras”, de nuevo con grandes canciones pero esta vez con una producción más blandita. Ahí está “La torre de la vela” que, de haber sido promocionado, se habría convertido en un éxito seguro, pero la suerte seguía siéndoles esquiva. Sus letras les empiezan a situar como un grupo de rock adulto, y cada vez son más valorados por los críticos y un público musicalmente maduro que busca algo más que hits pegadizos y de consumo rápido.

Las relaciones con su discográfica son cada vez más complicadas y esto se refleja en sus nuevos temas (“Doce canciones sin piedad” de 1989) en los que abandonan la luminosidad y vitalismo de anteriores entregas para volverse más oscuros y pesimistas, aunque no afecta a su calidad que vuelve a situarse muy por encima de lo que se estaba publicando en España en ese momento. Suenan más duros, pero la poesía de Lapido empieza a adquirir tintes dylanianos lo que, con el tiempo, les llevaría con el tiempo a ser más valorados por sus letras que por su música.

Este concierto (que se celebró dentro de una bodega) es una muestra su contundencia en directo y de que sonaban, como mínimo, igual de bien que Loquillo y Trogloditas, considerados la mejor banda de rock and roll de los 80. La voz de José Antonio García ya ha adquirido esos tintes tan personales y Tacho González (bateria) y Antonio Arias (bajo) forman una base rítmica perfectamente conjuntada. Demuestran que tienen todo para abandonar el malditismo pero parecen condenados a el. A pesar de que poco tiempo después Arias los abandonaría para formar Lagartija Nick, el resto seguirían buscando lo imposible durante unos años más... Aunque eso lo contaré otro día...

Título del bootleg: Concierto en Montilla 1989
Lugar y fecha: “Bodega”, Montilla, Córdoba, 8 – Diciembre – 1989
Listado de canciones:
01 – Walk, don't run
02 – Debajo de las piedras
03 – Confusión
04 – Demasiados escalones
05 – Esta noche
06 – Nada es real
07 – El trago más amargo
08 – En el laberinto
09 – Un día de lluvia
10 – Nadie encuentra lo que busca
11 – Escenas de guerra
12 – Cartas en la manga
13 – Carne cruda
14 – En la calle
15 – El deseo y el fuego
16 – La torre de la vela

sábado, 6 de junio de 2009

Bunbury se atiene a las consecuencias

Creo que el retorno de Bunbury es una de las grandes noticias del año. Me sorprende que, cuando sólo hace unos meses que publicó el fantástico “Hellville de luxe”, ya tenga grabado un nuevo trabajo y que, en contra de lo que marcan las actuales reglas del mercado para las grandes estrellas, en menos de un año vaya a estar a la venta. No sé si habrá influido en todo esto la polémica que levantó su reciente disco, pero, ahora que ha pasado un poco de tiempo habría que empezar a mirar más allá del plagio y valorar las virtudes (que son muchas) que tiene. Ya di mi opinión sobre toda esta polémica (en la que creo que no salía muy bien parado) y sigo creyendo que debe rectificar para recuperar el respeto personal que muchos teníamos por él, pero como artista el tío es de lo más grande que tenemos en este país.

La noticia de su nuevo disco lleva días por la red corriendo como la espuma aunque los datos que se tienen no son demasiados. Se sabe que en los meses de abril y mayo, y tras el final de la primera parte de su gira presentación de su anterior trabajo por España, Estados unidos y México (la segunda empieza ahora por recintos abiertos y grandes de nuestro país y concluirá por Centro y Sur América), se encerró con su actual banda para dar forma y grabar el que será su sexto álbum de estudio y que llevará por título “Las consecuencias”

Si nos fiamos de sus propias palabras este será “el disco más oscuro, profundo y down tempo que he grabado en mi vida”, así que tras lanzar la piedra sólo nos queda esperar para ver a que se refiere con esas palabras. Lo que es seguro es que ha vuelto a producido él mismo después de que Phil Manzaneda se ocupase del anterior, que ha colaborado en varias canciones Miren Iza (cantante de Tulsa) y que saldrá a la venta a lo largo del próximo otoño, lo más seguro que a finales de octubre. Y a partir de ahí la oscuridad total...

Supongo que trataran de evitar las filtraciones para que esta vez no aparezca en internet antes que en las tiendas. En ese sentido me parece un error dar la noticia con tanta antelación ya que hay mucho tiempo para que alguien se las ingenie para conseguirlo y colgarlo en la red. Habría sido más sencillo callarse y anunciarlo después del verano que el margen para la filtración es menor. Como le considero un tío inteligente supongo que tendrá alguna razón para hacerlo aunque me temo que, como ocurrió con “Hellville de luxe”, unos días antes de su publicación podré comentarlo en este blog... Y hasta que ese momento llegue, mi antes admirado y testarudo amigo, solo me cabe esperar ansiosamente volver a tener tu disco entre mis manos...

jueves, 4 de junio de 2009

Going underground (The Jam)

Some people might say my life is in a rut
But I'm quite happy with what I got
People might say that I should strive for more
But I'm so happy I can't see the point
Somethings happening here today
A show of strength with your boy's brigade and
I'm so happy and you're so kind
You want more money - of course I don't mind
To buy nuclear textbooks for atomic crimes

And the public gets what the public wants
But I want nothing this society's got -
I'm going underground, (going underground)
Well the brass bands play and feet start to pound
Going underground, (going underground)
Well let the boys all sing and the boys all shout for tomorrow

Some people might get some pleasure out of hate
Me, I've enough already on my plate
People might need some tension to relax
(Me?) I'm too busy dodging between the flak
What you see is what you get
You've made your bed, you better lie in it
You choose your leaders and place your trust
As their lies put you down and their promises rust
You'll see kidney machines replaced by rockets and guns

And the public wants what the public gets
But I don't get what this society wants
I'm going underground, (going underground)
Well the brass bands play and feet start to pound
Going underground, (going underground)
(So) let the boys all sing and the boys all shout for tomorrow

We talk and we talk until my head explodes
I turn on the news and my body froze
The braying sheep on my TV screen
Make this boy shout, make this boy scream!

Going underground, I'm going underground!

(Extraída del single " Going underground" / POLYDOR – 1980)

miércoles, 3 de junio de 2009

Tras el muro de Pink Floyd - I (Los orígenes)

Durante los miércoles de junio trataré de resumir los cinco años que Roger Waters dedicó al proyecto de “The wall”, probablemente el más grande de la historia del rock. Desde el principio Waters tenia claro que iba a ser un trabajo multidisciplinar, y aunque en un primer momento intentó compaginarlos, enseguida se dio cuenta que era imposible y tendría que sucederlos en el tiempo. Al final, en noviembre de 1979 publicaron el doble álbum, entre 1980 y 1981 dieron una serie de conciertos (con todo el montaje que suponía) en cuatro sedes distintas (Los Angeles, Nueva York, Londres y Dormund) y por último en 1982 se estrenó la película dirigida por Alan Parker y protagonizada por Bob Geldof. En próximas entradas me encargaré de cada uno de ellos, pero hoy toca hablar de cómo se gestó esta epopeya musical...

Para ello tenemos que remontarnos a la gira de presentación de “Animals” en directo y más concretamente a la fase americana en la que probablemente se colocó el primer ladrillo en el muro de Waters. La gira en su globalidad fue la primera que concibieron para grandes recintos (entre 30000 y 90000 espectadores) por lo que el espectáculo tenia que estar acorde con ellos. Grandes globos hinchables, proyecciones, aviones volando sobre el público... y todo eso para un perfeccionista como Waters suponían demasiadas cosas de las que estar pendiente al margen de lo meramente musical.

En la gira por Estados Unidos los Floyd se encontraron con una costumbre ajena a la tradición europea que consistía en tirar cohetes y petardos durante la actuación, además de ser muy ruidoso y chillón lo consideraban una falta de respeto hacia el artista. Si hasta ese momento un público muy concreto había sido el consumidor de su música, con los años se habían transformado en un producto de consumo mas, por lo que sus conciertos se transformaron en actos sociales a los que la gente asistía para poder decir al día siguiente que había visto al cerdo volando. La tensión iba subiendo día a día, y en una de la ultimas fechas (3 de julio de 1977 en el Madison Square Garden de Nueva York) insultó desde el escenario a los que se dedicaban a molestar e incluso le llevó a confundirse en una canción y tener que empezarla de nuevo.

Pero eso no era lo único que trastornaba a Waters. Por un lado ese nuevo concepto de gira en grandes espacios que les obligaba a distanciarse más del público elevando el escenario y alejándolo de las primeras filas le hicieron dejar de sentirse a gusto en una situación tan deshumanizante que impedía la comunión y la comunicación con la audiencia. Era consciente que esa situación la habían creado ellos mismos y le obsesionaba que ya no solo eran víctimas de la maquinaria del rock, si no que se habían convertido en unos colaboradores activos. En contraste a esto su megalomanía crecía cada vez más y como ejemplo contaré que mientras sus compañeros llegaban al recinto en limusina el lo hacía en helicóptero o que evitó todas las obligaciones promocionales y rechazó las invitaciones a fiestas y saraos para así no tener que relacionarse con la gente.

La gota que colmo el vaso se produjo en el último concierto de la gira en el Estadio Olímpico de Montreal (6 de julio) cuando al poco empezar “Pigs on the wind, part 2” interrumpió su interpretación para pedir, con palabras subidas de tono, que se dejasen de tirar petardos ya que estaba intentando cantar una canción. Además durante todo el concierto no quitó ojo a un espectador de la primera fila que no paraba de gritar y al acabar “Pigs” pidió a un roadie que le elevase hacia el escenario para escupirle a la cara cuando lo tuvo a distancia. Eso marcó el desarrollo del resto del concierto hasta el punto que, en el último bis en lugar de interpretar un tema del grupo hicieron un viejo blues para el que David Gilmour se borró para verlo desde la mesa de sonido en el centro del estadio.

Durante toda la gira Waters había gritado tras la tercera estrofa de “Pigs” un número que al principio nadie supo interpretar para luego descubrir que se trataba del que correspondía en el orden numérico al del show que estaban dando. Parecía como si estuviese enumerando el tiempo que le faltaba para acabar con esa pesadilla. Fueron un total de 55 las representaciones, y al finalizarlas ya había visualizado el comentario aparecido en la prensa británica durante la fase europea de la gira en el que se decía que el paso lógico de la banda en teatralidad seria colocar muñecos sobre el escenario con las caretas de sus miembros. Había tomado conciencia en la distancia existente entre él y los que asistían a sus conciertos por lo que se prometió que la siguiente vez que se enfrentase cara a cara con una audiencia lo haría detrás de un muro.

A lo largo de 1978 aparecieron en el mercado sendos discos en solitario de Gilmour y Wright y seguramente el de Waters también lo habría sido de no ser por la aparición en escena de “Warburg”. Se trataba de una accesoria financiera a la que Fink Floyd encargó que gestionara dos millones de libras (de las de finales de los 70) y que literalmente los estafó (y a muchos otros clientes) y les hizo entrar en una situación económica delicada. La discográfica ofreció 4,5 millones de anticipo por un disco de los Floyd por lo que a uno le toco renunciar a su primer trabajo en solitario y a los otros tragar con el proyecto de Waters.

Había estado trabajando el solo desde otoño de 1977 y, cuando llego el momento de volver con la banda en julio de 1978, les presentó dos cintas de 90 minutos cada una con las maquetas de dos álbumes distintos. La primera se titulaba “Bricks in the wall” y la segunda “The pros and cons of hitch-hiking”, y entre todos tenían que decidir cual seria el siguiente disco de Pink Floyd. Finalmente, tras estudiar ambas propuestas, optaron por desarrollar la idea del muro a pesar de tener muchas limitaciones musicales ya que, tanto en lo conceptual como a nivel de letras era muy sólido (la otra historia era demasiado deprimente y personal aunque al final de ella saldría su debut en solitario del bajista). Visto lo visto quedaban demasiadas cosas por pulir y mucho que hacer por lo que todos (¿todos?) se pusieron de inmediato manos a la obra.

martes, 2 de junio de 2009

Simplemente Neil Young

He de confesar que mientras caminaba lentamente hacia el velódromo de Anoeta eran muchas las dudas que me asaltaban sobre lo que podría encontrarme y sobre todo sentir cuando Neil Young saltase al escenario. Por un lado mi predisposición era buena ya que el Pucela acababa de salvarse y estaba contento, pero por otro tenía aún demasiado reciente la experiencia de Wilco y veía difícil superar lo que habían hecho estos en Madrid... Siempre he visto a Neil como el más grande y, aunque he visto en directo a prácticamente toda la primera división del rock (nacional e internacional), creo que no existe nada comparable como asistir a uno de sus conciertos... Bueno, al menos eso creía yo hasta que hace varios años vi a Tweedy y los suyos en el difunto “Aqualung” y pusieron la semillita para lo que sucedió el martes pasado...

Pero que decir... Pues poca cosa ya que todos esos temores se disiparon cuando en su primera descarga el tío Neil se soltó un rompedor y salvaje “Mansion on the hill” (de mi adorado “Ragged glory”), para enlazarlo con un ralentizado (o habría que decir pesado, en el buen sentido, claro) y distorsionado “Hey hey, my my”. Sin casi tiempo para recuperarse continuo con “Everybody knows this is nowhere”, una versión conmovedora y eléctrica de “Pocahontas”, “Spirit road”, “Cortez the killer” y “Cinnamon girl” antes de llegar a la parte acústica del show.

Esta la inició tambien a todo trapo con otro tema del “Ragged”, en este caso una relectura con órgano de tubos de “Mother earth” que en este formato sonaba casi com un himno religioso, y después con “The needle and the damage done”, el bajón... Tal vez fuesen las pocas horas dormidas a lo largo de la semana o el cansancio del viaje, pero cuando empezó con el punteo (¿cuantas veces puedo haber escuchado esta canción?, ¿1000?, ¿2000 veces?), sentí que la emoción y tensión acumulada durante la hora anterior se me venía encima de repente... La cosa no mejoró con “Goin' back” (del delicioso “Comes a time” y, aunque con joyitas como “Unknown legend”, “Heart of gold” y “Old Man” el que no se conmueve es que no tiene corazón (y evidentemente yo lo tengo), hasta que no volvió a colgarse la eléctrica y dio por finalizado el set acústico, mis pilas no se acabaron de recargar.

En este punto del concierto ya había tenido tiempo para devolver a Neil a su trono en el Olimpo y para encontrármelo otra vez como un ser terrenal. Mientras escribo esto he de decir que soy consciente de que el problema de percepción era mío ya que, el resto del público que me rodeaba, parecía continuar en el mismo éxtasis en el que me encontraba yo unos minutos antes. También, en ese periodo raro, había comparado a los Crazy Horse (con los que lo vi en La Coruña en 2001) con el grupo de amiguetes que le acompañan ahora. Aunque, por ejemplo, ahora los solos son casi exclusivamente suyos (con lo que disfrutamos de unos de los grandes en esa faceta) se echan en falta esas chispas que saltan cuando su guitarra se enfrenta a la de Poncho. Los de ahora son, probablemente, mejores músicos que Talbot, Sampedro y Molina, pero el sonido que consigue con ellos no lo hace con nadie más. Junto a unos es el más grande, junto a los otros un ser superior (“buitre”, te quiero)

La traca final la abrió con la soberbia “Down by the river” (que me colocó de nuevo al estado en el que me encontraba cuando me descolgué) y, aunque luego bajó un poquito con “Get Behind The Wheel” y “Just Singing A Song” (dos de las nuevas que, estando bien, no alcanzan aún la categoría de clásicos como las otras), explotó definitivamente con una espectacular e intensa “Rockin' in the free world” que hizo que Anoeta acabase de rodillas ante el maestro de maestros. En mi vida recuerdo haber asistido a una ovación más cerrada, prolongada y sentida que esa, y Neil la agradeció con una última descarga emocional a través de una crispada y enloquecida “Like a hurricane”.

A la salida, como muestra de satisfacción por el momento vivido, me compro en la tienda de merchandising oficial lo más barato (en este caso papel de fumar con la portada de “Fork in the road”) y en la calle una camiseta “pirata” tres veces más barata que la legal... Y de vuelta a casa sigo reflexionando y llego a la conclusión de que, si me diesen a elegir entre uno y otro concierto me quedaría, sin dudarlo un segundo, con el de Neil Young... No, perdón, quiero decir con el de Wilco... No, no, no, creo que es mejor...

lunes, 1 de junio de 2009

Junio en el coche


  • 01 – Lucha de gigantes (Antonio Vega / Básico – 2002)
  • 02 – Antes de que salga el sol (Nacha Pop / Nacha pop – 1980)
  • 03 – Háblame a los ojos (Antonio Vega / No me iré mañana – 1991)
  • 04 – Cada uno su razón (Nacha Pop / Dibujos animados – 1985)
  • 05 – Romance de Curro el Palmo (Antonio Vega / Escapadas – 2004)
  • 06 – El sitio de mi recreo (Antonio Vega / El sitio de mi recreo – 1992)
  • 07 – Magia y precisión (Nacha Pop / Más números, otras letras – 1983)
  • 08 – Pasa el otoño (Antonio Vega / 3000 noches con Marga – 2005)
  • 09 – Relojes en la oscuridad (Nacha Pop / 80-88 – 1988)
  • 10 – Hojas que arranque (Antonio Vega / De un lugar perdido – 2001)
  • 11 – Lo que tu y yo sabemos (Nacha Pop / Dibujos animados – 1985)
  • 12 – Una décima de segundo (Nacha Pop / Una décima de segundo – 1984)
  • 13 – Angel caído (Antonio Vega / Anatomía de una ola – 1994)
  • 14 – Palabras (Antonio Vega / Océano de sol – 2008)
  • 15 – Desordenada habitación (Nacha Pop / El momento – 1987)
  • 16 – El sueño (Nacha Pop / “Sesión salvaje” del Diario Pop, 25 - Octubre - 1981)
  • 17 – Vidas agridulces (Nacha Pop / Más números, otras letras – 1983)
  • 18 – Océano de sol (Antonio Vega / Océano de sol – 2008)
  • 19 – Se dejaba llevar por ti (Antonio Vega / No me iré mañana – 1991)
  • 20 – Atrás (Nacha Pop /Buena disposición – 1982)
  • 21 – Con tal de regresar (Nacha Pop / Dibujos animados – 1985)

    DURACION TOTAL: 79' 59''