sábado, 2 de mayo de 2009

La ejecución del Café España

El pasado jueves, totalmente por sorpresa, me encontré en la prensa local con la noticia del cierre del Café España. He de confesar que me he quedado muy impresionado, y enseguida han empezado a venirme a la cabeza imágenes y recuerdos de la cantidad de maravillosos momentos vividos entre sus cuatro paredes. El primero de ellos tiene que ver, claro está, con la infinidad de conciertos a los que he asistido. Mirando muy hacia atrás (y recuperando las cintas grabadas) los nombres de grandes artistas a los que he visto a apenas unos metros sobre esa tarima es interminable.

Recuerdo allá por 1994 (si la memoria no me falla) a un jovencísimo Pedro Guerra todavía sin disco en el mercado (o con el recién salido) solo con su guitarra y con una locuacidad y simpatía que luego, en espacios más grandes, no he vuelto a ver. También tengo especial recuerdo de los Javieres (Krahe, Ruibal y Bergia) de los que he disfrutado casi anualmente del primero (de hecho su último disco “Querencias y extravíos” fue grabado aquí al igual que muchas partes de la película “Esta no es la vida privada de Javier Krahe”), bastante a principios de siglo del segundo y solo una vez a finales del año pasado del tercero. Pero además de la canción de autor también han tenido su huequecito algunos ilustres del rock como Paul Collins, Nacho Vegas, The Storny Mondays, Raimundo Amador, Christina Rosenvinge o Kevin Weatherill (de los Immaculate Fools), pero si hay de un momento que tengo grabado a sangre y fuego en el España es cuando le visitó Elliott Murphy.

En lo personal el año 2001 fue complicado, y más según fueron avanzando los meses... Pero en lo musical es de los años más redondos que recuerdo con muchos conciertos y la sensación de que sólo la música podría salvarme... Y así fue... El 1 de abril Elliott en compañía de Olivier Durand a la guitarra y Kenny Margolis al piano y acordeón dieron, a pesar del formato acústico, una de las actuaciones más memorables que recuerdo en toda mi vida. Durante más de dos horas y media no solo interpretó algunos de sus grandes éxitos y los temas de su último disco (creo que “Rainy season”), si no que además hizo espléndidas versiones de Dylan, Van Morrison y Lou Reed, y yo, que he tenido la suerte de ver a los tres en directo, puedo asegurar que no tuvo nada que envidiar a los originales (por no decir que en muchos momentos los superó).

Pero no era del rock y la canción de autor de lo que vivía el España. Si por algo ha sido conocido y valorado no solo en esta ciudad si no en todo el país ha sido por ser uno de los escenarios con más prestigio dentro del circuito del jazz y sobre todo del flamenco. Podría ahora llenar una página enumerando todos los nombres que han pasado por su escenario (han sido más de 2000 conciertos de los que la gran mayoría han sido de estos géneros), pero resultará mas sencillo decir que todo el que ha sido algo en estos últimos 18 años en estos estilos, seguro que en algún momento ha pisado sus tablas... Lou Bennett, Tete Montoliu, Jorge Pardo, Chano Domínguez, Malik Yaqub, José Menese, Chocolate, Chano Lobato, Carmen Linares, Manuel Agujetas, Miguel Poveda, Mayte Martín, Diego el Cigala, Duquende...

Ahora que nos ha dejadado, resulta fácil hablar de él como uno de los templos de la cultura de Valladolid, no sólo por lo musical (que, sin duda, era fundamental), sino por que era punto de encuentro y centro de tertulia de algunos de los intelectuales y artistas de la ciudad. Además mantenía la estética del café clásico y centenario que, aunque en esta etapa sólo llevaba funcionando desde 1991, a lo largo de más de 100 años siempre existio en ese local de los soportales de Fuente Dorada. Todos los que en algún momento lo tomamos como lugar de encuentro ya fuera para charlar con los amigos sobre una taza café, para escuchar música (no solo hacían hueco a nombres famosos y conciertos de pago si no que cada semana podia escucharse jazz gratuito de la mano de bandas locales o artistas desconocidos) o simplemente apar dejar que pasase el tiempo en un entorno cargado de magia y encanto.

Hay que destacar que nada de esto habria sido posible sin la presencia de Mario Benso como programador musical. He de decir que personalmente no me cae demasiado bien y siempre me ha parecido que iba por la vida de sobrado y que no se dirigia a la clientela anónima que se le acercaba de una forma correcta teniendo en cuenta su posicion (si tienes un bar lo mínimo que se te puede exigir es trato agradable hacia tus clientes y no responder siempre de forma seca y corante). Pero claro, si el juicio se hace como organizador de conciertos el resultado es bien distinto ya que a lo largo de todos estos años ha tenido un gusto y un criterio excelente, primero para crear en el centro de la ciudad un espacio para la música en vivo del que carecia completamente, y luego para seleccionar una serie de artistas de calidad pero desconocidos a los que ha conseguido fidelizar hasta el punto de que una vez que se han convertido en gente cotizada no dejaban de dejarse caer por ahi.

Al parecer la causa del cierre es que el dueño del local no les ha renovado el contrato de arrendamiento, pero no resulta dificil imaginar que la causa es otra. Curiosamente pared con pared se encuentra la sede central en la ciudad de Caja España y no me extrañaria que dentro de unos meses el espacio que antes ocupaba el ya añorado café forme parte de la entidad bancaria. Me queda la amarga sensacion de que el Café España ha sido asesinado con nocturnidad y alevosia (es cierto que desconozco los términos de como se ha producido todo y me dejo llevar por lo emocional) sin que nadie haya movido un solo dedo por evitarlo. Como espacio privado que era las instituciones ni pueden ni deben meterse, pero ahora que todo ha terminado y los propietarios andan buscando un lugar donde seguir desarrollando su proyecto, sólo cabe esperar que al menos no reciban por su parte las típicas zancallidas y que les faciliten lo más posible su reubicación... Seguro que Valladolid se lo agradecerá...

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